Ante mis ojos, saliendo del follaje que nos rodeaba, aparecieron dos figuras distintas, el primero era la de un hombre de aspecto joven, con orejas puntiagudas y unos ojos dorados tan intensos que parecían generar luz por cuenta propia.
Su cabello gris plateado, no se quedaba atrás en pomposidad, pues capturaba la luz de tal manera que parecía estar hecho de hilos de plata que, junto a sus rasgos delicados, le daban una apariencia amable, inofensiva y de otro mundo.
Pues pareciera como si fuera uno de esos protagonistas de cuento de hadas que había salido a un paseo tranquilo con su “mascota” para explorar un bosque encantado.
Sin embargo, Rubbersilu no era un bosque, esta era una cordillera famosa por nada más que su peligrosidad.
Nadie caminaba por aquí sin una muy buena razón, y mucho menos si esa persona iba acompañada por una bestia despertada que semejaba un lobo gigante de pelaje pardo. Su manto, que reflejaba un cuidado meticuloso, resultaba difícil de mantener en un terreno tan hostil, a menos que poseyeran la fuerza y la astucia necesarias para enfrentar los desafíos de la cordillera.
Todos esos extraños detalles solo hacían que mis instintos me advirtieran con fuerza sobre lo sospechosos que eran sus presencias en este lugar.
Lo único favorable de la situación era que ambos extranjeros estaban en el rango de archimago de alto nivel y, sin importar su subclase mágica, tendríamos la ventaja, si estallaba una pelea.
Ya que Dharai se encontraba en un rango completo por encima de ellos, sin contar que ella no estaba sola. Yo también era una archimaga de nivel medio con un arsenal impresionante, incluso si no era muy buena como guerrera.
Así que con esos pensamientos tranquilizadores, esperé, junto con mi confiable guardaespaldas, sus siguientes movimientos.
Aun así, yo todavía tenía la esperanza de que todo esto fuera una desafortunada coincidencia, y solo buscaban un claro para descansar del largo viaje.
Si era así, teníamos una buena posibilidad de pasar desapercibidos, ya que la barrera tenía una fuerte runa de ilusión que la hacía parecer un árbol gigante. Incluso si se acercaran y recostara sobre ella, su sensación y toque sería la de un árbol común muy viejo.
Después de todo, que dos archimagos pudieran sortear las runas de ocultación hechas por mi abuelo, quien era un soberano, era algo demasiado absurdo y aterrador.
Sin embargo, cuando faltaban solo unos metros para que ellos se tropezaran con “el árbol” en medio del claro, sentí con claridad, como la mirada del hombre se asentaba sobre nosotras.
Era como si pudiera vernos a través de la barrera sin ningún obstáculo. Su fisgoneo me puso más nerviosa de lo que estaba porque sentía que en esos ojos tan exóticos, este hombre estaba seguro de mi presencia, pero ¿cómo podría ser posible algo así?, ¿Acaso cien mil años bastaron para cambiar toda la estructura de poder?
Me pregunté casi incapaz de contener mis emociones, ya que la posibilidad de que alguno de mis pensamientos fuera real, me llenaba de un terror y desesperanza inmensos por nuestro futuro.
La única razón por la que mi pesimismo no me había dominado del todo, era la certeza de que teníamos la ventaja en fuerza y la seguridad de que saldríamos airosas de cualquier situación que se nos presentara.
Matarlo para silenciarlos no debería ser complicado.
Por eso, al confirmar que ellos seguían avanzando hacia nosotros sin mostrar alguna intención de desviarse. Dharai sacó sus labrys de su brazalete y ajustó su postura para el combate.
Yo, en cambio, saqué algunas pociones ofensivas de alto rango y mi arco para defenderme, en caso de que la peor de nuestras predicciones de cumpliera.
Listas para actuar, aguardábamos con creciente preocupación el momento en que los dos desconocidos se “estrellaran” contra nuestra protección y comprobaran que esta era solo un árbol común y nos dejaran en paz; sin embargo, nuestras ya escasas expectativas volvieron a romperse por la inesperada acción de los extranjeros.
Cuando solo faltaban unos pasos para la esperada “colisión”, los dos se detuvieron de forma súbita.
En medio del mudo asombro de las dos, fuimos testigos de un hecho insólito: el hombre, con sus delicados nudillos tocó con suavidad la barrera tres veces, como si esta fuera una puerta a la que llamar.
—Disculpen mi grosería al presentarme sin previo aviso, pero necesitaba hablar con ustedes —dijo con voz suave y etérea.
Su encanto podría estremecerte confundiendo tus neuronas para hacerte creer que, todas sus acciones hasta ese momento, eran las más naturales y lógicas del mundo, cuando en realidad no era así.
Su voz, parecía tener el poder suficiente para desarmar a cualquier enemigo y bajar la guardia del hasta el más paranoico, si el receptor de esa suave melodía fuera una persona común y corriente.
Era una lástima que ninguno de los presentes éramos normales, como dragones, nuestras escamas nos hacía muy resistentes ante cualquier manipulación mágica, incluso cuando estas no se veían en nuestra forma humanoide.
Su truco solo hizo que nuestra guardia aumentara un grado más, pues alguien que utilizara ese tipo de táctica durante su primer encuentro no era alguien de fiar.