Luego de la semana más caótica en la facultad de Arquitectura y de dormir por más de doce horas seguidas, me dispuse a devolver los libros que había casi que raptado de la biblioteca. Ese lugar me fascinaba, desde antes de empezar la carrera me había dejado anonadada el nivel de detalle en ese edificio con sus columnas imponentes, la madera presente en cada espacio y todas las historias que había recolectado durante décadas. El solo hecho de pasar por esas dos grandes puertas y ver el montón de libros apilados en estanterías que podrían tener el doble de mi edad me generaba un sentimiento de paz indescriptible.
-Buenos días, vengo a devolver estos libros.
-Hola, claro. Déjame busco tu tarjeta en el archivo y te los recibo.
-Gracias y disculpa por el otro día, estaba teniendo una semana terrible y el café con la red Bull ya no hacia efecto en mi sistema. Sonreí.
-Tranquila, pasa más de lo que se cree, si me pagaran por despertar estudiantes antes del almuerzo, de cerrar o incluso a los infiltrados que se quedan por las noches y que encuentro hasta en la mañana antes de abrir, sería millonario.
-Entonces despiertas a todo el campus.
Ambos reímos en bajo, nuestras miradas se encontraron y por primera vez, aunque muy leve, llegué a sentir como una estrella fugaz cruzaba por mi corazón como un flechazo, y en realidad eso fue, la sonrisa de aquel joven había deslumbrado a mi corazón.
Esa misma tarde, Renata, León y yo salimos a festejar el fin de la tortura semestral, fuimos a una de esas tabernas del centro en donde podíamos sentarnos a tomar un trago sin necesidad de gritar o estar de pie bailando con personas desconocidas a nuestro alrededor, además, en el lugar a donde nos dirigíamos si ponían música de verdad.
-Hola chicos, hace mucho no los veía por acá ¿qué les sirvo?
-Necesitamos algo fuerte hoy chicas, luego de estos meses sin salir ya estoy confundiendo olor del vodka con el del UHU.
Todos reímos con lo que había dicho León y decidimos ordenar cada uno su trago favorito junto con unos shots de colores exóticos que luego nos pondrían a reír por cualquier tontería que saliera de nuestras bocas.
-Bien bien, dejemos de lado la carrera y enfoquémonos en nuestras metas para el próximo año, empecemos contigo Bia, ¿qué quieres para el futuro no muy lejano? Dijo Renata mientras se acomodaba en su silla.
-Bueno, ahora mismo lo único que se me viene a la mente es terminar con todas las materias para poder repetir esto con ustedes lo más pronto posible.
-Ay vamos Bia, no todo lo que quieras puede ser solamente relacionado a tus estudios, ¿no se te ocurre algo como poder viajar más, tener más dinero, un trabajo, novio? Dijo León acentuando la última palabra.
-No lo sé, mi vida es lo suficientemente ajetreada como para tener que sacar tiempo para otra persona, además, siento que sería algo difícil para alguien el vivir esta etapa universitaria junto a mí, no tengo mucho tiempo y no me gustaría herir los sentimientos de un ser humano por cosas que se salen de mi control y que no puedo evitar.
-Yo solo voy a decir, el que quiere algo, lucha hasta alcanzarlo y así como tú te esfuerzas en tus estudios, alguien se esforzara por ti. Si una persona llega a tu vida y en vez de sumar, solo te resta, ahí si te digo que mejor parar ahí. Pero, si alguien llega a tu vida y se propone ayudarte a salir adelante, a acoplarse a tu vida y tú a la suya, pueden ser imparables. Contestó Renata tan sensata como nunca la había escuchado.
-Bueno, dejemos ese tema al destino y que él decida qué hacer. Ahora, ¿qué esperan ustedes?
-Dinero. Dijeron al unísono.
Los tres estallamos a carcajadas ya que, ellos ya se habían topado con una de esas personas maravillosas que sacaban lo mejor de ellos y les permitían brillar como una supernova en vez de extinguir su luz.
En mi caso, mis relaciones amorosas no habían sido para nada amorosas, las pocas que existieron fueron esporádicas, no hubieron despedidas, o reconciliaciones de película ni regalos o detalles que me llegaran al corazón por lo que al final me había dado por vencida en el ámbito romántico y solo me interesaba estudiar, estudiar y estudiar, no había espacio para citas, relaciones ni sentimientos en mi agenda.