Una fila se extendia en una mañana, la gente esperaba su turno para comprar su café y empezar su día, Kieran que había cumplido hace poco 18 años de encontraba esperando su turno mientras movía su pie izquierdo al compás de la música de fondo del lugar.
Cuando llegó su turno la señorita que despachaba los pedidos miro a Kieran que se encontraba distraído. —Pase adelante Buenos días — le mostró una sonrisa. Kieran se acerco y descanso sus brazos sobre la barra que te iba delante, — hola buenos días señorita... — miro la placa que tenía en el pecho la señorita que despachaba y este decía Teresa, una sonrisa se extendió por el rostro de Kieran, — Teresa, dame un café cargado con suficiente azúcar porfavor me gustan las cosas dulces. La chica asiente y anota su orden — ¿Algo más señor? — preguntó cordialmente Teresa.
—Si puedes ponerle leche porfavor y darme unas servilletas extras y porsupuesto tu número — le guiña un ojo. La chica frunció el ceño y asintió. — Era broma no te enojes que te pueden salir arrugas en la frente como a algunas personas — señaló con el pulgar disimuladamente hacia atrás donde se encontraba un señora mayor con arrugas por todo el rostro. Teresa soporto una risa que amenazaba por salír — porfavor pase a la siguiente área pronto le entregaran lo que pidió.
Kieran espera menos de 10 minutos y le entregan su pedido para su sorpresa la chica que le atendió Teresa le entrego el pedido Kieran lo recibió y se salió de la cafetería, caminaba tomando su café sin mucha preocupación aunque sabía que tenía que darse prisa pues había quedado con unos amigos, Harold les prestaría la casa almenos un salón vacío que tenía por ahí en el cual podrían prácticar y tocar algo de música, gracias a que no era la primera vez que practicaban ahí pues los instrumentos que cada uno utilizaban ya estaban en ese salón.
Harold tocaba el teclado, William (le decían huevo por la forma de su cabeza) tocaba la batería, Jessica (le decían muñeca) era la vocalista, Matthew tocaba el bajo y Kieran la guitarra electrica.
Las próximas horas pasaron ensayando tranquilamente todos con sus propios instrumentos tratando de componer el café que había comprado Kieran no se lo había terminado pero ya estaba frío, al querer tirar el vaso plástico con el poco de café frío que contenía se dio cuenta que en la parte de abajo tenía pegado un papel doblado el cual Kieran tomo y abrió donde decía (Ya que lo pediste te dejo mi número Teresa) Kieran lo leyó sonríente y anotó el número de Teresa en su celular y prosiguieron su ensayo, llegadas las 11 de la noche Kieran llega a su casa cansado toca la puerta pero no nadie le abre, aún vivía con sus padres así que normalmente no salía con sus propias llaves, pasó un rato más y siguió esperando pero no había respuesta después de casi una hora su padre abrió la puerta lo vio a los ojos — ¿te gustó esperar? — pregunta el padre de Kieran con una mirada severa. Kieran suspiro levemente — así que era eso no me querían abrir — cruzó los brazos. —Este no es ningún hotel para que vengas solamente a dormir, no nos molestaría si almenos trabajarás pero ni siquiera eso te la pasas de vago con tus amigos tocando como si algún día tendrán futuro dedicándose a eso — alegó molesto. —¿Me vas a dejar pasar?.
—Tienes preocupada a tu madre. Kieran agachó la cabeza mirando al suelo — Perdón — dijo con voz suave. —Siemore dices lo mismo no es la primera vez pero sigues haciendo lo mismo la música que tratas de hacer no dará fruto para tu vida terminarás igual que cualquier otra persona trabajando para una empresa o algo así siendo uno más del montón. —Gracias por tu aliento — comenta irónicamente — no necesito que siempre me trates de persuadir, yo quiero intentar aunque falle pero almenos quiero probar suerte con lo que me gusta.
—No entiendes que de lo que nos gusta no se vive, no quisiste seguir la universidad y tampoco quieres trabajar pero quieres que te mantengamos hasta cuando 30, 40, 50 años — reclama mientras levanta los brazos protestando. La madre de Kieran sale desde dentro de la casa y se coloca al lado del padre de Kieran. —Hijo tu padre tiene razón debes dejar esa banda que tienes no es bueno para tu futuro. —Escuchen sé que no les gusta pero es mi vida así que no deberían de meterse en ella — hace un esfuerzo por no maldecir ni levantarle la voz a sus padres.
— Hijo no es la primera vez que haces cosas así siempre te has escapado de la casa ha escondidas aveces no nos dábamos cuenta y otras veces si pero ya era demasiado tarde — su madre toma a Kieran de las manos — mi niño porfavor solo queremos que crezcas y mires la vida más allá que no pienses que todo es un sueño. La mirada de Kieran se nota decaída pero se aleja de su madre — y si sigo con lo mío ¿que harán? —preguntó amenazante. —¿Que harás tú? porque aquí no viviras — pregunta el padre con mirada severa y segura. — ¿Me estás echando? — pregunta casi en un susurro. —No te confundas tu solo te estás echando debes hacer algo más que vivir de nosotros y estar en una banda que nunca verá fama ni mucho menos dinero, así que bueno espero que si llegas a madurar lo hagas bien pero hasta entonces aquí no eres bienvenido — la madre de Kieran agacha la cabeza con un semblante triste y el padre lo miraba a los ojos directamente. —De acuerdo si así quieren que sea pues así será — se dio la vuelta sin decir nada más al alejarse un poco voltea nuevamente con los ojos llorosos aunque sus padres no podían verlo por la noche que caía sobre ellos — nunca me han apoyado en nada son un par de egoístas mi banda y yo tendremos éxito y se tratarán toda la mierda que están diciendo — sin más comienza a caminar perdiendose en la oscuridad ante los ojos de sus padres.
Al día siguiente Kieran despierta en el salón de la casa de Harold el que usaban para ensayar pues había llegado ahí después de haber llamado a Harold y pedirle el lugar prestado, Harold se lo presto pero solo por 2 días ya que sus padres no querían que un vago (así llamaban a Kieran) estuviera en su casa. Temprano Harold se levantó y comió un desayuno el cual Harold le llevo al salón.