Mi respiración se estaba agitando. No podía apartar el pensamiento de que algo le había pasado a Ciro, o de que algo le podría pasar. Caminaba por los diferentes pasillos, sin pensarlo mucho y con falta de aire, me dirigí al sótano del castillo, ese lugar era la base de todo el castillo, o al menos, algo así como el origen. Allí se encontraba el origen de la magia corrompida, pero también era uno de los lugares más extraños, podría decirse que llevaba a la locura a cualquiera que estuviera allí por mucho tiempo. La magia podría ser muchas cosas, pero era extremadamente peligrosa, y corrompida era capaz de deformar la realidad y capaz de infiltrarse en la mente de aquellos que lo piensan demasiado.
Desde que era joven, siempre supe que el castillo tendría un lugar para mí. Nunca estuve seguro, pero mi madre me había explicado un arrebato de ira, en el cual salí con ciertos golpes pero supongo que me lo busque, por meterme en su "dominio". El castillo siempre se ha visto moviéndose desde afuera hacia dentro pero no solo se mueve física, sino mágicamente también. Su magia, se relaciona con los que la poseen, mí padre tiene un salón especial solamente para él, diseñado para él y que se modifica solo por él. Y con el tiempo, todos han tenido uno, bueno, menos yo. Mi constante falta de magia no me permitió crear un vínculo profundo con el castillo. Nunca me gustó pensar mucho en eso, pero desde que Ciro estaba enlazado conmigo, no me había percatado de que nunca había tenido un vínculo con nadie, desde ese día.
"El dominio" es la gran marca de la gente de este castillo, mis hermanos tienen su propio dominio, aunque estas no son sus habitaciones. En realidad era como una parte del mundo, con la cual ellos podían identificarse.
Se rumorea que hace mucho tiempo, uno de mis antepasados del cual no se sabe quien fue, obtuvo su dominio al momento de llegar al castillo, fue tan profunda esa conexión que podía ver en el corazón de la magia, revelando una gran cantidad de secretos. Pero no todo era bueno en esa historia, existen muchas versiones de la misma, algunas dicen que enloqueció y se encerró en su dominio hasta morir en él, otros dicen que la magia lo ató a ese dominio, obligándolo a quedarse en ese lugar para siempre. Pero la más específica, y en la que personalmente creo, es la versión en la cual se explicó que ese dominio pasó a ser una extensión física de él, hasta el punto en que ya no pudo separarse del lugar y al final simplemente se perdió en la profundidad de la magia más arcaica. Por eso, los dominios son verdaderamente peligrosos cuando te dejas llevar por ellos, y aunque son una fiel representación de uno mismo, están hechos de magia, y la magia es un arma de doble filo.
Mientras pensaba en los posibles lugares en el sótano, un fuerte golpe en mi pecho me sacó el aliento y me obligó a arrodillarme por el dolor. Pero no fue lo suficientemente fuerte como para hacerme sangrar. Frente a mí, apareció una puerta que daba paso a uno de los grandes pasillos secretos del castillo, que se reflejaba en el único mapa de las construcciones que existía y que había robado. De pronto, lo volví a sentir. Un fuerte golpe en mi rostro, como si alguien me pegara un puñetazo directo en el rostro con algo duro, sentía como ardía el lugar del impacto, pero después de eso otros le siguieron.
Camine con cierta dificultad por aquel túnel de roca oscura, de pronto sentí un golpe en mi pierna izquierda y eso me obligó a sentarme apoyando mi espalda contra la pared húmeda, que seguramente este túnel pasaba por debajo de algún arroyo o río.
Entonces fue cuando me di cuenta que el libro no había soltado mi mano. Estaba pegado a mí mano, y aunque podía mover mi brazo, mis dedos no me hacían caso se esforzaban en sostenerlo firmemente. Intenté soltarlo o separarlo con mi mano, pero ni siquiera pude mover una sola hoja del libro.
—Solo la magia puede leerlo —eso era lo que me había dicho esa vieja bruja.
Mire mi brazo, me sentía incómodo de solo pensar en lo que tenía que hacer, y de pronto me llegó una idea, aunque no estaba decidido. Tomé aire, intentando convencerme de que era algo necesario. Entonces acerqué mi mano a mi antebrazo, aún estaba dudando, y con cuidado empecé a quitar una de las esquinas de mi sello más reciente una de las tantas líneas que se esparcen por mí piel desapareció, como si no hubiera existido. Antes de poder sentir cualquier cosa, mentalice la energía mágica como si fuera un torrente de líneas incoloras, que intentaba abrirse paso de manera desesperada después de estar tanto tiempo retenido, y lo intente dirigir al libro. Y luego, un fuerte golpe en mi pecho, logró desconcentrarme y parte de mi energía se materializó en una suave brisa que revolvía mi cabello, pero la gran mayoría fue atrapada por el libro que terminó totalmente abierto. Pero mi vista estaba borrosa, me sentía cansado y mi respiración se estaba volviendo más y más tortuosa.