Me sentía incómodo. Y de pronto sentí un fuerte golpe, seguido de otros, hasta que abrí mis ojos, y frente a mí se podía ver a Elián, con su mirada verde preocupada.
Me levanté como pude, con su ayuda, pero ni bien pude ponerme de pie, él volvió a golpear mi rostro, esta vez fue una cachetada que si logro despertarme por completo.
—Levantate Ciro —dijo sin esperar respuesta—. No se que haces en el piso, tampoco pienso preguntar. Algo nos está atacando.
—¿Qué nos ataca? —pregunté alterado, mientras me dirigía a mi habitación.
—No lo sé, solo sé que la defensa no aguanta más —aclaró, bajando las escaleras.
Cuando llegué a mi habitación, con la mirada buscaba a “El Kariel”, mi espada mágica. Así la había llamado mi abuela, decía que solo podía ser utilizada por alguien que tenga la capacidad para tomarla y pelear con ella. Nunca entendí porque me la dio exactamente, pero desde que tuve edad para sujetarse, jamás se alejó de mi lado. La encontré en su funda negra colgando de la cabecera de mi cama, y me prepare mentalmente para lo que sea que iba a enfrentar.
De pronto, un rugido hizo que mis huesos temblaran pero no de miedo, si no de deseo de lucha, aun así intente reprimir, porque no quería actuar de manera imprudente. Y luego otro rugido, uno más fuerte como si un general estuviera gritando sus órdenes en plena batalla, entonces mi cuerpo se movió por sí solo. Salí por la ventana, aún con el Kariel en mi mano, y me sujeté del borde del techo para ver desde las alturas. Y aunque estaba frente a mí, no podía creer lo que mis ojos me mostraban.
Varios de mis parientes lejanos, estaban uno al lado del otro, formando una cadena de oración de palabras malditas, que creaban un campo de fuerza, contra unas misteriosas criaturas. Esas cosas, estaban hechas de tierra o al menos eso parecía, estaban conectados por un extraño líquido espeso como la miel que chorreaba por sus bordes de un color rojo muy oscuro, y que al caer creaba charcos más negros que el carbon. Aquellas criaturas gritaban y chocaban contra el campo de fuerza.
Sentí como mi corazón empezó a latir tan rápido que apenas podía contenerme, mis manos empezaron a sudar y pude sentir como mi respiración se empezó a agitar. Cegado por mi instinto asesino, de un salto bajé a la entrada, aterrice frente a mi hermano Frihet, quien me miró sorprendido. Pero no pensé mucho antes de correr a esas extrañas criaturas, atravesando en bloqueo que mis parientes habían hecho, enterré mi espada en la cabeza de aquellas asquerosas criaturas, y luego de una patada la alejé de mi.
—Bien, hagamos esto —murmuré conteniendo mis ansias de pelear, pero de pronto un fuerte golpe en mi pecho me devolvió adentro, y caí frente a mi primo Dorian.
—¿Acaso estás loco? —eso fue lo que me dijo, pero mi mirada solo caía frente a aquellas criaturas que estaban gruñendo.
—Muevete Dorian —fue lo único que dije, mientras me ponía de pie—. Tengo que matar a esas criaturas —aclaré y el me desafío con la mirada—. Entonces tendré que pasar sobre ti —comenté emocionado.
Un fuerte rugido sonó detrás de él, y algo en mí se activó y gruñó en respuesta. No sabía exactamente qué me sucedía, sentía la extraña urgencia de pelear. Me estaba desconociendo por completo y entonces, en mi mente algo abrió los ojos, unos ojos rojos brillantes en medio de la oscuridad, algo despertó en mí y en ese mismo momento, sentí un fuerte golpe en mi rostro. Sev me había golpeado, provocando que reaccionara, y conmigo aquellos monstruos también lo hicieron, pero solo tardaron unos segundos antes de empezar moverse tan desesperados como un panal de abejas furiosas.
Yo solté mi espada, y luego mire a mi alrededor, seguramente mi hermano se dio cuenta de que estaba confundido, intenté caminar fuera de la seguridad y mi hermano no dudo en volver a golpearme, pero esta vez en mi pierna, para evitar que me moviera. Luego de hacer eso, me levantó sobre su espalda alejándome del lugar, con rapidez, tomé mi espada y algo paralizó mi cuerpo, pero esta vez sí era el miedo.
Un nuevo gruñido, pero este era diferente, este iba dirigido a mi. Sus extraños huecos que parecían ser sus ojos, me miraban profundamente y sentía que me apuñalaban con esos huecos rocosos. Ellos me estaban hablando, o al menos eso creía, aunque no era posible y mucho menos con aquellas horribles criaturas. Fije mi mirada en la determinada en mi hermano mayor, quien no había desviado su mirada hacía atrás, él no se había dado cuenta de lo que estaba pasando, pero sentí como su agarre se afirmó y mi corazón volvió a latir rápido, porque aquellas criaturas reaccionar ante eso y empezaron a gruñir y rugir como si intentara decir o exigir algo.
Cuando llegamos a casa, mi hermano me lanzó sin cuidado en la entrada, y yo caí sentado. El me miro con su ceño fruncido, diciendo con palabras mudas que “no me meta en esto”, y eso me dejó callado y entonces apreté a mi espada contra mi pecho, para intentar relajarme pero no podía hacerlo, el miedo me estaba paralizando completamente como si inconscientemente evitará que algo saliera de mi interior.