Los pasos mojados

Marcos no cree en el destino

Marcos no cree en el destino, no cree en las cartas marcadas, no cree en un ente superior bondadoso ni en un ente superior malvado, no cree en que el futuro sea inevitable y nadie tenga nada que decir, no cree en el horóscopo aunque es cierto que cuando va en el metro y encuentra una hoja con los signos zodiacales en ella se la acerca disimuladamente, nunca la llega a coger con las dos manos, simplemente la acerca hasta una distancia legible, tuerce el cuello de una manera que parezca que mira al suelo pero mira al papel y busca su signo, del que, como no cree, no tiene claro si es Aries o Piscis, y como no cree pues nunca se ha parado a buscarlo porque sería dar cierto crédito a algo en lo que no cree así que busca los dos signos y los lee. Si Aries es bueno ya no lee Piscis, o si Piscis es bueno ya no lee Aries, lo primero que esté en la hoja. Si el primero es malo o no le convence demasiado se dice “bah, si esto es pura superchería” y lee el segundo. Si el segundo tampoco le gusta se dice “menudas tonterías escriben en estos papeles”, si el segundo es bueno lo analiza más de lo que hubiera analizado si el primero es bueno, repasa el día que tiene por delante, o ha tenido por detrás, e intenta encajar las piezas, que al final, como no cree pues algunas sí cuadran y otras no, y eso le da la tranquilidad para pensar “es que es pura superchería”. A veces encajan todas las piezas y “suerte y casualidad, el que lo ha escrito ha tenido el día” o “seguro que esto que hoy ha escrito en ese signo mañana va en el otro” o “si escribes algo tan genérico va a encajar a todo el mundo” o “pfffffff, paso” y vuelve a empujar la hoja hacia el lugar del que vino para que nadie ponga en duda si la ha leído o no.

Pero hoy Marcos siente que algo en lo que no cree ha entrado en juego, acaba de colgar la videollamada con Sofía y la pantalla ha pasado a modo reposo, se ha quedado negra y ve su reflejo en ella, y detrás de su reflejo ve los ojos de Sofía, ve una mueca que le ha hecho dos veces, una mueca donde aprieta los labios y cierra los párpados, una mueca que le ha parecido increíblemente graciosa y tierna, ve el pelo rubio, liso, largo, tan largo que desde la cámara no ha podido apreciar dónde terminaba, ve la sonrisa que ha salido un par de veces de sus labios, ve que no creer ahora mismo tal vez no tenga sentido.

Porque ayer Berta se fue de casa, no de manera definitiva “nos tenemos que dar un respiro” la dijo él, y ella no entendía por qué, y él “porque necesitamos pensar si esto funciona o lo estamos forzando para que funcione” y ella no entendía por qué “has conocido a otra, ¿verdad?” y Marcos solo podía responder “sabes que nunca estaría con otra estando en una relación” y Berta “yo no sé nada, no entiendo nada, ¿no estamos bien? ¿no estamos a gusto el uno con el otro?” y Marcos no puede decir que si la está diciendo que necesita un respiro evidentemente esas preguntas se contestan por sí mismas pero en realidad tampoco puede decir lo contrario porque el 90% del tiempo sí están bien, sí están a gusto el uno con el otro, pero ese 10% restante lo desbarata todo. Marcos no es celoso pero Berta sí “esa te mira mucho, deja de darla pie, a menos que tú también quieras algo, claro” pero “no sé a quien te refieres ni de lo que estás hablando, el vagón está lleno, hay mil personas en este metro (tiene ganas de bromear con dime quien es la que me mira y a lo mejor me lo pienso pero no quiero un terremoto en plena hora punta) deja de decir cosas sin sentido, por favor” y Berta se encoge de hombros y se da media vuelta musitando “a mí no me engañas, estáis todos los días igual” y Marcos lo entiende sin problema porque a esas horas de la mañana el vagón está en silencio como un camión que va al matadero, porque nadie quiere estar ahí y porque nadie quiere cruzar una palabra con nadie, no digamos ya miraditas cómplices y con deseo, pero decide que es mejor no seguir con la conversación/discusión/cuento de terror y decide jugar a cara o cruz: si se calla puede que Berta lo de por terminado, que no tenga más ganas de seguir y lo deje pasar (al menos hasta que ambos regresen de sus trabajos por la noche), si responde puede que ella entienda que nada de lo que dice tiene sentido y decida mirarle con reproche pero lo deje pasar (al menos hasta que ambos regresen de sus trabajos por la noche), si se calla puede que ella se gire y “¿no dices nada? ¿Te da igual? ¿Te doy igual?” y no es una conversación de metro así que se retomará esta noche después del trabajo, si responde puede que ella le clave los ojos, esos ojos oscuros que siempre han encantado a Marcos, y le reproche que “siempre tienes una excusa, siempre es cosa mía que veo lo que no hay, tú nunca haces nada, tú eres inocente, tú eres… mira, paso, lo hablamos esta noche” y mientras piensa qué hacer, si callar o no callar, qué decir o no decir, llega la parada de metro de Berta, donde se baja dándole la espalda, no se gira, ni un reproche ni un afecto, simplemente se baja y camina hasta que la multitud la engulle y Marcos ya solo puede pensar que esa noche no pinta nada bien.

Y ese 10%, esas peleas de metro, esas miradas que no existen para nadie que no sea Berta, esas gotas van rebosando el café, su cuarto café del día, y ayer decidieron, Marcos decidió, que era mejor darse un respiro, y Berta decidió que no iba a contestar a nada, decidió coger la maleta que aún no tenía deshecha porque acababan de volver de vacaciones hace una semana, decidió llamar a su mejor amiga, probablemente la única que jamás había puesto ojitos a Marcos, y ocupar su sofá durante unos días, hasta que todo se aclarase y Marcos sea consciente de que están bien, de que no pasa nada malo, hasta que Marcos vea que la otra no le va a dar lo mismo que le da ella, hasta que recapacite y se deje de las tonterías que les dan a los hombres, de verdad, todos iguales, qué asco, de verdad que ni sé por qué estoy con él si no se da cuenta de lo bueno, de verdad que a saber a quien ha conocido y qué busca esa zorra, de verdad que seguro que ni le ha dicho que tiene novia, y la amiga de Berta no puede pronunciar ni una palabra, porque se intuía que Marcos no estaba a gusto, no por nada que le haya dicho pero ella esas cosas las ve, y conoce un poco a Berta y sabe que a veces pierde el discurso y la razón, que se obceca con ver cosas que no son, y la gustaría poder decirla que “Marcos no haría eso en la vida, si es la persona más decente que conozco, si es el único chico en la faz de la tierra que jamás se iría a la cama con nadie estando contigo, aunque se le pusiera a tiro Charlize Theron, de verdad que Marcos no haría eso” pero solo puede decir “aha”, “ya”, “claro”, “vente”, “aha”, “hablamos”, “aha” y se hace a la idea de que en menos de una hora la tendrá en su casa, en el sofá, despotricando a base de frases inconexas que no llevan a ningún lado, dando vueltas una y otra vez a una idea equivocada que solo ella no ve lo equivocada que está.




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