Al llegar a mi cuarto, me desplomé en la cama con el corazón latiendo tan fuerte que lo sentía en mis oídos, al levantarme ese día y ponerme en camino a la biblioteca solo pensaba en encontrarme con Matt, nunca había estado tan nerviosa por entrar en ese lugar como lo había estado ese día. Matt, desde la última vez que lo vi, tomó como suyo una parte de mi corazón, yo no creía mucho en las casualidades, pero sí que lo hacía en el destino, y el hecho de encontrarme a Matt en los baños luego de nuestras pequeñas interacciones en la biblioteca y de la charla que había mantenido con mis amigos ese mismo día, no le encontraba otra explicación que no fuera, el destino haciendo de la suyas.
Saqué los libros de mi mochila y los puse en mi escritorio, me disponía a empezar Orgullo y Prejuicio por décima vez cuando escuché que tocaron a mi puerta.
- ¡Bia! Dijeron León y Renata.
-Hola chicos, ¿qué hacen aquí? Dije un poco confundida por verlos en mi puerta.
-Hoy es noche de chicas y León Bia, ¿lo olvidaste? Dijo Renata con cierta confusión.
-Ah, no, claro que no. Pasen.
-Mmm, me parece que alguien si lo olvidó.
-Lo siento, puede que si lo haya olvidado. Acepté.
- ¿Qué estará deambulando por la mente de la “todo lo recuerdo, lo apunto y no olvido” de Bia que pudo olvidar la tradición milenaria de ver películas toda la noche con sus mejores amigos al terminar el año?
Había ocasiones en las que me sentía aliviada de que ellos me conocieran tan bien, de hecho, esa era una de las razones por las cuales nunca teníamos secretos y r lo que habíamos durado tantos años siendo amigos. Nuestra amistad era tan sólida que el espacio para ocultar cosas era inexistente.
-Bien, aunque les parezca difícil de creer, creo que tengo una cita.
León y Renata se quedaron atónitos, viéndose uno al otro y luego devolviendo sus miradas a mí. Pegué un brinco cuando al unísono gritaron de la emoción.
- ¿Y por qué no nos habías contado? Dijo Renata impactada.
- Lo mismo me pregunto, me parece una falta grave a nuestra amistad que no nos hayas contado que tienes una cita luego de todo este tiempo.
- Tal vez no les conté porque el chico me lo preguntó hoy o porque acabo de llegar o porque estoy tratando de asimilarlo aún. Hasta a mí me cuesta creerlo chicos.
- ¿Y quién es Bia? ¿Lo conocemos? ¿No es aquel muchacho de la clase de historia que te ve con ojos de loco cierto? Dijo León un poco más rápido de lo que normalmente hablaba y con una cara de disgusto al terminar.
- No, claro que no, ni loca.
- ¿Entonces quién Bia?
- Bueno, es un muchacho de la biblioteca, lo conocí cuando fui a hacer el trabajo de historia, me quedé dormida y el me despertó. El día que fuimos al bar me lo encontré cuando ya me iba y él se ofreció a acompañarme mientras esperaba mi uber. Su nombre es Matt, se ve que es buena persona y hoy que fui a la librería antes de que me fuera me ofreció a ir por un café.
- Bueno, el que hayas olvidado nuestra noche de películas queda totalmente perdonado. ¿Ya sabes qué te vas a poner? Dijo Renata.
- Aun no lo sé, pero es lo que parece ser una cita, no una cita cita entonces no creo que deba ir muy despampanante, ¿no?
- Claro que debes ir arreglada Bia, es una primera cita, digo, no debes ir de gala, pero debes ponerte más bella de lo que ya eres.
- Nosotros, claramente, te ayudaremos. Dijo León mientras comenzaba a revolcar los percheros de mi closet al mismo tiempo de que Renata comenzaba a buscar la secadora y plancha de pelo.
Yo simplemente me limité a poner nuestra playlist favorita que compartíamos y conforme pasaban las canciones, yo me veía menos como una estudiante demacrada por el fin de clases y comenzaba a parecer una joven más despreocupada.
Al terminar Fade in to You, porque claramente, los tres éramos unos románticos y hasta nuestra playlist era casi un 80% de canciones románticas, yo ya parecía una persona que dormía las horas debidas, se alimentaba bien y que se preocupaba por otras cosas además de cortar cartón, pegar y dibujar.
- Estas preciosa Bia. Dijo Renata orgullosa mientras me veía de arriba abajo.
- Opino lo mismo. Dijo León.
Al verme en el espejo, yo misma quedé sorprendida, nunca me había gustado arreglarme tan en serio y desde que entré a la universidad lo hacía aún menos que antes, pero he de decir, que la Bia que se encontraba frente al espejo no me disgustaba para nada. Llevaba unos jeans cómodos, una blusa de tirantes y una chaqueta a juego, Renata se había lucido con el peinado y maquillaje, no me veía tan arreglada pero mis ojeras habían desaparecido y junto con el labial, me veía totalmente distinta e incluso con un poco más de color en la piel. Luego de mirarme detalladamente, me volví para agradecerles a las personas que siempre habían estado a mi lado.
- Muchas gracias, chicos, de verdad, los quiero mucho. Los abracé con una fuerza que espero haya sido suficiente para demostrarles mi agradecimiento.
Luego de nuestro tiempo de calidad entre amigos, mi celular vibró y cuando lo encendí, pude ver un mensaje en la pantalla.