Los pasos mojados

Marcos

Marcos nunca desayuna, entre eso y que consigue desperezarse, mear, ducharse y vestirse en menos de 5 minutos ha desarrollado el superpoder de levantarse de la cama 6 minutos antes de empezar la jornada laboral.

Su novia Berta lo agradece porque sabe que dispone del baño para ella desde las 7 de la mañana, que con que esté libre a las 7:54 a Marcos le sobra así que su “hola, amor, me voy al trabajo, gordi, que tengas buena mañana” se produce siempre a las 7:57, antes de cerrar escandalosamente la puerta de casa, pues a Marcos le gusta oír desde la ducha que ella ya ha salido de casa, porque si sale de la ducha y no ha oído la puerta se pone nervioso, recorre el pasillo, la habitación, la cocina, el salón, y evidentemente ella se ha ido y simplemente no ha oído el estruendo esta vez, pero a ver si la ha pasado algo, a ver si está en alguna estancia y no la he visto, a ver si la ha pasado algo, a ver si alguien la ha secuestrado (como si alguien fuese a secuestrar en un barrio donde los mendigos ni paran porque se sienten culpables de tener más de los que viven allí, típico chiste del bar Manolo regentado antes por Manolo el franquista y ahora por el chino Juan porque los occidentales son medio bobos y no pronunciarían bien su nombre en mil años) y, mientras enciende el ordenador, coge el móvil ansioso, preocupado, nervioso, para preguntar a Berta si todo está bien, que no ha oído la puerta, ¿todo bien? ¿ya de camino? ¿el coche bien? recuerda que si no el autobús pasa justo ahora a las 8.

Y Berta, que lo conoce desde hace años y ha dejado de odiar eso que hace para, no diríamos amarlo sino asumirlo, recibe dos, tres, cuatro mensajes seguidos en el móvil y sabe que es Marcos y, sin mirar lo que dice simplemente abre el teclado, cuando se detiene en el primer semáforo, busca en los iconos recientes el de la mano con el pulgar hacia arriba y se lo manda.

Pero Marcos hoy ha oído la puerta y está esperando a que el ordenador termine de encenderse. Tiene una reunión a las 8, que cuando la puso no le pareció mala idea porque ha quedado con Sofía, que es una mujer con la que ha tenido mil reuniones pero a la que nunca ha visto, ella nunca enciende la cámara, y cuando la reunión es con ella él tampoco la enciende, pero hoy el ordenador tarda en encender, va lento, no responde del todo bien y cuando se mete en la reunión no ve que la cámara sí está encendida. Ella ya está conectada, como siempre con la cámara apagada, y él tiene dudas de si apagarla o no, si ella no hubiera estado lo habría hecho si problema, pero ahora le parece feo hacerlo así que hace como que no se ha dado cuenta y la saluda.

“Lo primero perdón por las horas pero tengo el día hasta arriba y no podía en otro momento” “No pasa nada, lo que necesites” “Bueno, empezamos si quieres” “¿Tengo que poner la cámara? Me sabe mal que tú la tengas y yo no” “¿La tengo puesta? Vaya, no me había dado cuenta” “Espera que la enciendo, que no me parece justo” “O la puedo apagar yo” “No, no, la enciendo, que no me parece bien que tú sí y yo no, si total es manía personal”




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