Los Ojos De Mi Otra Mitad | Asura #1

Capítulo 4: Año Nuevo

BILL

Mi familia y yo terminamos en un hotel que estaba realizando una celebración de Año Nuevo para sus huéspedes y aquellos que quisieran recibir el año en otro ambiente. Mi padre habló unos minutos con la recepcionista –quien, definitivamente, estaba distraída admirando a Björn–, le explicó que no éramos huéspedes del hotel y solo pasábamos por allí. Al parecer no hubo problema y nos dejaron ingresar, aunque creo que debemos agradecerle mayormente al mastodonte de mi hermano.

No la culpaba, Björn era un tipo atlético con cabello castaño oscuro y ojos azules que inevitablemente llamaban la atención. Lo que sí me impresionaba era la capacidad de mi cuñada para no arrancarle los ojos a la mujer, Aura apretaba los labios y Björn soltó una risita descarada cuando su esposa lo instó a rodear sus hombros y a su vez ella rodeaba la cintura de mi hermano.

El hotel era un lugar agradable. La celebración estaba llevándose a cabo en un pequeño salón que daba al patio principal de las instalacines. En este habían unas cuantas familias ya reunidas y al parecer habían removido la mayoría de las mesas dejando unas cuantas sillas esparcidas, además de una mesa de bocadillos. Las ventanas que daban al patio le otorgaban una sensación de frescura y amplitud al lugar. Mi hermana y mi sobrina se dirigieron directamente a la mesa de dulces a petición de la pequeña de la familia.

Me abrí paso entre las personas hasta llegar a una pared cercana a la puerta de vidrio que daba al patio. Me dispuse a observar a mi familia mientras me apoyaba contra la pared; mis padres bailaban rodeados de las demás parejas, mi hermana jugaba con Emelie sentadas en una mesa junto a otra niña mientras que Björn y Aura estaban sentados junto a ellas charlando. Era una hermosa velada y no pude evitar sonreír.

Decidí que recorrer el patio sería interesante, pero cuando salí por las puertas corredizas, la vi, estaba afuera hablando con un hombre cercano a sus 50 años con barba y cabello negro veteado de gris. Coincidir se nos está haciendo frecuente, pequeña. Toqué el brazalete que aún seguía en mi bolsillo casi de forma automática .

Alex estaba hermosa. Aproveché que aún no se había dado cuenta de mi presencia para poder examinarla a consciencia. Tal vez parecía un pervertido viéndola desde un rincón, pero no me importó. Vestía una falda vinotinto con un suéter color crema ceñido al cuerpo y, por los dioses, ¿esas son pantimedias negras? Creo que moriré, sus pequeños tacones estilizaban sus bien torneadas piernas y llevaba su cabello largo amarrado en una coleta alta.

Morí, resucité y me encontré con un ángel… Oh, vaya. Un ángel que había decidido que era el momento oportuno para voltear y encontrarme observándola como un chico obsesionado en la puerta. Lo único que mi cerebro pudo procesar fue sonreírle. Muy bien, Bill, quedaste como el acosador descubierto. Ella sonrió devuelta, le dijo algo al hombre que estaba con ella y vino hacia mí.

– ¿Estás siguiéndome? –dijo al llegar a mi lado, casi ofendida.

–Ehm… Yo… –carraspeé. –Te juro que no es mi intención. –fue lo único que acerté a decir.

–Tranquilo, solo bromeo contigo. –dijo. – ¿Cómo terminaste aquí?

–Mi familia y yo decidimos salir de casa luego de cenar. –expliqué. Respira Bill, no es posible que esta chica te afecte tanto. –No sabía que te hospedabas aquí, en serio.

–Relájate, no pienso que seas un acosador. –dijo poniendo sus manos detrás de su espalda mientras sonreía tímidamente, suspiré aliviado. –Al menos, no mucho. –agregó, cosa que me hizo levantar de golpe la mirada para encontrar como ella se reía suavemente.

–Ok, ok. Me atrapaste. –le sonreí abiertamente.

La sonrisa de ella disminuyó un poco y sus mejillas se encendieron. Recordé lo que llevaba en mi bolsillo, saqué el brazalete rápidamente y lo puse frente a ella. Parpadeó y lo miró confusa.

–Y, ¿eso?

–Yo… –dudé, ¿cómo digo esto sin sonar raro? –Lo vi en uno de los puestos navideños cuando nos conocimos en Liseberg y… –me relamí los labios, estaba nervioso.

–Y… –me instó a seguir mirándome atentamente.

–Lo compré para ti. –dije llanamente. Esperé su reacción, pero ella solo se mordió el labio inferior mientras sus mejillas mantenían el tono rosado. –Ese día había estado vagando y tropezar contigo fue… agradable. –tomé su muñeca y le puse el brazalete. –Espero que te guste.

–Es hermoso. –dijo por fin detallándolo. Me miró acercando su muñeca contra su pecho, mi mirada batallando para no bajar a esa zona de su cuerpo, y el brillo en sus ojos me indicó que realmente le había gustado. –No sé qué decir y yo no tengo nada para ti.

Fue mi turno de reír. – ¿Qué tal un baile? –ofrecí, fue el momento perfecto para que empezara a sonar una música más suave. Los primeros acordes de Our First Time de Bruno Mars saliendo por los altavoces, una sonrisa ladeada creció en mis labios.

Me regaló una sonrisa y noté que se le hacía un hoyuelo en la mejilla derecha. Adorable. Le ofrecí una pequeña reverencia y luego extendí mi mano hacia ella en una clara invitación, soltó una pequeña carcajada mientras aceptaba tomándola delicadamente y su aroma a fresas me embriagó.




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