Los pensamientos mutuos

Capítulo 1: El eco en la tormenta

La noche que cambió todo comenzó con una tormenta sobre Buenos Aires. Los relámpagos partían el cielo y Clara pensaba que el universo parecía estar gritando. A varias cuadras de distancia, Tomás pensaba exactamente lo mismo: “El cielo está hablando.”

No era la primera vez que coincidían. Desde hacía meses compartían pensamientos breves, emociones repentinas, imágenes que aparecían en sus mentes como reflejos en un espejo invisible. Pero esa noche fue distinto. El pensamiento no se desvaneció. Permaneció, vibrando entre ambos como un puente firme.

Clara imaginó una torre antigua en medio de la ciudad, un lugar alto donde pudieran ver el horizonte completo. Tomás, sin saber por qué, tomó su abrigo y salió en dirección a una vieja estructura que siempre le había intrigado. Cuando se encontraron frente a frente bajo la lluvia, ninguno se sorprendió.

—Sabía que estarías aquí —dijo Clara.
—Yo también —respondió él.

Subieron los escalones húmedos hasta lo más alto. Allí, con el viento golpeando fuerte, entendieron que su conexión no era casualidad. Cada pensamiento compartido parecía empujarlos hacia algo mayor, como si una historia aún no escrita los estuviera guiando.

Entonces ocurrió algo inesperado: ambos visualizaron un mapa, no físico, sino mental. Una ruta marcada por puntos brillantes que cruzaban la ciudad. Sintieron el impulso de seguirla.

La tormenta cesó lentamente, como si hubiera cumplido su misión. Desde lo alto, Clara y Tomás comprendieron que su vínculo era más que coincidencia. Era una invitación.

Y decidieron aceptarla.




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