Los Marshall

Capítulo 3

Los gemidos de Lucero llenan la habitación, creando una sinfonía de placer que le encantan a su esposo.

El orgasmo llega tan pronto, tanto como los dedos de su pareja luego de que se le hubiera cansado la lengua.

La humedad fluye a través de sus piernas, como un río caudaloso. Sonríe, con sus ojos llenos de lágrimas, luego de ver qué su amado y sádico esposo lame sus dedos con placer, saboreando el sabor de su cuerpo.

Ese era su esposo, su amante, su dueño, su todo.

El sexo viene con amor, y el amor viene con sexo, y vaya que Lucero y Marcos sabían de ello.

—¿Ha sido suficiente para mí putita masoquista, o quieres más?

La mujer de ojos azules, solo sonríe y el, como si fuera capaz de entenderla, libera su pene, preparado para penetrarla

Suspiro, complacida, mientras cierro mi computadora.

Un nuevo capítulo está terminado, el primero en mucho tiempo, y ya está publicado en mi blog. Me siento satisfecha. Escribir siempre me deja una sensación de logro, pero esta vez, el placer es doble al ver cómo, en pocos minutos, comienzan a llegar "me gusta" y comentarios. Palabras de elogio y entusiasmo inundan la sección de mensajes, alabando el relato cargado de pasión, fantasía y, como siempre, un toque de realidad. Saber que hay personas esperando con ansias cada nueva publicación, que disfrutan de mis palabras y las sienten como propias, me llena de felicidad.

Escribir siempre ha sido mi refugio, mi forma de desahogar lo que siento y de transformar pensamientos en algo tangible. Desde que era niña, fue mi pasatiempo favorito. Comencé a los diez años, creando pequeñas historias para mi abuela y mis amigos. Por entonces, escribía cuentos sencillos, con animales parlantes y finales felices. Participé en concursos escolares bajo la guía de mis profesores, quienes creyeron en mi talento más de lo que yo misma lo hacía.

Con el tiempo, mis historias evolucionaron. Dejé atrás los poemas infantiles y las fábulas para adentrarme en territorios más desafiantes. Las novelas de romance y fantasía comenzaron a atraerme. Sin embargo, aunque la fantasía tenía un atractivo innegable, siempre me resultó difícil. Crear un mundo completo, con sus propias reglas y detalles, era algo que me parecía abrumador. Mi creatividad tenía límites, o al menos eso creía entonces.

El romance, por otro lado, era un terreno conocido. A pesar de que, a los trece años, mi experiencia en el amor era prácticamente inexistente, me resultó fácil escribir sobre ello. Las emociones eran intensas, los personajes tomaban vida en mi mente, y sus historias fluían con naturalidad. Escribí varias novelas en esa etapa, ninguna de las cuales llegó a ver la luz del día. Sin embargo, aquellas historias fueron mi escuela, mi práctica constante.

Luego vino el bloqueo creativo. Ese temido vacío que me dejó estancada durante años, reduciendo mi escritura a proyectos escolares y tareas aburridas. Pensé que nunca volvería a escribir algo significativo, hasta que, a los diecisiete años, mi vida dio un giro inesperado.

Mi primera experiencia sexual fue el catalizador que despertó en mí un interés completamente nuevo. El romance quedó relegado, y mi atención se volcó hacia la escritura erótica. Comencé a explorar este género con curiosidad y entusiasmo, basándome a veces en mis propias vivencias y, otras, en las historias que mis amigas compartían conmigo.

La necesidad de que mis relatos llegaran a más personas me llevó a descubrir una plataforma donde podía publicarlos y, además, generar ingresos en función de las lecturas. Al principio, fue un camino difícil. Las primeras publicaciones pasaron desapercibidas, pero con el tiempo construí una base sólida de lectores. Ahora, mis relatos tienen una audiencia leal que espera con paciencia cada nueva entrega.

Escribir estos textos me ha enseñado que el placer no solo está en el acto, sino también en las palabras. La gran mayoría de mis lectores son mujeres, y sus comentarios siempre me sorprenden. Muchas me confiesan que mis historias las hacen "perderse", que las emocionan tanto que incluso sienten cómo sus cuerpos reaccionan. Saber que mis palabras logran eso me llena de orgullo.

Mi sueño es estudiar literatura, perfeccionar mi técnica y entender mejor los géneros literarios, las corrientes históricas y las técnicas narrativas. Sin embargo, decirle a alguien que quiero dedicarme a esto casi siempre provoca risas o advertencias. "Te morirás de hambre," dicen algunos. Pero eso no me importa. Sé lo que quiero, y sé que tengo el talento para lograrlo, incluso si todo el mundo se opone.

Uno de los rasgos distintivos de mis relatos es que, aunque pocos lo saben, muchas de mis historias están basadas en hechos reales. Algunas son vivencias de mis amigas o de las amigas de mis amigas. Otras, las más personales, surgen directamente de mis propias experiencias. Claro, siempre las adorno con un poco más de dramatismo y fantasía, porque al final, la ficción no tiene límites.

Mis pensamientos son interrumpidos por un sonido en la puerta. Tres golpes ligeros que me sacan de mi ensimismamiento.

—Pasa— exclamo, mi voz apenas un murmullo que rompe el silencio de la habitación.

Marisol entra con una bandeja en las manos. Su rostro refleja una mezcla de paciencia y ternura, y no puedo evitar sentir un leve remordimiento. Son casi las nueve de la mañana y no he bajado ni a desayunar ni a saludar. Me culpo por ello; en ocasiones, mi timidez me impide moverme con naturalidad en entornos nuevos.

—Sabía que estabas despierta desde hace rato— comenta mientras coloca la bandeja sobre la pequeña mesa junto a la cama —Te esperé para desayunar, pero nunca bajaste—

Miro la bandeja con curiosidad. Hay tostadas perfectamente doradas, con un aroma inconfundible a mantequilla de ajo, y un vaso de leche con chocolate que parece recién preparado. Es un gesto simple, pero me reconforta más de lo que esperaba.




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