Los Jinetes De Los Cielos: El Origen

Capítulo 23

Despertarme temprano no fue para nada sencillo, pues apenas pude dormir anoche entre crisis existenciales y sentimientos enredados. Por desgracia, esta falta de sueño no estuvo exenta de consecuencias y al mirarme en el espejo esta mañana, las huellas de mi desvelo se reflejaban con crudeza en mi rostro.

Mi piel ya pálida de por sí, se volvió aún más fantasmal por la falta de sueño lo que me obligó a usar aún más la poción bronceadora de lo que utilizaba con regularidad con el fin de no asustar a cualquier ser desafortunado que tuviera la desdicha de encontrarse conmigo, antes de mi skincare matutino.

Después de retocar mis grandes ojeras y arreglarme el cabello, revisé una vez más mi reflejo en el espejo para asegurarme de que todo estuviera en orden, para luego salir de mi habitación hacia la cocina pues tenía la intención de hacer un buen desayuno para todos era la mejor manera de levantar el ánimo.

Lo que no esperaba era que Dharai tuviera la misma idea, así que cuando baje las escaleras preparada para la batalla, fui testigo del impresionante banquete que había preparado, el cual no perdía para nada con lo que hacía los cocineros de mi familia.

—Vaya no sabía que se te diera tan bien cocinar —comenté después de observar la variedad de platos que se había dispuesto en el comedor.

—Mi madre dejó de lado su subclase para dedicarse como cocinera —explicó la guerrera con cuidado, mientras me observaba con atención—. Aunque he decidido dedicar mi vida como artesana, durante gran parte de mi infancia la pase en la cocina ayudando a mi madre con sus experimentos culinarios.

—Bueno el talento de tu madre debe ser de otro mundo para enseñarte hacer unos platos tan deliciosos —la elogié con sinceridad después de probar un bocado de puré.

Ella no reaccionó a mis elogios, en cambio, solo me preguntó con voz vacilante y preocupada:

—Señorita Vritragon, ¿se encuentra bien?

Yo la miro con extrañeza ante su abrupta pregunta que salió de la nada.

—Claro que estoy bien, por qué me preguntas eso…

—¡Buenos días profe! —me interrumpió Nuros a mitad con su saludo demasiado optimista para esa hora del día.

Ambas nos giramos hacia él, quién entró ruidosamente al comedor listo para la batalla. Sin embargo, su espíritu de lucha se desinfló al instante en que se dio cuenta de la mirada molesta de la guerrera por su imprudente intervención, por lo que dijo con timidez:

—Buenos días a usted también… señora.

Pero por alguna extraña razón, después de que Nuros la saludara de esa forma, el aura de la guerrera se intensificó haciendo crecer la tensión en el aire.

El chico retrocedió unos pasos, inseguro de qué debería hacer. No queriendo lidiar con dramas tan temprano en la mañana, intervine para aliviar la atmosfera.

—Siéntate Nuros, la comida hecha por Dharai es muy deliciosa, deberías probarla —dije mientras hacia una seña para que se acercara.

El pelirrojo aliviado por salir de la incómoda situación, se apresuró a sentarse para comer y olvidar ese pequeño episodio.

Cuando se acercó a mi lado, pude notar que la pijama que llevaba puesta mi estudiante, tenía mini dragones rojos como su estampado.

—Ehh… ¿Nuros? —dije sin creerme todavía la absurda situación.

—¿Sí, profe?

—¿No crees que llevar esa pijama sería perjudicial para nuestros planes?

Ante mi repentina pregunta, tanto Dharai como Nuros llevaron su atención de la comida para dirigirla hacia la ofensiva prenda.

Por un instante reinó un silencio casi sepulcral, en el que solo se oía al chico tragar la poca comida que había alcanzado a llevar a la boca.

Pronto este fue roto por el sonido de una silla arrastrándose con brusquedad y de pasos ansiosos que se dirigían al segundo piso.

Mientras era testigo de la ruidosa carrera de un adolescente avergonzado, decidí abordar el tema que había quedado inconcluso.

—Por cierto Dharai, ¿Por qué me hiciste esa pregunta tan obtusa?

—Por nada señorita. Solo pensé… en cosas innecesarias que no importan en este momento —explicó la guerrera con algo de dudas en su tono de voz—. Ahora veo con claridad de que hay cosas más importantes que abordar por nuestra seguridad.

—¿Cómo qué cosas? —pregunté curiosa.

—En cómo deberíamos de entrenar a Nuros para evitar que revelé nuestra identidad sin querer.

—Sabes Dharai —dije con emoción contenida—. Creo que tienes toda la razón.

Y con un ambiente ameno, de quienes habían llegado a un conceso, esperamos a Nuros para reanudar nuestra comida.

En cuanto a nuestro desayuno, solo podía elogiar sobre lo delicioso que fueron todos los platos cocinados por la guerrera. La estrella sin duda se la llevó el café con leche, cuya combinación de lo dulce y amargo, con un toque energizante, era perfecta. Ideal para despejar mi mente y recoger mis pensamientos dispersos debido al sueño.

«Tengo que contratar a la mamá de Dharai tan pronto como regrese a Luxedum» decidí en silencio. Pues si así de buenas eran las manos de su hija, no podía ni imaginar cómo serían las de su progenitora.




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