Los Jinetes De Los Cielos: El Origen

Capítulo 26

Habían pasado ya cuatro meses desde aquel fatídico día en que terminé fuera de la barrera junto a mi estudiante, todo por culpa de una simple broma. Durante este tiempo, habíamos intentado mantenernos ocupados con diversos pasatiempos, buscando así, evitar que la ansiedad y la incertidumbre se apoderen de nosotros.

Así que, en aras de cumplir con ese objetivo, creamos juntos una rutina bastante decente: por las mañanas, Dharai y yo nos encargábamos de darle clases a Nuros. Ella le enseñaba defensa personal y los principios de la herrería, mientras que yo me ocupaba de instruirlo en el pocionismo, la historia de los dragones antes de la gran inmigración, además de transmitirle las costumbres y particularidades de los seres humanos con más detalle, como una manera de prepararlo para los posibles escenarios que podrían presentarse durante estos tres años de espera.

Por otra parte, dedicábamos las tardes a nuestros pasatiempos favoritos, para poder relajarnos y distraernos de la ansiedad provocada por un futuro desconocido, con Nuros siendo siempre vigilado por alguna de nosotras, con el objetivo de evitar más complicaciones.

Aunque hasta ahora, se había comportado muy bien y su actitud se había vuelto mucho más cautelosa con las cosas del mundo exterior.

Ese cambio era algo que mi salud mental agradecía, ya que no creía que pudiera soportar su comportamiento habitual, las veintiséis horas del día/ los nueve días de la semana durante los tres años que estaríamos fuera de la barrera.

Eso sí sería una horrible pesadilla, y lo peor de todo, no recibiría una paga adecuada por ese sacrificio.

Sin embargo, pese a mi recelo con Nuros, nunca lo excluí de nuestras salidas para explorar la cordillera, porque de esa forma aprendería sobre el medio ambiente de nuestro nuevo hogar y mantendríamos su curiosidad satisfecha de forma controlada.

Pues no me dejaba engañar por su nuevo cambio, sabía por experiencia que los adolescentes deben tener una forma de expresarse de manera segura o sino ocurrirían cosas terribles.

La represión completa nunca fue una buena solución.

Por eso, durante esos cuatros meses, los tres siempre íbamos juntos a explorar la cordillera para estudiar su fauna y flora.

Y como era de esperar, durante nuestros paseos, comprobamos una vez más, lo seguro y conveniente que era esta parte de la cordillera ya que carecía de bestias despertadas y su terreno era bastante plano en comparación con el resto del terreno.

Ni siquiera teníamos que escalar para explora nuestro entorno y eso que cubrimos algunos kilómetros.

De hecho, si no supiera donde estamos y en qué tipo de mundo vivía actualmente, era fácil imaginar que estábamos en una excursión escolar, explorando la naturaleza para un proyecto grupal, en vez de ser una patrulla para vigilar alguna anormalidad en una cordillera conocida por su peligrosidad.

Durante esos “tranquilos y emocionantes paseos”, ocurrieron dos hechos muy importantes que cambiaron en cierta forma nuestro estilo de vida: el primero, fue que nos volvimos a encontrar con el Karito y, para horror de Nuros, este decidió mudarse con nosotros juntos con sus crías ya que su compañero había muerto tratando protegerlos de una bestia despertada.

Las circunstancias de nuestro encuentro fueron afortunadas y desafortunadas a la vez, afortunadas porque si no hubiera sido por nuestra intervención, lo más probable era que ella y los tres polluelos que llevaban en sus garras y su pico, sin embargo, desafortunado debido a que, cuando llegamos, atraídos por el ruido, su pareja ya había muerto por el enfrentamiento y esa bestia ya utilizaba sus hechizos para rastrearlos.

Al principio queríamos mediar entre ellos, ya que no entendíamos la razón porque la que los quería muertos con tanta determinación, si las aves no hacían parte de su dieta y según el Karito, estos nunca lo habían ofendido de ninguna forma, pero el roc no quiso escuchar razones y nos atacó con sevicia.

El resultado era más que obvio, esa águila mutante era solo una bestia indomable de bajo nivel comprable al rango magus, tan débil que, incluso Nuros podía encargarse de ella con facilidad.

Cuando todo terminó, el Karito que llevaba sus polluelos no se fue, sino que me pidió casi rozando a las suplicas que la dejara quedar con nosotros, hasta que sus crías fueran lo suficientemente fuertes como para acompañarla a buscar comida.

Al parecer, el hecho de haberle salvado la vida a ella y a sus crías, era suficiente demostración como para confiarnos a sus crías para cuidarlas, mientras ella iba en busca de comida.

Aunque sospecho con mucha fuerza que la razón por la que tomó esa decisión era más por desesperación que por esa “confianza” como ella afirmaba.

Sin embargo, no era tan insensata como para mencionar ese detalle y los acepté encantada de tenerlos como inquilinos, ya que siempre me habían gustados las aves.

El segundo hecho importante que ocurrió durante ese periodo de cuatro meses fue que encontré entre las plantas nativas de la cordillera, una muy similar a la caña flecha, utilizada a menudo para tejer hermosos sombreros.

Un material que me inspiró en agregar algunos nuevos proyectos de tejido a mi lista de pendientes, la cual, había avanzado con rapidez estos últimos meses fuera de la barrera y necesitaba con urgencia algunas nuevas adiciones.




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