Los Planos del Universo

CAPÍTULO 7: ÉL

Las mañanas en la biblioteca olían a café recién hecho, libros nuevos que traían los repartidores y a la brisa con aroma a limón que entraba por las ventanas, pero esa mañana fue distinta. Un aroma a jazmín se coló por las puertas, era ella, la chica pelirroja que me traía loco las últimas semanas y con la que había añorado encontrarme de nuevo.

-Buenos días, Matt, ¿cómo amaneciste?

-Hola Bia, un poco cansado, pero acá estamos. Dime, ¿en qué te puedo ayudar el día de hoy?

-Busco los libros de antropometría que entraron hace poco, los aparté por la página de la universidad.

-Ah claro, ya los busco.

-Perfecto, voy a dar una vuelta y me avisas cuando los tengas.

-Claro.

Luego de buscar los libros en el sistema, buscarlos en físico y empaquetarlos, fui a buscar a Bianca. La encontré con varios libros en sus manos mientras veía el estante donde se ubicaban las novelas.

-Bia, ya tengo listos tus libros por si gustas pasar por el mostrador.

-Perfecto, te acompaño.

Al llegar al mostrador, registrar a nombre de Bia los libros empaquetados y guardar su carné en el archivo, procedí a registrar también los libros que había tomado de las estanterías.

-Creo que me pasé un poco con el número de libros. Sonrió.

-Tranquila, nunca son suficientes los libros cuando te gustan. Sonreí.

Bia llevaba libros de versiones casi obsoletas escondidas en los estantes como Doctor Sueño, La Metamorfosis, Orgullo y Prejuicio, La Isla Misteriosa y, por último, Crepúsculo. Nunca había conocido a una persona con un gusto tan variado en temas de lectura, yo me consideraba un lector apasionado, pero definitivamente, Bia me superó y por mucho.

-Tienes un gusto bastante variado Bia.

-Lo sé, aunque muy en el fondo soy una romántica, si pudieras ver mi colección de novelas te quedarías atónito de ver que más de la mitad son de romance.

-Si tú tienes una colección de libros magistral, yo tengo la misma solo que en discos.

- ¿De verdad? ¿Te consideras melómano?

-Me considero abiertamente melómano, sin la música mi vida no tiene rumbo y te aseguro que mis días serian horribles.

-Entonces en eso nos parecemos, solo que sin los discos. Sonrió.

Luego de terminar de empacar todos los libros y de que Bianca terminara de ponerlos en su mochila, me decidí a decir lo que había pensado tanto tiempo.

-Oye Bia, ¿te parece si vamos a tomar un café luego? Dije de manera espontánea antes de que Bia terminara de voltearse para irse. Ella me miró un momento, pensativa, pero al final aceptó con una sonrisa sincera.

-Claro Matt, me encantaría.

-Perfecto, ¿puedo pasar por ti a las 5:30 hoy?

-Me parece bien.

Bia arrancó un pedazo de papel de una de sus libretas y apuntó su número.

-Toma, mándame un mensaje cuando salgas para mandarte mi ubicación. Me guiñó un ojo y luego sonrió.

Y así sin más, salió de la librería. Mi corazón iba a mil por hora, al final, todo lo que había sobre pensado estaba mal porque, de una manera u otra, haya sido por el destino o no, tenía lo que parecía ser una cita con la chica más linda que había conocido en mi vida.




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