- ¡Matt! ¿cómo has estado cariño? No esperaba tu llamada, ¿todo está bien?
-Mamá, si si, todo bien, solo quería saber cómo estabas. Dije mientras se me formaba una sonrisa al escucharla tan animada.
-He estado bien cariño, ya sabes, unos días más pesados y dolorosos que otros, estos días me han subido la dosis de morfina, pero ya sabes que eso no quita del todo el dolor, pero lo importante es que aún sigo aquí. Dime ¿cuándo vienes a visitar a tu madre? Ya ni siquiera recuerdo cómo te veías la última vez, tu padre, yo y todos aquí te extrañamos mucho hijo. Dijo con entusiasmo refiriéndose a ellos, a nuestros animales y a Venus.
-Estoy ahorrando para el viaje mamá, pero te prometo que en uno o dos meses iré a verlos a todos. Hubo un pequeño silencio en la llamada que sabía que se debía al dolor por el que pasaba mi madre en esos momentos.
-Me alegra que estes bien mamá, saluda a papá de mi parte.
-Bueno cariño, me alegró escucharte, te amo hijo.
-Yo igual mamá, que descanses. Dije para después tirarle un beso a través del teléfono.
-Igual tu cariño, buenas noches, te amo.
Hablar con mi madre se había vuelto una rutina, desde que le diagnosticaron cáncer de seno en etapa 4 hace unos meses, mi prioridad era hablar con ella casi que, a diario, prioridad que hasta el diagnostico, no había puesto en primer lugar. No muchos conocían mi historia con Vera y Felipe. Se trataba de la clásica pareja de tortolos que vivía en un pueblo alejado de la ciudad, cosechando hortalizas y criando animales de granja, sus dos décadas de casados había sido así hasta que la hermana menor de Vera falleció junto con su esposo en circunstancias un poco extrañas dejando huérfano al único hijo de estos. Desde ese entonces, servicios infantiles le otorgó mi custodia a aquel matrimonio, el cual terminó dándome una niñez maravillosa llena de aprendizaje que luego me serviría para sobrevivir día con día sin problema.
Recuerdo una infancia muy productiva, mis padres adoptivos me dieron una crianza un poco diferente, cuando entré a la escuela, ya sabía cómo armar tiendas de campaña, cómo hacer que una fogata fuera segura, qué hacer si me perdía en el bosque e incluso, mi madre ya me estaba enseñando recetas básicas con las que alimentar. En lo personal, tengo la opinión de que ellos me prepararon así por el accidente de mis padres biológicos ya que el lugar donde murieron había sido un lago ubicado en un bosque.
El accidente de mis padres fue tan famoso por el desenlace que incluso salió en las noticias locales. Aparentemente, estábamos los tres acampando en un sitio de camping a la orilla de un lago cuando una mañana mi padre decidió darse un chapuzón, sin embargo, al pasar los minutos, mi madre comenzó a llamarlo y al no obtener respuesta, decidió entrar al lago. Luego de eso, nadie sabe lo que pasó, los vecinos del camping me encontraron llorando en una hamaca, buscaron a mis padres, pero ninguno apareció por lo que decidieron llamar a las autoridades. Luego de días de incertidumbre, dieron con los cuerpos de ya mis inertes padres a unos treinta kilómetros de donde estuvieron a un principio y fue así como me convertí en el hijo único de mis tíos.
Los años transcurrieron y hasta que llegó el momento de ir a la universidad, mis padres vivían a unos cien kilómetros del pueblo por lo que no era tan difícil ir a visitarlos cuando estaba dentro de mis posibilidades económicas, sin embargo, en una de esas visitas, todo dio un giro que nos tomó a todos desprevenidos.
En una de mis visitas, me levanté temprano en casa de mis padres, al bajar, me encontré con mi madre arrecostada en el sofá de la cama con los ojos cerrados.
-Buenos días, mamá, ¿te sientes bien?
-Hola cariño, si si, estoy bien, solo tengo un poco de dolor de cabeza por las náuseas.
Mi madre había estado teniendo nauseas durante las últimas dos semanas, sin embargo, pensó que se trataba de una intoxicación por alguna comida por lo que empezó a tomar bebidas calientes y a comer un poco menos.
-Ya te dije que deberías ir al doctor mamá, tal vez te recete algo y se te quite el malestar.
-Ya sabes que no me gusta ir al médico cariño, no me gusta el ambiente de los hospitales y menos ser su paciente.
-Bueno mamá, si no quieres ir, no te puedo obligar. En ese momento, mi madre hizo un ademan de levantarse luego de que la lavadora diera la alerta de que el ciclo de lavado había terminado. Sin embargo, al intentar ponerse en pie, mi madre se desplomó en mis brazos.
- ¡Mamá! ¡Levántate! Dije gritando mientras llamaba a mi padre.
Luego de que la ambulancia se llevara a mi madre, mi padre y yo fuimos detrás en el auto.
- Pero ¿qué fue lo que pasó Matt? Pregunto mi padre nervioso y asustado.
-No lo sé papá, simplemente se desplomo cuando quiso levantarme, ha estado muy débil por las náuseas y no comer bien.
-Lo sé, pero sabes cómo es ella, no obedece a las alertas, incluso cuando son de su mismo cuerpo.
En ese momento, llegamos al hospital, aparcamos y corrimos hacia donde vimos que dirigían la camilla.
-Buenos días, acaban de ingresar a mi esposa de urgencia.
-Claro señor, en un momento cuando la estabilicen un doctor saldrá a llamarlos por el nombre de su esposa.