La artesanía de Dharai supero todas mis expectativas, con solo unas palabras y sin ninguna imagen de referencia que pudiera entregar, pudo replicar con exactitud el juego de mesa que tenía en mente, incluso era más lindo y resistente que cualquiera que haya tenido en mi vida pasada, sin contar que las fichas parecían una obra de arte.
Por lo que estuve un buen rato admirándolo con Nuros y los polluelos, mientras no parábamos de elogiar lo exquisita que era su artesanía como para hacer que unas piezas tan simples tuvieran una belleza exquisita, y aunque la guerrera no lo expresaba de forma abierta, podía ver que estaba bastante satisfecha por nuestros sinceros cumplidos.
Así que, complacida por el buen trabajo, decidí guardarlo inmediatamente en mi collar, para prevenir cualquier accidente. Tener a cuatro niños hiperactivos viviendo contigo, me hacía mucho más cuidadosa de lo normal.
Ni a mi estudiante, ni a los polluelos no les agradó mi idea; estaban impacientes y querían jugarlo de inmediato.
Pero como los conocía demasiado bien, sabía que si se lo daba ahora con la hora de comer tan cerca, no podría tener una cena tranquila ya que sospechaba del impacto que podría tener el juego en esos niños.
Después de todo, los dragones tenían muy pocos juegos y estos no eran tan entretenidos como los de la Tierra, por lo que no tenía dudas de que el juego sería un gran furor entre los más pequeños.
Así que por el bien de mi estómago, deje la tarea de enseñarles sobre la dinámica del parchís después de la cena.
Pronto, ante la mirada emocionada de los polluelos y del muchacho, nos encontramos en la sala para comenzar el curso intensivo para jugar al parchís como experto.
—Quiero dejar claro una cosa —dije mirando de forma intencionada a Nuros—. Este es un juego transmitido en secreto en mi familia de generación en generación, pero como no quiero que nuestros invitados indaguen en mi vida personal, preferiría guardar esa información y decir que es un juego tradicional de mi pueblo ¿podrían hacerme el favor de mantener el secreto?
Mentí a los Karitos con el fin de poder llevar a cabo mi plan, mi estudiante consciente de mi mirada y su significado, asintió dándome a entender que había recibido mi mensaje y seguiría con rigurosidad mi historia.
En cuanto a Dharai, no tenía preocupaciones por parte de ella, pues siempre había sido confiable e inteligente, por lo que sabía que entendería las palabras.
Así que luego de mi advertencia, comencé a enseñarle las reglas y algunos trucos del juego, durante la enseñanza me di cuenta de un hecho que había pasado por alto: los polluelos aún no saben contar ni las operaciones básicas.
Me daba vergüenza admitir que no había pensado en ello antes, debido a que estaba concentrada en Sylion y Kaelun, pero luego de hablarlo con su madre, quien de forma sorprendente había aprendido a contar por su cuenta gracias al libro que le di para que aprendiera a leer.
Al parecer, en las últimas páginas de ese libro, estaba una sección dedicada a enseñar los números.
Aunque no sabía sumar ni restar, ya tenía una base con la que trabajar, a diferencia de sus hijos.
Por lo que, por falta de tiempo dividimos nuestras tareas, el Karito le enseñaría a los polluelos todo lo que sabía y yo me encargaría de la lección de parchis para Dharai y Nuros.
Así pasamos gran parte de la noche y solo nos acostamos cuando Dharai y Nuros pudieron jugar con fluidez al parchis y los polluelos supieran contar hasta diez.
También les prometí a los Karitos enseñarles al día siguiente sobre la suma y resta básica para que puedan jugar lo más pronto posible.
Solo cuando escucharon esa promesa, los polluelos dejaron lo que estaban haciendo para seguir a su madre a dormir pues ya era muy tarde, todos seguimos el ejemplo de las aves y dirigimos a nuestros cuartos para descansar lo máximo posible para poder enfrentarnos al juego de mañana con todas nuestras capacidades.
Después de una buena noche de sueño reparador que ayudo a evitar que me salieran ojeras, pasé la mañana en mi estudio con Dharai y Nuros para revisar nuestra historia de portada, cuidando de que no hubiera alguna inconsistencia.
Después de todo, nuestras interacciones sociales aumentarían a partir de hoy y debíamos tener cuidado en todo.
Cuando llegó la hora en que nuestros invitados debían aparecer, todos salimos al jardín a esperar a Sylion y a Kaelun, ya que la emoción de una nueva dinámica, tenía inquietos a los más pequeños, incluso cuando tres de ellos no podían unirse a nosotros por el momento.
Esta vez traje una mesa y algunas sillas de más para las aves ya que los polluelos estaban muy entusiasmados por el juego y querían ver de cerca nuestro partido, mientras que su madre no se apartaría de su lado ni por un instante cuando había extraños presentes dentro de la barrera.
Mientras organizaba la mesa y colocaba algunos bocadillos para picar durante el juego, comencé a organizar las fichas del juego en las casillas que tenía el tablero que había fabricado por la guerrera.
Su forma distaba mucho de la figura tradicional a la que estaba acostumbrada, pues al ser un octágono, este permitía que hasta ocho jugadores participaran al mismo tiempo, en vez de cuatro como era costumbre, lo que facilitaba que todos, excepto uno de nosotros, pudiera jugar, si más tarde incluyéramos a los Karitos en juego como lo teníamos planeado.