La tensión en el ambiente era tan espesa que parecía casi tangible, como si pudiera cortarla con un cuchillo. Del poco tiempo que llevaba conociendo a la guerrera, podía inferir por su expresión levemente fruncida y la posición de sus manos que ella estaba a un paso de asesinarlos para mantener nuestro secreto a salvo.
El problema era que no estaba de acuerdo con su decisión, no por simple moralismo, ya que hacía rato sabía que no podía aplicar los valores que aprendí en mi vida pasada a la actual, sobre todo cuando la supervivencia estaba en juego.
En cambio, yo actuaba por un motivo mucho más materialista y mundano. Por ello, esta vez tendría que oponerme a la determinación de mi querida guardaespaldas, ya que los posibles beneficios que podía ofrecer ese extraño superaban los riesgos.
Una muestra de lo que podría ganar en el futuro con un intercambio, estaba en la conversación que ellos habían sostenido.
Aunque breve y concisa, su intercambio ya había revelado información clave para nosotros, pues en primer lugar, nos ofreció un vistazo preliminar de las relaciones entre las otras razas al mencionar la existencia de un acuerdo; y, por otro lado, dejó entrever un posible error en la artesanía draconiana que podría resultar fatal.
Y eso que aquella no había sido nada más que una charla informal.
No podía imaginar lo que obtendríamos si lográbamos negociar con él para intercambiar la información que tanto necesitábamos.
Si éramos inteligentes, incluso podríamos obtener la herencia de una rama de estudio que siempre nos había eludido: el alma.
Después de todo, no todos los días aparece un nigromante tocando nuestra puerta, y mucho menos uno que parecía desear con fuerza algo de nosotras.
Eso nos daría una ventaja para conseguir lo que buscaba y así beneficiar a nuestra raza, y, más importante aún, a mi abuelo.
No ignoraba que si lograba mi objetivo, esa información podría ser la clave para que mi abuelo pudiera avanzar a soberano de alto nivel, lo que mejoraría el estatus de nuestra familia.
Solo de imaginar sus expresiones de sorpresa al ver lo que traía una vez que regresara a Luxedum, era suficiente para hacerme flotar de felicidad y llenarme de una extraña sensación de orgullo.
No obstante, mis felices fantasías fueron interrumpidas por la fría voz de Dharai, quién me dio una buena dosis con su aguda pregunta.
—Entonces, ¿qué es lo que quiere de nosotros? —dijo mientras su instinto asesino crecía aún si era posible—. No creo que te hayas tomado tantas molestias en encontrarnos, si no necesitaras algo muy importante de nosotras.
Fue allí cuando me di cuenta de que había sido demasiada optimista sobre la situación actual, y me había cegado ante los jugosos beneficios presentados ante mí.
Al final de día, nada era gratis en este mundo.
En Lerum, el conocimiento era poder en el sentido más literal, por lo que para acceder a él tenías que pagar un gran precio para conseguirlo.
Estaba tan acostumbrada a que mi familia me lo entregara sin condiciones que,, por un momento, me olvide de ese hecho tan importante.
Después de todo, este era muy caro y a menudo imposible de obtener por medios normales, a menos que tu raza se encuentre en una situación especial como la nuestra.
Por lo que me concentré en escuchar la respuesta del señor Thandoril, el cual, había mantenido su impasible sonrisa durante todo el encuentro.
Esperaba con un poco de ansiedad, si el precio que él pedía, sería algo que podíamos permitirnos pagar.
—Yo solo quiero observarlos por un tiempo —dijo con suavidad—. A cambio, estoy dispuesto a compartir todo el conocimiento permitido por el acuerdo de los tres continentes.
Su propuesta era en el mejor de los casos, demasiado buena como para ser verdad y daba justo en lo que necesitábamos con una precisión aterradora.
Aun así deseaba arriesgarme en esta apuesta, incluso si esta fuera solo un engaño perverso.
Porque cualquier conocimiento que pudiéramos obtener sobre las almas, hacía que todo esto valiera la pena.
Además tenía mucha confianza en la fuerza de Dharai, porque alguien que había sido elegida por mi familia para protegerme en el exterior, no debería ser una simple artesana con una rama oscura como especialización.
Ella sería más que suficiente para deshacernos de ellos, si algo ocurría, sobre todo porque también contábamos con el factor sorpresa, ya que para esos extranjero, Dharai no era más que un magíster de bajo nivel.
Tomando ya una decisión sobre cómo debía actuar ante semejante “pastel”, envié una señal con la mano a la guerrera, informándole de antemano que iba a salir de la barrera.
La guerrera se tensó aún más si eso era posible, nuestros visitantes, no pasaron por alto su cambio en su lenguaje corporal y la miraron con simple curiosidad, sin ningún rastro de precaución, como si supieran que ella no los atacaría en ese momento.
Al instante pude notar que el señor Thandoril pareció percatarse de mi acercamiento porque apartó su mirada de la guerrera, para fijarla en mí, siguiendo con precisión cada movimiento.