Los pasos mojados

La semana para Marcos transcurre entre email de trabajo y otros

La semana para Marcos transcurre entre email de trabajo y otros, que realmente son los que espera y recibe con una sonrisa tonta en la boca, de no trabajo.

Sofía le amenaza con llamadas intempestivas de sistemas automáticos, Marcos responde que para lo que duerme tampoco pasa nada, que su jefe le tiene frito y que la mayor parte de las noches acaba trabajando hasta horas indecentes, Sofía le ofrece ayuda si puede en algo, Marcos lo agradece pero rechaza amablemente, Sofía le da consejos para no tener el trabajo como única meta, ella ha pasado por ahí y ha sufrido en carnes propias lo perjudicial que es, aunque sabe que es un defecto muy típico de la edad querer darlo todo, y otro muy típico de la edad pero esta ya más avanzada, querer que la vida no pase en una oficina frente una pantalla.

Son mensajes de ida y vuelta que sorprenden a uno por la cercanía, por la aparente sensación de dejarse llevar, por las coincidencias entre ambos, y a otra por la sorprendente madurez de alguien de esa edad, una edad a la que Sofía recuerda estar totalmente perdida, que no es que ahora no lo esté en realidad, pero en esos años solo sabía que su misión más clara era respirar, el resto venía y se iba del mismo modo, simplemente seguía la vida, se había dejado llevar, y ni tan siquiera lo había hecho de forma premeditada, simplemente la vida la iba conduciendo.

Marcos lee atentamente los mensajes y, cuando los responde, imagina qué puede responder Sofía, por lo general nunca acierta y eso le encanta. Imagina que Sofía responde “pues a eso habrá que ponerle solución” y a partir de ahí sigue con una rama del universo que seguramente nunca se de, incluso en esa rama va creando otras tantas que se bifurcan y bifurcan y, cuando se quiere dar cuenta, el reloj ha llegado donde no debía y el trabajo no ha llegado a ningún sitio.

Y mientras recibe emails de trabajo y de no trabajo se pregunta por qué no recibe mensajes por ninguna otra vía, habiendo dejado claro hace días que el teléfono del pie del email es el suyo, el personal, el de Marcos, sí, el mío, al que se puede escribir porque no es de empresa, sí, ese, que puede recibir mensajes igual que el resto de teléfonos, no solo mensajes de email, eh, mensajes, de esos que ya son más personales porque no tienen una cuenta de empresa asociada, esos de “hola...”, esos de “pues hoy he ido al supermercado y había…”, esos de nada pero todo, esos mensajes que Marcos no recibe y quiere recibir, y se pregunta y se pregunta, y abre vías en universos alternativos que se descomponen y nunca se cumplen, ninguna.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.