Los Juegos del Odio

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El sábado amanece con un cielo plomizo sobre el Hudson. La prensa ya ha localizado el búnker de Donovan, o al menos sospechan que estoy aquí. Hay furgonetas de noticias apostadas en la entrada de la carretera privada y no he pegado un ojo.

—Es el momento —dice Donovan, ajustándose el reloj—. Hemos filtrado la ubicación. Quieren una declaración. Vamos a dársela.

Mi madre me ayuda a arreglarme. No uso el vestido de novia, por supuesto. Bianca ha conseguido que un mensajero traiga un traje sastre de color rojo sangre, de un diseñador vanguardista.

Es un color de guerra.

Un color que dice que no estoy de luto, sino en pie de lucha.

—Estás hermosa, hija —dice mi madre, abrochándome la chaqueta—. Recuerda: cabeza alta. No les des el placer de verte llorar. Las lágrimas son para los que no tienen un plan. Y nosotros tenemos el mejor.

Salimos al exterior.

El estallido de los flashes es casi cegador.

Los periodistas gritan preguntas, empujándose unos a otros.

—¡Taylor! ¡¿Es cierto lo del video en el Rolls-Royce o apoyas las teorías de que está hecho con IA?!

—¡¿Cómo respondes a las acusaciones de estafa de los Beaumont?!

—¡¿Estás con Donovan Cash por su dinero?!

Donovan me rodea los hombros con el brazo, protegiéndome de la masa. Nos detenemos frente a un bosque de micrófonos. Respiro hondo. El frío de la mañana me aclara las ideas.

—Buenos días —digo, y mi voz se proyecta con una calma absoluta a través de los altavoces instalados—. Sé que han visto un video. Un video privado, obtenido ilegalmente a través de un sistema de espionaje que Julien Beaumont instaló en mi hogar y en vehículos privados. Lo que no han visto es lo que ese video intentaba ocultar.

La multitud se silencia.

—He pasado los últimos meses realizando una auditoría de transparencia en los círculos que el Doctor Beaumont frecuenta. Lo que descubrí no es una historia de amor, sino una historia de corrupción. El dinero que debía salvar vidas en el hospital de niños ha sido desviado para pagar deudas de juego de Mark Sterling y para financiar las ambiciones fallidas de Alexander Vance.

Un murmullo de shock recorre a los periodistas.

—Mi boda no terminó porque Julien descubriera quién soy —continúo, clavando la mirada en la cámara de la cadena principal—. Terminó porque yo descubrí quién era él. El video que vieron fue su último intento desesperado por destruir a la única persona que tiene las pruebas de sus delitos financieros.

Me siento una mentirosa, una austera, pero también me siento con la adrenalina corriendo a mil hora en mis venas.

Quiero destrozar a ese sujeto, quiero destruir a mi Cliente Anónimo.

—Esta tarde—prosigo—, mi equipo legal entregará al fiscal del distrito todos los registros, transferencias y grabaciones que demuestran la red criminal liderada por Julien Beaumont.

—¡¿Y qué hay de tu relación con Donovan Cash?! —grita un reportero. Miro a Donovan. Él me devuelve la mirada con un orgullo que me hace sentir invencible.

—Donovan Cash es el hombre que me ayudó a sacar a la luz esta verdad —respondo con firmeza—. Es el hombre que eligió la integridad sobre la reputación. Algo que los Beaumont parece que han olvidado hace mucho tiempo.

Nos damos la vuelta y entramos de nuevo en el edificio, dejando a la prensa en un estado de caos absoluto.

Las horas que siguen son una ejecución de lo planificado.

Bianca lanza la "Operación Verdad" en redes sociales. Usando la influencia de su marca y sus contactos con influencers, empieza a compartir los documentos que Rata y Wifi han ido liberando de forma estratégica. Meterse en este lío le ha dado un incremento sustancial de seguidores que ahora la consideran una referente del chisme. El hashtag #JusticiaParaTaylor empieza a superar al de #LaNoviaBuitre en menos de dos horas. Pero el verdadero golpe viene desde dentro. Donovan ha movido sus hilos en Wall Street. Al mediodía, las acciones de las empresas vinculadas a los Beaumont empiezan a caer en picado. Los inversores, aterrorizados por la mención de "malversación de fondos hospitalarios", empiezan a exigir auditorías externas. Estoy en la sala de pantallas, observando el colapso en tiempo real.

—Mira esto —dice Donovan, señalando una noticia de última hora—. Mark Sterling ha sido detenido en el aeropuerto de Teterboro intentando subir a un jet privado con dos maletas llenas de efectivo. Parece que su "lealtad" a Julien no era tan fuerte como su miedo a la cárcel.

—Uno menos —murmuro.

—Y hay más —añade Bianca, radiante—. Alexander Vance acaba de declarar ante la prensa que Julien lo "obligó" a participar en el complot contra ti a cambio de limpiar sus deudas. Se están canibalizando entre ellos, Taylor. Es hermoso.

A las 5:00 PM, recibimos la noticia que todos esperábamos. La junta directiva del hospital ha suspendido a Julien Beaumont de todas sus funciones. La policía de Nueva York ha emitido una orden de registro para su apartamento y sus oficinas. El "Niño Dorado" ha perdido su brillo y los abogados me están blindando para no tener que dar declaraciones públicas mientras se demuestra que la trampa que me tendieron fue con un origen y una finalidad completamente burda.

Me siento en un sillón, exhausta pero con una extraña sensación de paz. Mi madre se acerca y me pone una mano en el hombro.

—Lo estás logrando, Taylor.

—Lo estamos logrando todos, mamá —respondo, mirándola a ella, a Bianca y finalmente a Donovan.

Bianca se despide poco después, diciendo que tiene que ir a gestionar una crisis de relaciones públicas con un proveedor de diamantes para perros, pero antes de irse me da un abrazo que me deja sin aire.

—Eres una leyenda, Evans. La próxima vez que te cases, asegúrate de que el novio no tenga acceso ni a tu cuenta de mail.

Mi madre también se retira a su habitación, diciendo que necesita llamar al tío Morty para decirle que los tragos del bar que nadie se bebió por la boda cancelada, se los podemos regalar.



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En el texto hay: humor, millonario, enemies to lovers

Editado: 21.04.2026

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