Los Planos del Universo

CAPÍTULO 9: ÉL

El resto de la tarde pasé imaginando cómo sería mi salida con Bia, ¿le gustará el lugar? ¿será alérgica a algo? ¿y si vamos a otra parte? Sin embargo, al llegar a mi casa para recoger el coche, recordé el sentimiento con el que había despertado, ese que me decía que ese día me levantara con el pie derecho y que dejara que todo fluyera porque iba a ser un gran día. Al llegar a mi casa, me cambié rápidamente y cogí las llaves del coche que descansaba en el garaje, un Mustang clásico color vino el cual había sido una herencia de mi padre cuando cumplí la mayoría de edad para que pudiera movilizarme mientras estaba lejos de casa.

- “Es mi coche de cuando tenía tu edad Matt, cuídalo para que cuando tengas tus hijos, se los puedas heredar a como lo estoy haciendo yo”. Había dicho mi padre con una sonrisa sincera y en la que podía ver lo mucho que me quería a pesar de no ser su hijo biológico.

Subí, arranqué y me dirigí a la residencia donde vivía Bia, al llegar, aparqué y me dispuse a mandarle un mensaje avisando mi llegada. Cuando vi a Bia salir, quedé impactado, se veía preciosa, no es como que antes no la viera preciosa, solo que en ese momento terminé de confirmar que ella me volvía loco.

Al llegar al lugar donde había aparcado, pude notar como brillaron sus ojos.

- ¿Ese es tu auto? Dijo mientras clavaba los ojos en lo que estaba aparcado.

-Sí, es un regalo que me dio mi padre cuando me mudé acá, solo que muy pocas veces lo uso porque todo en este lugar está relativamente cerca y prefiero caminar.

-Pues es una lástima, está precioso Matt, me encanta el color, el modelo, todo.

- ¿Entonces aparte de ser una aficionada de los libros te gustan los autos clásicos?

-No, no me gustan los autos, me gusta ese auto en específico, es mi sueño tener uno algún día.

-Bueno, en algún momento te lo puedo prestar si gustas, como ya te dije casi no lo uso.

- ¿De verdad? ¿Tanto confías en mí y apenas me conoces?

-Es que me das buena espina, sé que lo cuidarías a como yo lo hago.

Ella sonrió como nunca me había sonreído desde que nos conocimos. Subimos y arrancamos. En mis planes iniciales estaba el llevar a Bia a una cafetería del centro, pero ya que desempolvé el auto, me fui por la segunda opción, un restaurante un poco a las afueras del pueblo en donde iba cuando el mundo se me derrumbaba o cuando necesitaba respirar.

Al llegar al lugar, nos sentamos en una mesa cerca de la ventana para poder ver el paisaje y espectáculo que nos regalaban las montañas de Oregon. Bia ordenó un chocolate caliente y yo un café cargado con leche, luego ambos nos decidimos por la comida y ordenamos unas galletas, las mejores de la región a mi pensar. Luego de que llevaran nuestra orden a la mesa, Bia rompió el silencio que se había formado.

-Muy bien, Matt, cuéntame sobre ti. Dijo mientras posaba sus codos en la mesa y colocaba el rostro entre sus manos.

-Bueno, Bia, como ya sabes, trabajo en la biblioteca, tengo un mejor amigo llamado Dante el cual puede llegar a ser un dolor de cabeza en ocasiones, pero es una de las mejores personas que el universo ha decidido poner en mi vida, originalmente vivía en un pueblo muy alejado de aquí con mis padres, pero por la natación y mis estudios tuve que mudarme acá. Dije para luego tomar una galleta con un sorbo del café.

-Con que natación, no tienes mucha pinta de que te gustara nadar. Dijo Bia curiosa.

-Si, estoy en el equipo, solo que no pude nadar durante un tiempo por una lesión en mi pierna, pero ya volví, aunque el ritmo sea más lento y mi condición haya bajado un poco su nivel, estoy seguro de que no me va a costar recuperar el ritmo y volver a competir.

-Interesante Matt ¿y qué estudias? Nunca te he visto por el campus.

-Estudio literatura solo que voy poco a poco porque tengo trabajo, pero me apasiona, de hecho, en un futuro quiero trabajar en alguna editorial de renombre, siempre me ha gustado todo el tema de la lectura, revisar escritos y todo eso por lo que decidí que Literatura era lo que más me acercaba a eso. Ahora te toca a ti, cuéntame tu historia Bia.

-Bueno, yo vivía en otro país de hecho, vivía en Inglaterra antes de mudarme por los mismos motivos tuyos. Como ya sabes, soy una lectora aficionada, no practico ningún deporte porque siento que simplemente ninguno se acopla a mí ni yo a ellos, no tengo algún auto de maravilla como el tuyo y, de hecho -dijo mientras miraba mi café- no me gusta el café.

- ¿Cómo no te va a gustar el café? Yo me muero si no tomo café. Dije estupefacto.

-No lo sé, creo que es el amargo que tiene.

-Bueno, eso lo respeto, pero al menos yo no me imagino un día sin café para empezar. Pero bueno Bia, para que esta conversación no suene como una entrevista de trabajo, hagámonos preguntas sin pensarlo. ¿Te parece?

-Me parece perfecto, entonces, Matt, dime, ¿cuál es la cosa que más desees en la vida?

-Empezamos un poco fuerte -Dije mientras ambos reíamos- bueno, pensándolo bien, lo más que deseo es llegar a lo más cercano de ser feliz, estar en paz conmigo mismo, con las personas y tener una vida tranquila, no digo que, sin preocupaciones, pero tranquila, una rutina no muy ajetreada y sin tener a alguien insoportable dándome ordenes inhumanas e imposibles de cumplir.




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