Los Juegos del Odio

28

Faltan cuarenta y ocho horas para el desastre.

La mañana del jueves llega con una luz gris y despiadada que hace que mi ático de cinco millones de dólares parezca una sala de interrogatorios. Me levanto antes que Julien y me encierro en el baño. Me miro al espejo y lo que veo es el boceto de una mujer: ojeras profundas, labios pálidos y una mirada que dice «estoy a un paso de pedir asilo político en una embajada».

—Novia radiante, Taylor. Sonríe o Vivienne te cobrará un suplemento por cara de muerta —me digo, aplicándome corrector como si estuviera tapando grietas en un muro de contención.

Cuando salgo, Julien está en la cocina preparando una de sus pócimas. El extractor de humos zumba con un sonido metálico que me crispa los nervios. Sobre la encimera hay una hilera de botes de cristal con etiquetas orgánicas.

—Buenos días, futura esposa—dice él, radiante. Se ve descansado, feliz, casi insultantemente puro—. He preparado un zumo de granada, bayas de goji y raíz de maca. Es para la resistencia emocional. La víspera de la boda siempre es un torbellino.

—Resistencia emocional. Qué término tan… médico —respondo, aceptando el vaso con manos temblorosas—. Gracias, Julien. Eres un santo.

Bebo el líquido rojo. Sabe a hierro y a tierra mojada. Por un segundo, mi cerebro paranoico se pregunta si no habrá añadido algún sedante para mantenerme dócil. "Cálmate, Evans. Si quisiera matarte, ya lo habría hecho".

—Hoy tenemos la prueba final del catering —recuerda él, mientras se apoya en la isla de la cocina con una elegancia casual—. Y por la tarde, la entrega de los arreglos florales. Penelope dice que las orquídeas blancas ya están en el hangar de Queens.

—Fantástico. Orquídeas. Pureza absoluta. El tema de nuestra vida —digo, inyectando un toque de mi cinismo habitual para que no sospeche que estoy a punto de gritar.

—¿Te pasa algo, Taylor? Estás… vibrante.

—Es el café, Julien. He tomado demasiado. Y el trabajo de Londres… ya sabes.

Él se acerca, me toma el rostro entre las manos y me mira fijamente a los ojos.

Es una mirada profunda, analítica, la mirada de un cirujano buscando una anomalía. Siento que mis pupilas me delatan.

Siento que me lee el pensamiento. Es un juego de espejos donde ambos fingimos que el reflejo es la realidad.

—Pronto todo esto terminará —susurra él—. El sábado, por fin, seremos uno. Sin secretos. Sin distracciones. Solo nosotros.

—Solo nosotros —repito, como un eco vacío.

Aunque temo con todo mi ser que pueda ser el día que arruine su vida para siempre.

Julien se va al hospital y, en cuanto cierro la puerta con tres vueltas de llave, me derrumbo contra la madera.

Mi teléfono vibra.

Y el Cliente Anónimo vuelve a la carga…

MENSAJE DEL CLIENTE ANÓNIMO: "El Doctor se ve muy guapo esta mañana, ¿verdad? Me encanta cómo te cuida. Sería una pena que descubriera que su 'novia radiante' es una mercenaria de la moralidad. Tienes hasta las 6:00 PM para enviar el informe que hunda a Cash. Y no me envíes más unicornios, Taylor. Quiero sangre. Quiero el registro de la Fundación Jude expuesto como un fraude fiscal. Hazlo o el video se libera."

—Hijo de… —siseo, apretando el teléfono con tanta fuerza que cruje.

Llamo a Donovan.

No tengo otra opción.

Es mi aliado, mi amante y la única persona en esta ciudad que no me está mirando a través de una lente oculta.

—Donovan, el tiempo se acaba —digo en cuanto coge el teléfono—. El Cliente Anónimo me ha enviado un mensaje sobre lo que Julien y yo hablábamos en la cocina hace diez minutos. Saben lo que desayuno. Saben que Julien me ha dado un zumo de maca. Están dentro de mi casa.

—Taylor, escúchame bien —la voz de Donovan es un bálsamo de autoridad y calma—. He rastreado la señal del ángel de cristal. Se conecta a un servidor privado en Brooklyn, pero el titular de la cuenta es una identidad robada. Sin embargo, he encontrado algo más. ¿Recuerdas que te dije que solo cinco personas tenían acceso a mi sistema de seguridad?

—Sí. ¿Y bien?

—He revisado los logs de acceso del servidor central. El video de la Toscana no fue hackeado. Fue descargado con una clave de invitado que yo mismo creé hace tres años para un consultor de seguridad que trabajaba con… los Sterling.

—¿Mark Sterling? —pregunto, confundida—. Pero mis hackers dicen que Mark es un idiota que no sabe ni usar un Excel.

—Creo que lo subestimas, Taylor. Ese tipo es la basura más detestable del mundo entero.

—Tengo mucho que mejorar.

—Es peligroso, jefa.

—He pasado mi vida destruyendo a hombres peligrosos, Donovan. Uno más en mi lista no hará la diferencia. Pero necesito que hagas algo por mí. Protege a Jude. Mueve a tu hermana de esa villa. Si el Cliente Anónimo se siente acorralado, irá a por ella.

—Jude ya está en un lugar seguro. No te preocupes por ella. Concéntrate en sobrevivir a los próximos dos días. Y Taylor…

—¿Qué?

—Yo… Yo… Qué va, nada, ten un buen día.

Cuelga y me deja absorta. Yo me pongo a trabajar. No redacto el informe contra Donovan. Redacto un contraataque. Si el Cliente Anónimo quiere una ejecución pública, la tendrá. Pero no será la de Donovan Cash.



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En el texto hay: humor, millonario, enemies to lovers

Editado: 21.04.2026

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