Los pecados de nuestra sangre

Capítulo 1 Ep. 2

 

⸺Número 359, ¡arriba! ⸺Ordenó el oficial correccional. Aion miró al guardia y se puso de pie. Frunció el ceño acercándose y aferró sus manos a las barras de hierro.

⸺¿Qué?

⸺Manos en el cajón. ⸺El guardia señaló la rendija por la que solían entregarle sus pertenencias.

Las manos de Aion se movieron automáticamente por su propia voluntad, yendo directamente a la hendidura donde las dejó caer. Sintió un escalofrío desagradable cuando el frío metal de las esposas se apretó alrededor de sus muñecas, ahora era algo común, por supuesto. Una vez esposado, el guardia abrió su celda y lo miró fijamente a los ojos antes de ajustar una gran cadena a su cintura y agacharse para esposarle también los tobillos a la cadena.

Aion permaneció quieto, sin mostrar ninguna emoción. Sólo miraba la cara del guardia con una expresión neutral y seria en su rostro.

Ni siquiera protestó por el peso de aquellas cadenas de hierro como solían hacerlo otros prisioneros, no quería recibir una paliza por parte de los guardias que aprovechaban cualquier intento de rebelión para castigarlos violentamente. Él obedecía sin decir una palabra, había aprendido esto de las acciones de su padre, había aprendido que el camino más fácil y de menor resistencia era el que podía resultar en menos daño.

⸺Ya sabes lo que sigue, ¿verdad? ⸺El guardia sonrió⸺. Habitación 102. La Dra. Madrigal te espera. Nada de juegos, haces lo que te dicen, respondes a lo que te preguntan. ¿Está claro?

Aion mantuvo sus ojos fijos en los ojos del guardia. Sabía lo que iba a pasar, ya había pasado por esto antes, sabía que lo llevarían a esa misma habitación y que la Dra. Madrigal se prepararía para comenzar su tortura nuevamente. Aion también sabía que debía comportarse en el momento en que pusiera un pie en la habitación, no tenía intención de jugar con ella hoy, no quería pretender que era uno de esos personajes odiosos e ingobernables.

El guardia apartó la vista, parecía muy satisfecho con el silencio y la obediencia que Aion le estaba mostrando. Así eran todos ellos, se sentían poderosos y superiores por tenerlo bajo control, Aion lo notó con la mirada condescendiente que el hombre le dio un instante luego. No le importó. Simplemente esperó a que comenzaran a caminar para ir a esa maldita habitación, su corazón latía rápido, todo su cuerpo estaba tenso, se estaba preparando mentalmente para hacer lo que tenía que hacer con la Dra. Madrigal.

El guardia se paró frente al pasillo y se dio la vuelta para darle una última mirada de pies a cabeza. Luego inhaló profundamente.

⸺Muy bien, recuerda, estaré aquí. ⸺Señaló con el dedo⸺. No intentes nada estúpido, 359 ⸺le advirtió con severidad y luego abrió la puerta enrejada para que fuera por su cuenta a la habitación 102.

Aion asintió con la cabeza, y fue allí, el sonido de las cadenas arrastrándose en el piso hacía ecos en el amplio corredor. No parecía asustado o nervioso, pero le estaba tomando un gran esfuerzo mantener la compostura y parecer despreocupado. Se dirigía a su tortura semanal con la Dra. Madrigal, no tenía más remedio que hacer lo necesario para terminar con aquello cuanto antes.

Cuando la Dra. Madrigal abrió la puerta, ella asomó la cabeza y vio al guardia en la otra punta del pasillo, sonriendo.

⸺Es todo suyo, doctora ⸺dijo el hombre, y volteó riendo burlescamente mientras se cruzaba de brazos y se afirmaba contra la puerta enrejada que Aion había cruzado solo, y donde iba permanecer hasta que su reunión terminara, para llevarlo de regreso a su celda.

La mujer se encogió de hombros y se enfocó en él.

⸺No le hagas caso ⸺le sonrió y le hizo señas para que entrara a la habitación.

Aion entró y le dio una mirada al menos neutral, se sentó en la silla en la posición que la Dra. Madrigal le pedía que se sentara.

La doctora hizo lo de siempre: puso candados en las cadenas de sus tobillos que lo sujetaban al suelo de hormigón, luego le ordenó que mostrara sus manos y le puso un candado más en las muñecas que mantenía sus cadenas sujetas a la mesa de metal. Ella le sonrió como si fuera lo más normal del mundo ser tan cautelosa.

⸺Es solo el procedimiento ⸺dijo ella casi en una disculpa, y se sentó frente a él, sacando su libreta y su bolígrafo.

Aion asintió con la cabeza, ella debía mantenerlo bien controlado y bien restringido. Esta situación no era nueva, había experimentado esto varias veces, y cada vez era peor de lo que había sentido en su reunión anterior. Él seguía mirándola sin decir nada, solo tratando de parecer el recluso más dócil y acomedido con el que ella haya lidiado.

La Dra. Madrigal suspiró, revisando las notas anteriores de sus reuniones. Ella era atractiva, morena, con rasgos latinos, de ojos oscuros y grandes, labios carnosos y prominentes al igual que sus pechos prominentes que Aion podía advertir de buena fe bajo su uniforme profesional.

⸺¿Continuamos donde lo dejamos la semana pasada, o tengo que repetir las mismas preguntas una y otra vez? ⸺preguntó ella, y los ojos de Aion se apartaron de sus pechos para enfocarse en sus ojos oscuros de nuevo. Ella le sonreía suavemente⸺. ¿Me vas a ayudar y te vas a ayudar esta vez, 359?

Aion se reacomodó en el asiento, las cadenas tintineando mientras intentaba mantener su ira y ansiedad alejadas de la superficie. Pensó por unos segundos antes de responderle. Pensó en la doctora, ella era muy linda y siempre era muy amable cuando hablaba con él, a diferencia de todos los demás. Pero la idea de que ella tratase así a un asesino era sospechoso.




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