Los pensamientos mutuos

Capítulo 3: La prueba del silencio

El tercer punto del mapa los condujo a un teatro abandonado. El interior estaba oscuro, cubierto de polvo y ecos del pasado. Al cruzar la puerta, el libro cayó al suelo y se abrió solo.

Una nueva frase apareció: “Sin palabras.”

De inmediato comprendieron la prueba. No podían hablar. Debían moverse, decidir y actuar únicamente a través de sus pensamientos compartidos.

El escenario crujía bajo sus pasos. Una serie de trampas mecánicas se activaban con cada error de sincronización. Cuando Clara dudaba, una cuerda descendía del techo. Cuando Tomás se distraía, una compuerta se abría bajo sus pies.

Respiraron hondo y buscaron calma. Pensaron en lo mismo: confianza.

Paso a paso, comenzaron a anticipar los movimientos del otro. No había miedo, solo una concentración profunda que los conectaba con precisión. El teatro dejó de ser una amenaza y se convirtió en un desafío superado.

Al llegar al centro del escenario, una luz tenue iluminó el lugar. El libro mostró una nueva frase: “Han aprendido a escuchar.”

Clara sonrió. Tomás también.

Habían superado la prueba más difícil: comprenderse sin necesidad de voz.




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