¡¡QUEDAN 24 HORAS PARA EL SÍ, QUIERO!!
Y no he pegado un ojo en toda la noche…
El viernes es un delirio de flores blancas, música de cámara ensayando en el salón y Penelope corriendo de un lado a otro con un walkie-talkie.
Bianca llega a mediodía, cargada con una bolsa de "Kit de Supervivencia para la Novia" que incluye champán, parches para los ojos y un taser camuflado en un estuche de pintalabios.
—Te veo fatal, Taylor —dice Bianca, sirviéndome una copa—. Pareces una extra de The Walking Dead con un vestido de cinco mil dólares.
—Es el estrés, Bianca. Organizar una boda en medio de una guerra de espionaje agota a cualquiera.
—¿Un espionaje?
—Ya sabes, mi…trabajo de consultoría. —Rayos, rayos, rayos y más rayos.
—Mmm. ¿Has hablado con Cash? —susurra ella, acercándose a mi oído.
—Él es el único que me mantiene cuerda, aunque parezca increíble—confieso, bebiendo el champán de un trago.
Y no me entiende.
No me dedico a darle explicaciones sino que prosigo con mis modos oraculares de hablar porque entre tantas mentiras, realmente estoy agotada mental y físicamente:
—Bianca, algo va a pasar mañana. Algo gordo. Necesito que, si las cosas se ponen feas, te mantengas cerca de mí aunque yo misma intente alejarte.
Bianca me mira con una seriedad que rara vez muestra.
—¿Es tan grave?
—Es peor. Es personal.
Julien llega a casa por la tarde.
Trae un ramo de orquídeas blancas, frescas, el olor es tan intenso que me marea.
Me besa con una ternura que me hace querer llorar de rabia. ¿Cómo puedo ser tan buena actriz?
¿Cómo puedo recepcionar ese amor protector sabiendo las cosas que sé y siendo consciente de que mañana podría convertirse en el hombre más miserable del mundo si Cash no atrapa antes a Vance y a Sterling?
Cenamos en el salón, rodeados de cajas de palomas de papel de arroz, cuya presencia parece ser un acuse de recibo de que no hemos tenido despedida de solteros porque espiritualmente él no está de acuerdo y porque yo, por mi lado, tengo una sola amiga en el mundo entero.
La escena es la definición de la ironía: dos personas planeando un futuro eterno mientras ambos calculan cosas completamente diferentes que podrían catapultarnos al horror eterno y absoluto.
—¿Estás lista, Taylor? —pregunta Julien, acariciando mi mano.
—Más lista que nunca, Julien. —Sostengo su mirada, admirándolo silenciosamente y sumergida en el más severo de los dolores porque no nos hemos podido recuperar completamente tras nuestra última discusión y porque yo he cometido tantas faltas y mentiras que me merezco ir derechito a la garganta del diablo, literal al diablo mismo y ser devorada hasta el último centímetro—. Mañana será un día que ninguno de los dos olvidará.
—En eso estamos de acuerdo —dice él, y por un milisegundo, veo un destello de algo oscuro en sus ojos.
Que pronto se convierte en amor.
En un beso.
En un abrazo.
En un momento que nos lleva a la cama y que debo fingir absolutamente.
Por primera vez, finjo con él.
Y eso sí que está muy mal. Aún peor.