El día que conocí a Bianca algo se movió dentro de mí, algo me dijo que debía hablarle porque una persona como ella era un diamante de esos que son difíciles de encontrar y de los cuales hacen a quienes los encuentran, las personas más afortunadas. Cuando la vi pasar esas puertas de la antigua librería en donde trabajaba para poder pagar el alquiler de mi habitación, fue como que si el mismo cosmos se estuviera acercando a mi escritorio.
-Buenos días, ¿en dónde puedo encontrar la sección de arquitectura contemporánea?
Luego de que mis pensamientos se disiparan un poco, logré contestar.
-Buenos días, entre el pasillo 2 y 3 pasando por la arquitectura gótica.
-Muchas gracias.
Ella sonrió de la manera de la cual me enamoraría ya que sonrisas como esas, tan puras y auténticas solo las había podido encontrar en la luna, en su manera de cambiar dependiendo como el sol la ilumina.
No pasó mucho tiempo para que ella se convirtiera en mi cosmos, lo era todo y lo seguirá siendo ya que, al igual que el cosmos, ella es algo infinito para mí.