Esa tarde, luego de cerrar la librería, decidí visitar a mi mejor amigo, el único que tenía en realidad, el bar de sus padres que era prácticamente de él a ese punto estaba a unas cuadras y como hace un rato no charlábamos pensé que sería un buen momento para compartir el estado actual de nuestras vidas.
Al entrar, la vi sentada en la barra, junto a ella estaban otras dos personas, pero yo solo la veía a ella. Estaba un poco sonrojada por los tragos que se veían detrás, lucia preciosa. Luego de darme cuenta de que la veía embobado, me dirigí a la parte de atrás, ahí me encontré con los padres de Dante los cuales, como en todas las ocasiones en las que me pasaba por la cocina, me llenaban las manos de comida recién hecha la cual yo nunca despreciaba.
Luego de recibir el bufet, logré llegar a la oficina en donde se escondía Dante cuando la demanda en el bar no estaba muy alta.
-Departamento de salud, buscamos al gerente de este lugar. Abri la puerta lentamente.
-Matt, ¿qué haces por acá? Pensé que estarías en camino a tu casa o algo, pero no que vinieras.
-Acabo de salir del trabajo y pensé en venir a visitar a mi amigo.
Nos abrazamos como si fuéramos hermanos de sangre y empezamos a ponernos al corriente hasta que su madre lo llamó para que atendiera el bar ya que al caer la noche y al ser uno de los lugares más populares de la zona, todo se ponía de locos.
-Vamos, continuemos afuera, la casa invita.
Salimos y tomé mi espacio habitual al inicio de la barra junto al ventanal, Dante me sirvió una cerveza por lo que me dispuse a relajarme y a disfrutar de la música mientras por momentos dirigía mi mirada a la pista de baile.
Luego de unos minutos, noté como una melena pelirroja resaltaba entre el montón de personas, mi estomago reaccionó al instante, tenía que hablar con ella, pero cómo lo podía lograr sin que se notara tanto mi emoción. En ese momento, Dante llegó a hablarme sobre algo, pero notó lo ido que estaba viendo a la multitud que empezaba a formar en la pista.
- Matt, recuerdas a la chica que… ¿Qué estamos viendo?
-Esa chica, la pelirroja, ha llegado dos veces a la librería.
-Ah, hablas de Bia, ella es cliente nuestra, siempre viene con sus amigos al finalizar el año.
- ¿De verdad? ¿Cómo nunca lo he notado?
-A veces estamos tan centrados en nuestros propios pies que es hasta que alguien nos obliga a levantar la vista que comenzamos a ver el mundo de verdad.
Fue ese día en el que comprendí que ella fue la que levantó mi vista y me dejó ver el mundo, su mundo, el mío, el nuestro. Y eso sería lo más importante en mi vida, el mundo que construiría con mi cosmos, ese mundo que en algún momento estuvo a punto de derrumbarse pero que, a pesar de todos los asteroides que lo golpearan, solo se haría más verde, más bello, más nuestro.