Los Jinetes De Los Cielos: El Origen

Capítulo 32

Al aclarar todos nuestros malentendidos y ser conscientes de la importancia de este intercambio podrían tener para las dos partes, decidimos acordar reunirnos al día siguiente en horas de la tarde, para ultimar los detalles de la propuesta.

Sylion debía traer especificado una lista de los libros y conocimientos que estabas dispuesto intercambiar, mientras que nosotros traeríamos un contrato listo para que lo revise.

De esa forma, podríamos establecer un “horario de observación” con el que todos estuviéramos de acuerdo, el cual dependería en gran medida de su “sinceridad” hacia nosotras, ya que el riesgo de traerlo dentro de nuestras protecciones era considerable y debíamos estar seguras de si valía la pena asumirlo.

Aun así, si estaba siendo sincero sobre la importancia de su investigación, podía suponer que, para demostrarnos su compromiso, al día siguiente traería una lista de conocimientos valiosos que serían de gran ayuda para los dragones.

No podría decir lo mismo sobre el futuro esa investigación, pues no pensaba dejarle ver ninguna pista sobre mi verdadera condición y si podía, intentaría confundirlo lo más posible para que no descubra mis secretos.

Después de todo, los secretos seguían siéndolos cuando nadie más que tú los conocía, ya que en este mundo, ni siquiera se podía confiar en los muertos para mantenerlos guardados.

Así que Sylion se podría llevar una gran decepción en el futuro cuando su proyecto no dé los frutos que él esperaba. Pero ese ya no sería mi problema, ya que según el acuerdo que había conformado, nosotras no seríamos las responsables de darle todas las respuestas a sus incógnitas.

Luego de despedirlos con una promesa de reencuentro, Dharai y yo decidimos entrar de nuevo a la casa, al comprobar que ellos se habían perdido de vista, mientras caminábamos hacia la casa, aproveché que estábamos solas para preguntarle algo que me tenía confundida desde hace rato.

—Dharai, ¿Por qué reaccionaste con tanta sensibilidad a la respuesta de Sylion?

Al escuchar mi pregunta, la guerrera dejo de caminar para proceder a mirarme con sorpresa.

—¿No lo sabía señorita? —Inquirió Dharai con incredulidad—. Pensé que su actuación era para ayudarme.

—¿Actuación? ¿Qué es lo que debería saber? —pregunté con sospecha ante sus inesperadas palabras.

—Que realmente no estaba enojada —explicó con cuidado, al tiempo que observaba mi expresión de cerca—, todo fue una actuación para poner aprueba las intenciones del nigromante y, si era posible, obtener algunas ventajas para nosotras ¿No es por eso que mencionaste el contrato?

—No, solo lo hice para calmarte —respondí con cierta vergüenza, al darme cuenta que también había sido engañada por el acto de la guerrera.

Después de eso, caímos en un silencio incomodo, ya que ninguna de las dos sabía cómo continuar ese escabroso tema.

Con el fin de evitar más pena y romper nuestro estancamiento, cambié de tema de forma abrupta.

—Creo que deberíamos reanudar nuestra marcha porque si nos demoramos más, Nuros podría salir por la ventana —respondí mientras miraba el movimiento antinatural de una de las cortinas.

Tenía que admitirlo: resultaba admirable que cierto pelirrojo no hubiera salido hasta ahora, pese a nuestra breve pausa y a que los extranjeros habían desaparecido hacía tiempo.

Parecía que el chico al fin había aprendido a seguir las instrucciones.

Dharai al ver la cortina moviéndose en un abstracto baile, levantó una ceja para luego proceder a ignorar las payasadas de mi estudiante y reanudó su caminata junto a mí en dirección a la casa, siguiendo el camino de pizarra.

Cuando entramos, no nos costó en absoluto localizarlos a todos pues ellos estaban en el salón de visitas, sentados de forma antinatural, mientras fingían de forma poco convincente, que siempre estuvieron allí esperándonos de forma tranquila, en vez de estar peleándose, los cuatros, por un espacio privilegiado en la ventana para observar lo que sucedía afuera.

Los tres polluelos al vernos, volaron con agilidad hacia mis brazos, sus miradas lindas e inocentes, no me engañaban para nada ya que los más probable era que lo hacían a propósito para asegurarse un lugar en mi regazo y escuchar el chisme en primera fila.

Esas pequeñas aves astutas tenían suerte de que fueran demasiadas lindas y tuviera una debilidad por ellas o sino… les daría una lección sobre cómo la curiosidad mató al gato.

No obstante, en este concurso de miradas inocentes, Nuros, con su mirada de “yo no hice nada”, no se quedaba atrás en demostrar ternura, cuya habilidad estaba a la par de los polluelos.

Era una lástima que no fuera un pájaro, por lo que mi tolerancia hacia él era mucho menor y no conseguía el mismo efecto disuasorio de Pandora, Ciros y Zafiro.

Aun así, decidí pasar sus pequeñas transgresiones, solo por esta vez. Porque si las negociaciones de mañana fueran un éxito, tarde o temprano, tendrían que encontrarse con los dos extranjeros, por muy recia que fuera a permitir esa interacción.

De ser así necesitarían de toda la información que recopilemos sobre ellos.

Sin embargo, para sufrimiento de los niños, tenía pensado esperar la llegada de la madre de los polluelos, quien seguía cazando afuera, para contarles todos los detalles de nuestro encuentro y hablarles sobre el acuerdo que hicimos pues no pensaba repetirme dos veces.



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En el texto hay: elfos, dragones y magia, aventura fantasia

Editado: 06.04.2026

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