Los Jinetes De Los Cielos: El Origen

Capítulo 34

Al día siguiente me desperté sobresaltada, el sudor frío empapaba mis sabanas como prueba de la terrible pesadilla que había tenido que vivir en mi mundo onírico.

Había soñado con mis estudiantes de mi vida anterior, con aquellos que me acompañaban en el viaje escolar que terminó con mi muerte. Fui testigo directo de cómo ellos perseguían con entusiasmo los camiones que cruzaban la carretera para arrojarse frente a ellos con la esperanza de sufrir el mismo destino que el mío.

Ellos habían descubierto de algún irrazonable modo que no estaba del todo muerta y como adolescentes codiciosos e imprudentes, querían una segunda oportunidad en un mundo donde la magia ya no era una fantasía.

Lo peor de toda esta pesadilla no eran sus muertes en sí, sino que su estúpida estrategia en realidad funcionaba; ellos aparecían en Lerum como por arte de magia y lo primero que hacían era buscarme para saludarme pedirme que los cuidara mientras iban de “aventura” en el nuevo mundo y no tuve más opción que seguirlos en su juego.

Vaya susto que me llevé con esa pesadilla tan absurda. Suficiente tenía con cuidar de Nuros las veintiséis horas del día/ los ocho días a la semana como para tener que añadir también a un curso entero de adolescentes que padecían síndrome del protagonista.

Eso era lo segundo pero que le podía pasar a un profesor, era un recuerdo que debía ser encerrado en lo más profundo de mi cerebro, permaneciendo para siempre en el olvido.

Sin embargo, antes de hacer eso, tenía algo que hacer con esa maldita pesadilla.

Con un suspiro, apenas alcancé a cambiar las sabanas antes de sentarme a hacer una introspección de mis sueños siguiendo mi extraño método de meditación.

De esa forma podía aumentar aunque sea un poco mi cultivo, incluso si no pude cumplir todos los requisitos la noche anterior debido a mi entusiasmo por la creación del diario del campo.

Salí a desayunar un poco tarde debido a mis inconvenientes para analizar esa pesadilla. Nuros y Dharai ya estaban en la mesa esperando mi llegada para poder comer.

Aunque el primero no parecía muy dispuesto a cumplir esa cortesía. Simpatizaba con el chico en ese punto, a mí tampoco me gustaría tener que esperar a alguien para poder disfrutar mi comida, pero la guerrera era terca con ese punto y se negaba a comer sin mi presencia.

En cuanto a nuestro pelirrojo, por muy valiente que fuera, no se atrevía a comer mientras la guerrera lo mirara de forma fija.

Por una vez, parecía cohibido por desafiar las reglas.

No sabía si eso era bueno o malo pero no quería meterme en ese atolladero. Después de todo, había batallas que no valía la pena pelear.

Luego de la abundante y deliciosa comida, cortesía de Dharai, centré toda mi atención en repasar con Nuros, los detalles de nuestra historia de “portada” y simular los innumerables escenarios en que esta podía derrumbarse.

También le advertí con mucho énfasis que, mientras nuestros dos invitados estuvieran cerca, por seguridad, se abstuvieran de separarse de nosotras hasta nuevo aviso, pues todos debíamos permanecer alertas ante la posibilidad de que tenga malas intenciones con los más débiles del grupo.

No lo dejé salir de mi estudio hasta que no hubiera memorizado todo, lo cual, no fue tan difícil como yo pensaba ya que el chico estaba entusiasmado por la clase y cuando algo le interesaba se convertía en un aprendiz rápido, capaz de memorizar y comprender hasta las más difíciles de las lecciones.

Por lo que terminamos temprano la clase y comencé a preocuparme por los más pequeños de la casa. No quería que por mi codicia, ellos salieran lastimados.

Incluso si su madre no saliera a cazar hoy para poder cuidarlos, aún me sentía responsables por ellos.

Dharai, observó mi comportamiento inquieto y adivinando un poco mis pensamientos, comentó:

—Anoche agregué algunos artefactos muy poderosos que me dio el patriarca como medida de emergencia, por lo que si ellos tienen malas intenciones hacia nosotros, lo pagaran muy caro.

Su afirmación trajo un gran alivio a mis preocupaciones, pues confiaba en las habilidades que había mostrado la guerrera hasta ahora.

Por eso, me sentí muy agradecida con mi familia por tener la previsión de elegirla para que me acompañe en esta difícil prueba.

—¿Tienes suficientes cristales de energía? Tengo suficientes en mi inventario, como para durar algunas décadas, así que no dudes en pedírmelos —ofrecí con generosidad.

No podía escatimar en recursos para mi guardaespaldas ya que de eso dependían las vidas de Nuros y mía.

—No se preocupe señorita —respondió la guerrera para tranquilizarme—. El maestro Vritragon me dio suficientes cristales para la misión, pero gracias por la oferta, lo tendré en cuenta en el futuro.

—Entonces ¿puedo actuar solo ahora que nuestra seguridad está garantizada? —interrumpió Nuros con voz esperanzada.

—No, es mejor no arriesgarnos con una subclase tan desconocida —respondió Dharai de manera brusca. Pero luego de una breve pausa, añadió con suavidad—. Pero eso podría cambiar en el futuro.

Al oír su posible aprobación, el chico comenzó a celebrar con entusiasmo ante mi mirada de desaprobación.



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En el texto hay: elfos, dragones y magia, aventura fantasia

Editado: 05.05.2026

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