Los pasos mojados

Sofía cuelga la videollamada

Sofía cuelga la videollamada y va a la cocina a por otro café, pero la cafetera está vacía, a veces está convencida de que hay alguien viviendo en su casa que se bebe el café cuando ella no mira, no es normal que se vacíe tan rápido, está convencida de que ella no ha tomado tanto, está convencida, es imposible, pero igualmente la cafetera está vacía.

La vuelve a llenar de agua, vuelca lo poco que queda del paquete de café y la cierra, apunta en el móvil “café” y cuando va a apagarlo una notificación salta “tienes 3 mensajes nuevos en Tinder”

Por lo general no contesta ni mira los mensajes en horario de trabajo, se ha impuesto que esa aplicación se abre solo a partir de las 7 de la tarde, y cada vez la cuesta más abrirla, se imagina en una jungla rodeada de depredadores, indefensa, sin ganas de pelear pero tampoco de huir, y cada vez que la abre ve cómo se le va el tiempo para nada.

Decide que mientras toma café va a ver los mensajes, solo mirarlos y ya porque sabe que seguramente ni siquiera merezcan una contestación o el más mínimo interés.

“Hola” dice el primero, escueto, sin nada más que añadir, educado pero con desidia, mira su foto y descarta, hace tiempo que decidió que si alguien no la crea interés en las primeras cinco frases mejor no perder el tiempo, “no estoy para tonterías” se dice siempre que descarta los perfiles.

“¿Qué haces esta noche? ¿Nos vemos?” este es de alguien con el que quedó hace un mes, no hubo la más mínima conexión pero sigue enviando mensajes de vez en cuando. Está convencida de que va por turno, de que está en una lista y va mandando mensajes cada día a ver si alguien contesta que sí, siempre el mensaje llega cada cuatro días exactos, sobre la misma hora y siempre con el mismo texto, de hecho sube un poco para ver el historial de mensajes, a los que no ha llegado nunca a contestar y “¿Te animas a vernos luego?” “¿Tomamos algo esta noche?” “¿Un cine luego?” seguido de el título de una película que no vería jamás.

“Con esos ojos “ y directamente no quiere leer más, borra el mensaje, que es un buen párrafo de texto, la experiencia le ha demostrado que ese inicio y un trozo de texto no indica nada bueno.

El café sube, se lo echa en la taza, ardiendo, y vuelve al portátil. Tiene un email de Marcos, “a saber qué se le ha olvidado en la reunión, luego lo leo”




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