Los Ojos De Mi Otra Mitad | Asura #1

Capítulo 26: Prueba de Vestido

ALEXANDRA

Estaba nerviosa, extremadamente nerviosa. Esperaba que mi madre y mi hermana bajaran para irnos a la prueba de vestido, Maya se encontraba a mi lado sentada en el sofá beige y, por lo tensa que estaba, sabía que compartía mi nerviosismo. El viaje en auto hasta casa de mis padres había sido tenso y silencioso.

Enfoqué mi mirada en el color melocotón de las paredes de la sala encerrada en mis pensamientos. Bill me había llevado temprano en la mañana al apartamento para cambiarme y no hacer que la situación de Maya buscándome en su auto fuera más incómoda. No estábamos ni siquiera preparados para que toda su familia se enterara que mi cuñada era una bruja. La charla de ayer se había prolongado hasta tarde, llegamos a la conclusión de que mi poder se encontraba en un punto de observación y debía ser cuidadosa.

No lo controlo aún y no pude estar más de acuerdo con los padres de Bill, lo que menos quiero es convertirme en una bola de diamante en frente de mi familia o un caballo en plena universidad. Me giré hacia Maya indecisa, este silencio estaba empezando a matarme.

–Maya… –empecé.

– ¿Sí? –respondió inmediatamente, sus cabellos rojos siendo lanzados sobre sus hombros al voltear hacia mí.

–Ahm… –dudé. –Sobre el otro día…

–¡¡Listo!! –el grito de Anna nos hizo soltar un respingo. –Sentimos la tardanza, alguien se quedó dormida y tardó una eternidad en arreglarse. –mi hermana entró seguida de mi madre pisándole los talones.

–Mi inmunidad como madre me permite tardar lo que desee. –replicó dignamente.

Maya y yo soltamos un suspiro de resignación, nos levantamos del sofá y nos dirigimos las cuatro al auto. Apenas cerré la puerta tras de mí, me lancé sobre las piernas de mi hermana acostándome sobre estas, Anna solo soltó una risita y acarició mi cabello.

–Oye, Alex. –dijo mi madre desde el asiento del copiloto, desde mi posición veía nada más su corto cabello negro y perfil. – ¿Cómo van las cosas en la universidad? Últimamente no escribes mucho y, ¿Cómo está Dylan?

–Lo siento, he estado ajetreada con las asignaturas. –hice una mueca, casi podía sentir la incomodidad de Maya desde aquí. –Los profesores están un poco más exigentes y… Dylan, él… –arrastré la palabra, Anna me dio una mirada inquisitiva desde arriba. –Terminamos. –dije con voz pequeña, repentinamente estaba fascinada por la arena rosa de mi collar.

– ¿¡Qué!? –dijeron mi hermana y mi madre al unísono, lucían confundidas y Maya ni siquiera reaccionó.

–Bueno… Peleábamos por todo últimamente y tuvimos ciertas diferencias. –me levanté sentándome recta. –Tengo planes muy distintos a los suyos y otras prioridades… Entonces, decidí que no era bueno seguir con lo nuestro… –en este punto, mi voz sonaba pequeña y parecía divagar. Todo lo que decía era cierto, pero no quería que pensaran que actué por impulso.

– ¿Otras prioridades? –dijo Anna viéndome extrañada. – ¿Cómo qué? –le fruncí el ceño aprovechando que mi madre no nos veía, ella solo me sacó la lengua. Para llevarme cinco años de diferencia, a veces era bastante tonta.

–Pues… –lo pensé un poco. –Quiero salir adelante en mi carrera, los profesores parecen verdugos estos últimos días. –solté a sabiendas de que era la excusa más patética que he dado en mi vida, mi hermana volteó sus ojos.

–Hija, para eso no era necesario terminar con Dylan. –dijo mi madre usando ese tono de voz que decía “sé que no me estás diciendo todo, recuerda que soy tu madre”. –Vamos, dime lo que realmente sucedió. –pidió suavemente, me encogí en mi asiento. – ¿Hay alguien más? ¿Se atrevió a tratarte mal? –tanteó, esa última pregunta salió con un tono de advertencia.

–Mamá…

–Alex…

– ¡Ok, ¿sí?! Me hizo dos escenas de celos en público en donde me dijo buscona, pero la guinda del pastel es que cuando le dije que tenía intenciones de terminar con él no se contuvo de llamarme zorra. –solté de golpe y me preparé para la tormenta.

Anna soltó una exclamación indignada, mi madre y Maya voltearon a verme alarmadas. Abrí mis ojos como platos al escuchar como todas hablaban al mismo tiempo enfadadas, ¿Cómo era posible? ¡Era un idiota! ¿Cómo pudo decirte algo así? ¡Con solo una palabra mía le iría a patear el trasero si eso era lo que yo quería! Se veían realmente molestas y, aunque estaban en todo su derecho, me incomodaba tanta efusividad. Hice una mueca, jamás pensé que mis oídos pudieran funcionar tan bien.

– ¡Basta! –exclamé. Todas callaron de golpe, me veían expectantes e indignadas. –Eso ya pasó y lo superé… Además, él ya no me interesa, ¿sí? –dije, ninguna reaccionaba, ¿en serio pensaban que me desharía en lágrimas? –Hace como calor, ¿no?

Salí disparada del auto, ya teníamos cerca de 5 minutos de haber llegado al lugar y tanta charla me había incomodado, mi piel se erizó inmediatamente al sentir una pequeña brisa fría y no podía decidirme si esta sensibilidad aumentada era una ventaja o no. Caminé por los pasillos del centro comercial y encontré la tienda dónde se haría la prueba del vestido sin problemas. Apenas entré, me quedé paralizada. El lugar era hermoso, espacioso y se respiraba la elegancia en el aire; de inmediato, me sentí fuera de lugar con mis jeans azul, camiseta negra amarrada al cuello y cárdigan gris… Una mujer con sonrisa fingida se me acercó.




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