Ha pasado una semana desde el primer correo, ese en el que Marcos dejaba claro que el teléfono del email era su teléfono, no es del trabajo, no el de la oficina, su teléfono, ese al que llamas y responde Marcos, no una centralita telefónica, no una voz amable que pregunta “¿con quien desea usted hablar?”, no, el suyo, ese al que si mandas un mensaje solo lo recibe Marcos, porque ese whastapp solo lo va a leer él (sobre todo ahora que Berta no está en casa, porque está convencido de que Berta alguna vez sí desbloquea el móvil y en realidad tampoco le importa nada, no tiene nada que ocultar), su teléfono y de nadie más, su teléfono y no de una empresa.
Está convencido de que los emails han abierto un camino que quiere seguir pero a la vez no recibir mensajes le crea la duda, porque en todos los universos que abre, cierra, bifurca, expande, en ninguno de esos universos Sofía siempre manda mensajes al teléfono, en todos, y se pregunta por qué en este, en el único que le importa, eso no sucede.
Tiene la cena en la mesa, aún no ha dado ningún bocado, una serie en la televisión detenida en el primer segundo, y decide que hay que forzar un poco al universo entonces. Mira la hora y es tarde pero no mucho así que decide dar vueltas a una frase con la que abrir el camino de los mensajes. Escribe de todo, escribe mil veces y borra, ninguno le parece lo suficientemente despegado y a la vez lo suficientemente personal y digno de seguir a los emails.
Después de varios minutos, de cambios y cambios, de esta palabra sí pero esta mejor no, de revisar la ortografía, después de que la cena esté fría y la televisión haya reiniciado la serie, al fin lo que hay en la caja de texto sí le convence: “empiezo a dudar de si existes más allá de los emails”.
Da un bocado al salmón, frío y correoso, ni lo nota, lee, relee, otro bocado, se come la piel del salmón, algo que odia con todas sus fuerzas, ni lo nota, relee y lee y envía.
Enciende la serie, deja el móvil sobre la mesa, lo más alejado posible, así se obliga a no mirar, se conoce y sabe que si no lo hace va a estar tocando la pantalla cada pocos segundos.
Puajjjjjj, se ha comido la piel del salmón y encima está frio, y la serie no enciende porque la televisión ha decidido no obedecer después de tanto reposo. ¿Y el postre? Se ha olvidado de traer el postre.