«Esa no es la pregunta correcta» Eso era lo que ella me había dicho. Me sentía en el limbo, no estaba en peligro. Pero tampoco me sentía del todo seguro... Aquella mujer, estaba frente a mí con una sonrisa bastante molesta, que me lograba inquietar en lo profundo de mis huesos.
—¿Cómo sabes del lazo? —pregunté sabiendo que podía simplemente mentirme, y ella abrió los ojos con sorpresa.
—Eso sí es una buena pregunta —comentó y tomó asiento. Y entre sus manos emergió una pequeña llama, en suaves tonos violetas, que tomó la forma de una cuerda—. Nadie sabe porque existe realmente ese lazo, es muy antiguo, muchos dicen que es desde el inicio del mundo —aclaró—. Y los rumores, dicen que solo los portadores, son capaces de saber, la verdad —mis ojos no podían dejar de ver ese fuego.
—¿Pero hay otras personas con ese lazo? ¿Se puede romper? —pregunté mientras prestaba atención al fuego, que se había tensionado.
—El lazo no se puede romper —me explico—. Es como un extraño indicio del destino, para aquellos que tienen un destino más allá de la muerte —explico y de pronto me sentí inquieto, algo me molestaba, pero estaba seguro que no era yo el que se sentía inquieto.
«¿Ciro estás bien?» pensé. «Tranquilo» fue lo único que recibí como respuesta.
—¿No existe algo que me sirva de guía? —pregunté—. Por qué esto está empezando a perjudicarnos, podría ponerlo en peligro —aclaré. Y ella me quedo mirando.
—¿A quien pones en peligro? ¿Al chico que está al otro lado del lazo? —preguntó, y entonces, me quedé totalmente callado. «Si» pensé, pero no lo dije.
—No, digo, si. Pero no es que me preocupe él en específico —aclare—. Solo no quiero poner a nadie en peligro, ni mucho menos, por algo que no puedo controlar.
Y ella solo soltó una fuerte carcajada, como si le hubiera contado algo muy gracioso. Cuando se calmó, el fuego en sus manos, tomó una forma rectangular y se materializó en un libro de color blanco de tapa dura, en el centro, tenía una luna llena, pero en contraste con la luz, podía verse las diferentes etapas lunares, y de ella, como si fueran raices, se podía ver finas lineas grises, que se conectaban con diferentes piedras negras, sus ojas eran de un color plata, que parecía que fueran de acero.
—Este libro, posiblemente pueda ayudarte —comentó, mientras me lo daba—, pero no es algo seguro, y mucho menos estable —murmuró lo último, yo la mire desconfiado.
—¿A qué te refieres con estable? ¿Puedo o no puedo leerlo? —pregunté, intentando ignorar el impulso de mirar su bella portada.
—Es un libro que requiere magia para leerse y con el hecho de si puedes leerlo —dijo mirándome de arriba hacia abajo—. Supongo que depende de ti.
—Pero —intenté quejarme pero aquella mujer abrió todas y cada una de las cortinas y volvió a convertirse en una anciana, totalmente tapada e incluso se hizo más baja de lo que era.
—Solo tú puedes ayudarte mí príncipe, tú o el otro lado de tu lazo —fue lo único que dijo antes de ocultarse en la oscuridad de los pasillos.
—Espera un momento, ¡¿Quién eres?! —pregunté levantándome. Intenté buscarla con la mirada, simplemente había desaparecido.
—Me dicen de muchas maneras, pero tú me puedes decir Pengamat —y todo se quedó en silencio.
Me quedé mirando el libro, lanzaba una vibra extraña, me quitó las esperanzas de que pudiera romper este lazo...Entonces me percate de algo, no podía sentir nada del otro lado, era como si Ciro no estuviera. ¿Estará muerto? Pensé con terror. Y sin percatarme el libro se sacudió en mi mano izquierda, entonces sentía una fuerte oleada de preocupación, que me hizo sentarme.
—¿Ciro? —pregunté en un susurró, y luego sentí un fuerte dolor en la parte de atrás de mi cabeza, y de forma inmediata, me sentí tranquilo. Ya no podía sentir a Ciro, y algo así, me empezó a preocupar. Y luego, escuché unas palabras que rebotaban en mi propia mente, pero lo único que pude entender fue.
—Algo malo va a pasar, por favor ten cuidado cariño —una voz marchita y gastada estaba hablando
«Soy un príncipe así que nadie debería preguntarme nada...Soy el principe de la oscuridad, nadie tiene porque hablarme...Nadie tiene que preguntarme nada, aunque mi aspecto no cause esa impresión...No, no. Soy el principe de la oscuridad...» Pensaba, mientras caminaba por los pasillos, intentando mantener mi compostura, y mientras caminaba, me di cuenta que no podía irme a mi cuarto, tenía que ir a un lugar donde nadie me pueda ver.
Entonces, mi lazo se activó, y tuve que ponerme contra una pared, mientras intentaba aclarar mi vista borrosa, me sentía mareado, y el miedo me invadió, hasta el punto en que mis manos, estaban temblando y luego lo recordé.