Los Ojos Del Mal

Angustia

Mire como casi ante mis ojos todo se volvía a repetir y sin darme cuenta apreté el gatillo, no quería ver morir de nuevo a alguien ante mis ojos sin haber hecho nada, simplemente el fuerte ruido invadió la noche y tras él salieron a gran velocidad las balas que sin ninguna piedad atravesaron por completo a aquel chico que ante mi percepción era un delincuente; la frente a la oscuridad y el frío, más la situación que estaba presenciando, solo se podía ver así.

Intente proteger a mi compañera, no quería ver morir de nuevo a una compañera ante mis ojos, pero al verla en el suelo, al verla como lloraba y gritaba entendí que me había equivocado de nuevo.

Me acerque a Kaila, note como abrazaba con fuerza el cuerpo de su hermano, Aún no había muerto. Se puso en pie de una manera violenta y lo cargó en sus brazos, arrastraba su pierna lastimada y cada paso la hacía emitir muecas de dolor. No lo soporté más y decidí tomar al joven entre mis brazos y llevarla a cuestas, renegó como era obvio, pero pronto estábamos fuera del frío bosque dentro del auto.

Conduje a gran velocidad, mientras Kaila sostenía su abrigo contra el abdomen de su hermano evitando que la sangre escapara de su interior.

El chico estaba cambiando de color, podía casi asegurar que su cuerpo estaba bajando de temperatura. No nos quedaba mucho tiempo.

Frené el auto en seco al ver la entrada del hospital, Kaila salió gritando del auto y yo fui tras ellas, pero en minutos habían enfermeros fuera verificando la situación.

Al ver al joven, al ver su estado su expresión cambió de golpe.

—Rápido, traigan una camilla —dijo uno de ellos —. Llamen al doctor y preparen la sala de urgencias.

Dos enfermeras más posaron al hermano de Kaila sobre la camilla mientras presionaba la herida, Kaila se olvidó por completo de sí misma. Simplemente corría desesperada sin apartarse de la camilla, al lado de las enfermeras y los doctores. Sentía un dolor punzante en mi pecho, su rostro deshecho, su ropa manchada por sangre, no soportaba verla; nunca la había visto así. Kaila siempre se veía fuerte y determinada, tenía una expresión seria en su rostro; siempre sabía qué hacer o decir, pero esta vez no era el caso y el culpable de su estado no era nadie más que yo.

Un doctor tomó mis manos con delicadeza y me soltó de la camilla. Solo pude ver como dos puertas se abrieron dejando escapar una luz brillante, mientras mi hermano era introducido en ella, para luego cerrarse y dejar un silencio frío acompañado de un estrés y angustia papalente.

Todo a mi alrededor había desaparecido, incluso el dolor físico de mi cuerpo, yo me encontraba tirada en el suelo cerca de las puertas con mi cabeza oculta entre mis rodillas. Solo podía sentir el latido de mi corazón, latía con fuerza. Mi corazón golpeaba insistentemente mi pecho y mi respiración también se encontraba acelerada, mis manos sudaban y era casi imposible para mi controlarme. Me encontraba sumida en la espera de que la cirugía saliera bien y de esa sala mi hermano saliera con vida,era lo único que me importaba.

A lo lejos escuchaba una voz, sabía que estaba dirigida a mi pero no lograba entenderla, ni siquiera me importaba hacerlo. Hasta que una mano cálida tocó mi espalda junto con una voz rasposa y me hizo levantar la mirada.

—Kaila ¿Estas bien? —dijo Demian mirándome preocupado.

—No —respondí de manera seca.

Demian no dijo nada y solo se arrodillo junto a mi y me abrazó, estaba sorprendida pero debido a la situación la única reacción que mi cuerpo tuvo fue sacar la frustración con gruesas gotas que salían sin control a través de mis ojos cansados y recorrían mi sucio rostro lastimado. Apreté su espalda fuertemente y cerré mis puños, él solo me daba ligeras palmaditas en la espalda.

—Déjalo salir todo —dijo Demian con suavidad.

Después de unos minutos me separe de él y limpie mi rostro. Demian se puso de pie

—Creo que puedes sentarte allí —dijo señalando unas sillas que se encontraban un poco lejos.

—Pero quiero estar cerca —respondí.

—Lo sé, pero puede tardar un tiempo, lo mejor es que vayas a ese lugar —dijo Demian ofreciéndome su mano para ayudarme a ponerme en pie.

Al intentar hacerlo me tambalee un poco debido a un dolor que me atravesó desde mi tobillo. Se me había olvidado por completo que hacía unas horas me había lastimado. La adrenalina que sentí al ver a mi hermano sumado a la angustia que sentía, me hicieron ignorar el dolor por completo, pero ahora se podía notar a simple vista que mis heridas eran variadas y en especial mi tobillo se encontraba realmente inflamado. Mi rostro así como mis brazos tenían golpes,rasguños y cortes que desprendían hilos secos de sangre. Sin contar que mi ropa estaba manchada por completo debido a la sangre de Tomas. Demian posó su mirada de arriba a abajo recorriendo por completo, su expresión cambió por completo, sentí que deseaba regañarme, pero al mismo tiempo quería preguntar, pero no se atrevía a hacerlo.

—Déjame ayudarte —dijo Demian mientras me tomaba por la cintura y posaba mi mano en sus hombros. A un paso lento me ayudó a llegar hasta donde se encontraban las sillas.

—Gracias —respondí —. No tienes que quedarte aquí.

—Te vi cuando llegaste al hospital, creo entender lo que sucedió, pero verte así realmente me preocupa.

—No debes hacerlo, estoy bien.

—No diré nada, pero no lo estás. Debes ir a tratar tus heridas.

—Lo haré luego,no te preocupes —respondí.

—Está bien ¿Quieres que llame a Jason?

—No, lo haré yo —dije mientras buscaba mi celular en los bolsillos y me di cuenta de que no llevaba conmigo. De seguro lo dejé caer y no me di cuenta.

—¿Qué pasa si no tienes celular? —preguntó Demian.

—No, creo que lo perdí, Jason debe estar muy preocupado.

—Lo llamaré no te preocupes.

—Si, gracias creo que él y Cristal deberían estar aquí.




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