Los Jinetes De Los Cielos: El Origen

Capítulo 22

—¿Qué es lo que sabes sobre las circunstancias detrás del aislamiento de los dragones a Luxedum? —interrogué a mi estudiante.

Tenía la intención de corroborar sus conocimientos y evitar perder el tiempo con explicaciones redundantes.

Nuros nos miró inseguro por nuestras reacciones, pero igualmente respondió con dudas:

—Ehhh… ¿no fue por la guerra de los tres continentes?

—No —respondí con brusquedad—. Si solo fuera eso, no estaríamos encerrados dentro de la barrera. Ya habríamos salido después de que el conflicto terminara. Porque compartir un espacio vital tan limitado siempre es una gran desventaja para nuestra supervivencia.

Luego de un breve silencio de mi parte, durante el cual observé el lenguaje corporal de Nuros, para asegurarme de que tenía en verdad toda su atención, suspiré y continué con mi lección improvisada:

“Los dragones somos seres bendecidos por la conciencia mundial. Es muy fácil para nosotros guardar en nuestros cuerpos la energía mágica y avanzar entre rangos en comparación con otras razas, solo superados por las bestias despertadas.

Sin embargo, en este mundo, toda ventaja tiene un precio y el nuestro muy particular:

A diferencia del resto de los seres vivos de Lerum, nosotros no almacenamos la energía mundial solo en nuestro núcleo mágico, sino que esta también circula por todo nuestro cuerpo, de forma constante, con nuestro núcleo cumpliendo la función de un corazón.

Es por esta diferencia, que los dragones no pueden utilizar activamente la energía mágica para cambiar la realidad que nos rodea. Solo podemos utilizarla de forma pasiva.

De allí que, solo practiquemos dos subclases de las once en total: la pocionista y la artesanía.

Pero bueno, eso no es lo más importante, lo verdaderamente relevante son las “secuelas” que deja esta circulación mágica.

Nuros ¿sabes cuáles son?”

El chico, al escuchar mi repentina pregunta, se enderezó y respondió con orgullo:

—¡Sí! ¡Eso si lo sé profe! Los efectos que producen este fenómeno en nuestro cuerpo son:… una rápida curación, una mayor dureza en nuestras escamas con un efecto de… anulación de energía mágica, mayor capacidad de almacenar energía y…., y ¡una mayor esperanza de vida!

Enumeró con entusiasmo, mientras me observaba con atención, buscando alguna pista en mi cara para saber si lo que decía estaba en el camino correcto o se había equivocado.

Consciente de su furtivo movimiento, le asentí con la cabeza, indicando que su respuesta era la correcta.

—Sí, eso es correcto Nuros —corroboré su respuesta—. Aunque esas “secuelas” son técnicamente más beneficiosas para nosotros, en realidad, estas fueron la causa principal por la que los dragones fueron obligados a aislarnos de las otras razas.

—No lo entiendo profe ¿acaso no son efectos positivos? —Preguntó mi estudiante con confusión.

—Sí y ese es el problema —respondí, al tiempo que lo observaba como si se tratara de un ser fuera de este mundo.

¿Cómo era posible estar tan despistado? Cómo quisiera abrirle la cabeza para ver que tenía dentro.

—¿Conoces algo sobre los cazadores de dragones? —Interrogué sin tener muchas expectativas en su respuesta.

—¿No era eso un cuento de niños? —dijo Nuros extrañado—. Ya sabes, como una advertencia de nuestros padres para asustarnos y no seamos traviesos: “si no te comportas bien, los cazadores de dragones te llevaran” o algo así. Mi mamá siempre me lo decía.

—¡No, claro que no! ¿Por qué creerías eso? —respondí con sorpresa ante la inesperada afirmación de Nuros.

De repente, sentía una imperiosa necesidad de cruzar la barrera, ir al colegio y preguntar a todos los estudiantes de la institución sobre los cazadores de dragones para corroborar si tenían la misma creencia descabellada de Nuros.

Si era así, tenía que organizar una reunión de emergencia con los demás docentes y directivos para comenzar una reforma educativa y cambiar ese tipo de mentalidad peligrosa, que puede jugarnos una muy mala pasada si alguna vez la barrera que nos protege fallaba.

Al menos no era que no parecía la única sorprendida por la absurda creencia del chico, Dharai miraba a Nuros como si a este le hubiera salido una segunda cabeza de la nada.

Con total incredulidad murmuró:

—No puedo creerlo, así es como piensan los jóvenes de hoy en día.

Nuros, confundido por nuestra “exagerada” reacción hacia su respuesta, preguntó con incertidumbre:

—¿Dije algo malo?

—Malo no, idiota sí —le contestó Dharai.

Yo con rapidez le advertí con la mirada a la guerrera para que parara y le dejara esto a los profesionales.

Nuros podía ser un poco tonto a veces —mucho en realidad—, ¡pero!, Eso no era algo que podías decir enfrente de los estudiantes en su proceso de aprendizaje, por más merecido que tuvieran ese calificativo, ya que eso afectaría de forma negativa a su educación al bajar su autoestima.

Solo se podía decir cuando estos hacían desastres de carácter no educativo, sin embargo, eso era otra cuestión…




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