Los Jinetes De Los Cielos: El Origen

Capítulo 40

Debía anunciar con total orgullo que mi estrategia fue todo un éxito: la atmósfera incómoda que reinaba en los últimos días se había disipado por completo. Sylion y Nuros disfrutaron mucho del parchís, y hasta Kaelun se interesó en el juego y se unió unas partidas más tarde.

En cuanto a los Karitos, después de la quinta ronda, les di unos dados de repuesto que me había dado Dharai cuando me entregó el juego, con la tarea de aprender a lanzarlos, tenía la intención que las aves se divirtieran y distrajeran un rato, ya que me sentía incomoda verlos excluidos.

Ver al Karito mayor usar su pico para lanzar los dados con destreza, y a Kaelun emplear magia elemental para moverlos con el viento, fue tan surrealista y emocionante, que no pude evitar quedar fascinada por sus movimientos.

Presenciar esa escena me había hecho consciente de que en realidad estaba en mundo lleno de fantasía y magia, cumpliendo, sin haberme dado cuenta, uno de mis sueños de la juventud.

Una fantasía que jamás pensé que se haría realidad.

De hecho, si tan solo el camino hacia lo extraordinario no estuviera limitado a solo dos subclases para los dragones, vida sería muy diferente a la de ahora.

Pues aunque no me arrepentía de haber vuelto a mi antigua profesión, debía admitir que, si pudiera controlar la magia de forma más activa, nunca me habría conformado con tener una vida “normal” y en cambio, me habría centrado en avanzar en mi subclase y rango…

Al darme cuenta que mis pensamientos volvían a tocar ese tema escabroso, sacudí mi cabeza para alejarlos de mi mente y traté de cambiar mi atención a la partida que estaba perdiendo.

Lamentar por lo pudo haber sido y nunca pasará era un forma inútil de perder el tiempo, en vez de eso, sería más productivo enfocar mis energías en cosas más relevantes, como por ejemplo, guiar la conversación de mis invitados para sacar información y estrechar lazos con ellos por el bien de esos futuros beneficios.

Debido al éxito que tuvo el parchís, Sylion y Kaelun se marcharon más tarde de lo habitual, y nuestra despedida fue mucho más natural que en ocasiones anteriores, demostrando que lo bueno que fueron los efectos del juego para alcanzar mis objetivos.

Y eso que este era solo el primer día y el primer juego de mesa sacado de mi arsenal. De solo imaginar que pasaría después de un tiempo, hacía que mi estado de ánimo se elevara por las nubes.

Lo cual era algo bueno porque, solo así tendría la paciencia para enfrentar las consecuencias de mi jugada maestra.

Por desgracia, conocía muy bien a mi estudiante y no me era desconocida su inmensa codicia por todo lo aquello que consideraba divertido.

Como era de esperar, en el momento que nuestros invitados un pie fuera de la barrera, Nuros, sin poder contenerse más insistió con un discurso extraordinario sobre lo necesario que era en seguir con el juego después de la partida de estos.

Al final, con una paciencia que muy pocas veces era vista en mí, pude terminar la discusión con la excusa de que necesitaba continuar con la enseñanza de los Karitos, por lo que no había lugar para las distracciones, si queríamos que todos pudieran unirse al juego mañana.

Nuros estaba bastante decepcionado cuando me vio guardar el tablero en mi collar, pero esta emoción desapareció con la misma facilidad en el momento en que le recordé la tarea pendiente que debía entregarme mañana.

Una de las desventajas de vivir con tu profesor en el mismo techo, era que no podías holgazanear con las tareas.

Así que me concentré en la clase de matemáticas improvisada mientras que mi estudiante se concentraba en hacer los deberes en mi estudio bajo la vigilancia de Dharai.

La clase teórica no supuso ningún problema ya que las aves absorbían el conocimiento con una habilidad envidiable. Fue allí que me di cuenta que los Karitos eran muy buenos en matemáticas, al punto de considerar en profundizar más en esta materia ya que sería una pena desperdiciar tanto talento.

Pronto, pasamos a practicar con el dado las sumas y restas para comprobar si ya tenían la habilidad suficiente como para unirse el juego mañana.

Para cuando la clase llegó a su fin, salí de ella satisfecha por la actitud tan activa hacia el aprendizaje por parte de las aves. Si tan solo todos mis estudiantes fueran la mitad de buenos que ellos o la mitad de adorables, mi trabajo como profesora sería un paraíso hecho realidad.

Como todavía era temprano y aún faltaba mucho para la hora de dormir, decidí sacar de nuevo el juego para que los Karitos practicaran junto con Nuros un rato y se familiarizaran con él antes de unirse a nosotros para la gran prueba del día siguiente.

Con ese fin, fui al buscar a mi estudiante para preguntarle. El chico ya había terminado todas sus tareas hace un tiempo según el informe de la guerrera y Ahora se encontraba en la cocina, leyendo un libro de botánica cuyo título peculiar hacía que esta pareciera una obra de pseudociencia.

Sin embargo, Cómo cultivar una planta extraordinaria sin morir en el intento era un libro de referencia en su campo de estudio, considerado el mejor para aquellos novatos que querían iniciarse en ese mundo, pues era el más completo de su clase.

Satisfecha de que mi estudiante se estuviera preparándose para la clase de mañana, lo llamé para preguntarle si quería unirse a la práctica de los Karitos, lo cual aceptó con gusto, guardando el libro en su collar de cuero.



#5587 en Fantasía
#1165 en Magia

En el texto hay: elfos, dragones y magia, aventura fantasia

Editado: 10.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.