Los Ojos De Mi Otra Mitad | Asura #1

Capítulo 31: Tú y Yo

BILL

Pasé las manos por mi cabello por enésima vez, mientras me dedicaba a estacionarme le lancé una rápida mirada llena de emoción al edificio donde vivían Alex y Emma, bajé del auto para apoyarme contra el capó y esperar.

Ayer, al dejar a Alex frente a su edificio luego de la sesión de entrenamiento le pedí que saliera conmigo en una cita. Una cita real, sin interrupciones. Ella se había ruborizado tenuemente y yo había sentido una inmensa alegría combinada con alivio cuando aceptó. No es que creyera que Alex fuera a rechazarme ni nada, pero era totalmente capaz de sentirme nervioso ante la posibilidad.

Cuando esperábamos la llegada de mi padre –que terminó siendo mi familia completa– en aquellos asientos del aeropuerto, mis palabras habían sido honestas cuando le dije a Alex que no daría las cosas por sentado con ella, puede que a ojos externos nuestra relación iba rápido e incluso que era un poco precipitada. Pero, no éramos humanos y  en nuestra raza las cosas funcionaban de forma completamente distinta.

Estaba seguro de mis sentimientos por Alex, es por eso que le había pedido salir en una cita conmigo. Y, no quería que ella dudara por ninguna razón de lo nuestro; sabía que era receptiva a lo que sucedía y su curiosidad por todo la alentaba a aceptar las cosas de forma natural. Eso significaba que no iba a dejar que otras personas la hicieran dudar de sus propias decisiones, ni siquiera yo.

Pensé en la sesión de entrenamiento, habían pasado muchas cosas interesantes y a mi mente vinieron las palabras de mi padre. Mi cuñada, Aura, aunque estaba casada con mi hermano y había adoptado el apellido Ahlgren, también era una Löfgren –eran una familia del norte de Suecia que tenía el poder para manipular la tierra–; no me imaginé que en representación enviarían a su prima Cassandra. Una sonrisa pequeña se formó en mis labios al recordar la reacción de Alex, su posesividad había encendido una parte instintiva en mí que me llevó a besarla de aquella forma, pero lo que más me sorprendieron fueron sus palabras. «Lo puedo sentir, cada vez que te veo», el énfasis en sus palabras solo me dejaba más que claro que, Alex era muy consciente del cambio que se formaba en ella cada día que pasaba y lo capaz que era de controlar sus reacciones hasta cierto punto… Me había mordido con fuerza, resoplé risueño al recordar eso y observé a mí alrededor.

Me crucé de brazos viendo a las personas caminar y la nube flotante llena de expectativa y nerviosismo en la que me encontraba, no hacía más que crecer con cada segundo que transcurría. Estar seguro de mis sentimientos por Alex no implicaba ser inmune a los nervios de la primera cita; todo lo que había hecho el día de hoy se sentía como una lista de pasos a seguir que me guiaban a uno de los momentos más importantes para mí: uno que viviría con Alex.

La primera impresión y la primera cita son cosas que no se pueden repetir y sí, puede que los humanos tengan más de una primera cita con personas distintas, pero cada una de ellas tiene su esencia y muchas situaciones importantes se pueden desencadenar a raíz de esta; sea buena o mala. Suspiré rememorando el día de hoy, jamás en mi vida había estado tan nervioso.

Despertar temprano y entrar en pánico por no saber que ponerme, listo. Pasar el día pensando sobre esta noche, listo. Detenerme por ser tan estúpido y alistarme, listo. Detener el auto frente al edificio de Alex y apoyarme contra el capó recordándome a mí mismo que debía respirar, listo. Asegurarme por milésima vez que el abrigo gris que llevaba se veía bien con la camisa azul y que no había olvidado ponerme pantalones, listo.

Levanté la mirada al sentir ese cosquilleo en la nuca que me indicaba sobre la cercanía de Alex, fue como si mis nervios se evaporaran y jamás hubieran existido. Mi miedo y ansías fueron reemplazados con la seguridad y confianza de que esta chica era para mí, sin ninguna duda.

Quedar embobado al ver lo hermosa que estaba Alex, listo.

Me gustaba su sencillez. Alex era de esas chicas que no necesitaba mucho para verse y sentirse bien, lo demostraba muy bien al lucir esos jeans ajustados que vestía junto a la holgada blusa verde militar. La colgante lágrima rosa del diamante en su collar parecía fuera de lugar sobre su generoso pecho pero, había una naturalidad en Alex al llevarlo, que pasaba fácilmente desapercibido.

Estaba rozagante con un rubor tenue en las mejillas y el ligero maquillaje, sus ondas castañas enmarcaban su cara hasta llegar a su cintura y me dio una sonrisa tímida cuando llegó a mi lado. Madre mía, Alex era tan bella y yo de seguro lucía como un rarito viéndola embelesado.

–Su carroza está aquí, señorita –susurré y sus ojos brillaron al sonreír.

–Bill –fue lo único que dijo, la besé suavemente en los labios y la ayudé a subir al auto, entreví a Emma cuando me di vuelta para ir a mi asiento y sonreí cuando levantó los pulgares en alto con una sonrisa tímida.

Puse el auto en marcha sin perder tiempo, de reojo noté como Alex removía sus manos sobre su pequeño bolso y su mirada fija en mí parecía examinarme abiertamente. Pude sentir sus nervios a través de nuestra conexión, pero capté como la curiosidad era más grande que éstos y eso me gustó. Una sonrisa ladeada creció en mis labios al sentir su perfume, el aroma a fresas inundando mis fosas nasales y embriagándome.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.