Los Mismos de Antes

Capítulo 1: Salchichas rancheras y nuevos comienzos

No sé qué tan extraordinaria o única pueda ser esta historia, pero siento que, si no la escribo, me va a terminar estorbando en la cabeza. Me llamo Tomás nací en la ciudad de Cali hace casi 18, toda mi vida he vivido aquí amo esta ciudad y me encanta estar aquí con mi familia. Hoy es mi primer día en la universidad y para ser sincero, mi mayor logro hasta ahora es haber sobrevivido al colegio midiendo casi un metro noventa sin haberme roto la nuca con el marco de alguna puerta.

Se siente extraño empezar esta nueva etapa o sea hace solo unos meses estaba con mis amigos en el colegio interrumpiendo a los profesores mientras intentaban dar clases, haciendo chistes en la parte de atrás del salón, lidiando con una ruptura amorosa y luchando por el campeonato de Intercolegiados con mi equipo.

Pero el tiempo paso muy rápido de repente tuve que pensar en elegir una carrera o pensar que hacer con mi vida que se resumía en el colegio, mis amigos y mi familia. Decidí elegí estudiar periodismo, aunque al principio no estaba muy seguro, pero mi papá, Rodrigo, me dijo que estudiara lo que me gustara, que él "vería cómo me apoyaba" (su forma elegante de decir que movería cielo y tierra para pagar la matrícula).

Él es un abogado de esos que siempre usan pantalón de tela y camisas de botones con la manga larga, aunque no es muy expresivo siempre ha estado para mí hombre de pocas palabras, pero grandes acciones. Su infancia fue difícil por eso se prometió darle todo de si mismo a sus hijos y sin dudas ha cumplido su promesa

Sueño con investigar una conspiración que salve al país, aunque siendo realistas, terminar cubriendo los chismes de la farándula local en alguna revista de peluquería también me sirve. Al menos a mi mamá le encantaría saber de primera mano quién se separó de quién o algún escándalo de infidelidad.

Bajé a desayunar. En mi casa, el desayuno es el único momento donde todos fingimos que somos una familia funcional antes de que el caos de Cali nos trague. Mis padres ya estaban listos. Mi papá con su carácter de hierro, pero voz suave, y mi mamá, María, que es secretaria y tiene la energía de tres tazas de café cargado.

Mi mamá cocina si el tiempo le alcanza. Si no, cada uno sobrevive como puede. Eso sí, el tiempo nunca le falta para Oliver. Oliver es nuestro perro, un criollo tricolor de ocho años que rescatamos de la calle, pero que ahora tiene el paladar más fino de todo el barrio. Mi mamá le prepara un huevo y dos salchichas rancheras todas las mañanas. No pueden ser de otra marca, tienen que ser rancheras. A veces creo que Oliver tiene mejor plan de alimentación que yo.

En la mesa también estaba Tiberio, mi hermano menor, que a sus trece años vive en un universo paralelo donde los únicos habitantes son él y sus audífonos.

—Buenos días —dije, tratando de proyectar una seguridad de universitario que claramente no sentía.

—Buenos días —respondieron todos, menos el sordo de Tiberio.

Le quité los audífonos de un tirón y le di una palmada en la cabeza, más por costumbre que por maldad.

—¡Ey! ¿Qué pasó? —protestó él.

—Buenos días, sordo —le solté.

—Este muchacho mantiene en su mundo —añadió mi papá, sin despegar la vista de su café.

—Sí, pero estamos en la mesa, así que nada de teléfonos —dije, tratando de imponer autoridad—. ¿Escuchó, señora María?

Mi mamá levantó la vista de su plato, indignada.

—¿Y es que acaso yo estoy en el teléfono? —respondió, aunque todos sabíamos que lo tenía en el regazo esperando un descuido.

Después del desayuno, me fui caminando hacia la parada del MIO. Para los que no vivan en Cali, el MIO es nuestro sistema de buses: todos lo odiamos, pero es lo que hay. Es como comer ullucos: a nadie le gustan, pero si vas de visita y te los sirven, te los tragas. Me despedí de Oliver con un abrazo y salí a enfrentar la ciudad.

Saludé a los vecinos de siempre. Al pasar por la casa de doña Maritza, noté unas maletas en el andén. En Cali, dejar maletas afuera es una invitación abierta a los "amigos de lo ajeno". Antes de que pudiera preocuparme, Luca, mi vecino, salió corriendo hacia mí.

—¡Tomaaaaaaaaaas! ¡Adivina qué! —gritó, casi sin aliento.

—Hey, Luca. No sé, ¿te creció el bigote? —bromeé.

—Camila vuelve a vivir con nosotros. Llega hoy.

Me quedé estático. Sentí un bajón de azúcar repentino que no tenía nada que ver con el desayuno.

—¿En serio? Pensé que Medellín ya se la había tragado para siempre. ¿Y por qué volvió?

—Por la universidad. Decidió estudiar aquí, estoy muy feliz que vuelva

—Me imagino, hace ya bastante que se fue

—Oye, ¿es cierto que ella te defendía de los que te molestaban cuando eran niños?

—Eso es puro cuento—respondí, —. ¿Cómo me va a defender ella, si era más bajita que yo y vivía llorando? Se ponía a chillar cada vez que le decía que tenía dientes de castor.

—¡Jajaja! No te creo. Ella es súper fuerte, a veces hasta me da miedo hablarle.

—Tranquilo, en dos años serás más grande que ella y el miedo se te pasa. Me voy, niño, se me hace tarde.

Seguí caminando, pero ya no era el mismo Tomás de hacía cinco minutos. Así que Camila regresaba que manera tan sorprendente de comenzar el día. Ella era mi mejor amiga de la infancia cuando éramos niños fuimos inseparables, jugábamos por todo el barrio, yo iba a su casa para hacer tareas y ella venía a la mía a jugar playstation.

Se fue hace 5 años cuando teníamos doce años, juramos hablar por siempre y nunca romper nuestro vinculo, pero como suele pasar esas promesas de sentimientos eternos con el tiempo caducan. Primero eran llamadas diarias, luego mensajes semanales, luego un "feliz cumpleaños" ocasional, hasta que el silencio se volvió nuestra única forma de comunicación.

Éramos tan cercanos que los otros niños nos molestaban diciendo que nos íbamos a casar; yo lo odiaba en ese entonces, gritaba de solo pensar en que algún día me casaría con ella, pero ahora, todos esos recuerdos estaban girando por mi mente haciéndome sentir una presión en pecho similar a cuando el rector del colegio entraba a salón a ver que lleváramos bien puesto el uniforme, sabia que todo estaba igual que siempre, pero a partir de hoy mi vida iba a cambiar.



#5159 en Novela romántica
#333 en Joven Adulto

En el texto hay: romance, vida, amistad

Editado: 26.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.