Los Ojos del Pez

MUY DENTRO DE TI

¿Qué ha estado haciendo Pez durante estos días?

Se ha encontrado meditando con los monjes en las montañas. Intentando encontrarse consigo mismo y encontrar la paz interna.

De aletas cruzadas, con los ojos cerrados en pleno silencio, solo escucha la naturaleza le rodea; la cascada, el viento, las aves.

En un principio no había conseguido comprender como los monjes y los demás aprendices lograban concentrarse tan bien sin quedarse dormidos. En variadas ocasiones, terminaba quedándose dormido o cantando una canción, para después, ser regañado. Al cuarto día, fue cuando pudo escuchar una pregunta desde lo profundo de su ser.

—¿Qué sientes en lo más profundo de tú ser en este momento?

—Espera… ¿Quién eres tú? —preguntó, el pequeño vertebrado en su mente.

—Soy tu conciencia.

—¿Mi...? ¿Mi conciencia?

—Así es. Finalmente, has conseguido conectarte con tu yo interior. Felicidades, Pez.

—Oh... ¡Wow! ¡Eso es genial! Pero… ¿Qué debería de hablar contigo?

—Pues responde a mi pregunta y podremos llegar a algún lado.

La voz interna de Pez habla con mucha delicadeza y suavidad. Es algo que le invade y relaja profundamente.

—¡Sí, sí! La pregunta, lo había olvidado con toda la emoción. ¿Podrías repetírmela? Por favor.

—¿Qué sientes en lo más profundo de tu ser en este momento?

—¿Puedo ser directo?

—Por supuesto, aunque trata de no dañarte.

—No, no lo haré esta vez, no más. Porque por primera vez en mucho tiempo, me siento muy feliz.

—¿Por qué? —preguntó la voz.

—Siento que he estado yendo por buen camino luego de un largo tiempo, y finalmente puedo sentir que está de vuelta mi antiguo yo. Ese por el cual lloraba repetidas veces cada noche al recordar que me había abandonado.

La voz solo atendía con breves sonidos se asentimiento, no quería tener que interrumpirle, Pez se sentía bastante apasionado contándolo todo.

—El otro día antes de venir a las montañas, recordé que mientras crecía, trataba de no soltar la mano de mi infancia, de mi infantil personalidad que disfrutaba y se asombraba con cada cosa que veía. Con un interior tan inocente, tan puro, tan lento, que disfrutaba cada momento como si el mundo se fuese a extinguir en cualquier segundo. Entonces, cuando volví a encontrar a mi yo interior, le dije.

"Mi querido yo.

No vuelvas a abandonarme nunca más, otra vez.
Sin ti, pierdo la esencia de quien soy y de quien fui.
Jamás dejes de ser quién eres, sin importar cuánto tengas que madurar cada día, para sobrevivir en este nuevo mundo, que no deja de cambiar.
Sé que te has ido un tiempo, para tomar un descanso de mí. Alguien quien no dejaba de derramar lágrimas por el pasado, esperando a que las cosas fueran como antes... Pero eso no pasará, el mundo sigue girando y no hay forma de volver atrás.

Son palabras muy poco alentadoras y lo sé.
Aun así, estoy aquí, esperándote luego de un largo tiempo y me has traído lo que me habías prometido.
Aquella felicidad que extrañaba. Las infantiles risas, la inocente y profunda imaginación que a ningún niño y adulto, jamás se le debe de arrebatar por nada del mundo. Y esos infinitos sueños e imaginaciones, que son lo más preciado en este mundo, para mí."

Luego de aquellas palabras, existió un largo silencio dentro de su mente, habrán pasado unos cuantos segundos hasta que cualquiera de los dos empezara a hablar.

—Mi querido yo.

—¿Dime?

—No vuelvas a dejarme otra vez. Porque si lo haces, jamás dejaré de buscarte, otra vez.




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