Los Planos del Universo

CAPÍTULO 5: ELLA

-Deberíamos de irnos ya, creo que esos tequilas sunrise están uno más fuerte que el otro. Dije mientras terminaba el contenido de mi vaso con una mueca.

-Pero Bia, apenas son las 11 de la noche, es muy temprano. Dijo León con un puchero y ya un poco enredado por los shots de colores que habíamos estado tomado antes.

-Tranquilos, puedo tomar un uber, es temprano y de seguro en menos de 15 minutos estoy en mi cuarto.

- ¿Estás segura? Podemos acompañarte y luego volver. Dijo Renata con preocupación.

-Estoy segura, ustedes la están pasando bien y no lo quiero arruinar, yo soy la que quiere ir a su cuarto. Voy al baño y me voy.

Me despedí con un beso en la mejilla de cada uno y me dirigí al baño. Todo comenzaba a dar un poco de vueltas lo que ya era una señal aún más clara de que debía irme lo antes posible.

-Disculpa. Dije al chocar con una persona al salir del pasillo que dividía los baños.

-Tranquila.

Alcé mi mirada y ahí estaba el, el chico de la biblioteca.

-Hola. Sonreí un poco más tonta de lo normal por los tragos que había tomado antes.

-Hola, no pensé encontrarte aquí. Digo, no acá en el bar, si no que aquí en… Dijo con pena mientras se le ruborizaban un poco las mejillas.

Me reí aún más como tonta.

-Ni yo encontrarte aquí. Este es uno de mis lugares favoritos, mis amigos y yo venimos cada que podemos.

-Si, eso me contó Dante, bueno, no es como que hubiera preguntado ni nada. Pero, en fin, eso me contó.

-Ah si, Dante ya es como amigo nuestro, siempre que venimos nos atiende y nos ponemos al día los cuatro.

-Dante siempre ha sido así de amistoso. ¿Y ya te ibas?

-Sí, estoy un poco cansada entonces iba a pedir un uber.

-Yo igual me iba ya, si gustas te acompaño mientras esperas.

-Claro, me encantaría.

Salimos de aquel lugar en el que cada vez entraban más personas. La noche estaba fresca, el cielo estaba despejado y yo comencé a pedir el auto que me llevaría a casa.

-El cielo está precioso hoy, lástima que no se puedan ver las estrellas como se debe. Dijo el mientras contemplaba el cielo ligeramente estrellado que estaba sobre nosotros.

Inconscientemente levanté mi vista al igual que él.

-Sí, está precioso. Al menos la osa mayor y la menor se ven.

-Al menos. En la casa de mis padres, cuando todos duermen, se ven cientos de estrellas, siempre parece como si el universo fuera una luz que ilumina toda la noche.

Me quedé anonadada viendo el cielo hasta que el auto paró frente a nosotros.

-Bueno, al parecer es este. Bueno, chico de la biblioteca, espero verte pronto.

-Dime Matt, bueno, mi nombre es Matteo, pero me puedes llamar Matt.

-Bueno Matt, mi nombre es Bianca, pero me puedes llamar Bia.

Nuestros ojos se encontraron y sonreímos por lo que pareció una eternidad.

-Bueno Bia, espero verte muy pronto en la biblioteca.

-Igualmente Matt si el universo quiere que nos encontremos de nuevo, lo hará posible.

Me subí en el auto y a los minutos ya estaba en mi cuarto. Mientras intentaba dormir, pensé en Matt, en el chico de la biblioteca y aparente amante de las estrellas. Pensaba en la manera en que me miraba y en cómo me había sentido cuando lo hacía porque, en toda mi vida, nunca nadie me había mirado con el universo en sus ojos, con esa intensidad con la que solo él podía verme y con la que tiempo después, me daría cuenta de la verdad, el veía el universo en mis ojos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.