"Comedia no apta para personas de buenos principios... ni para personas que tienen amistades emocionalmente saludables."
La sala de juntas de Lumine & CO olía a lo que huelen siempre las grandes decisiones... una mezcla de grano carísimo, perfume de diseñador y frío helado.
Me senté en mi lugar habitual, alisando mi vestido rojo con una mano y sosteniendo una tablet con la otra. Crucé mis piernas con elegancia y delicadeza. Mi equipo de uniformes de alta gama ya había entregado el reporte de ingresos del trimestre, y los números eran tan perfectos que casi daban ganas de enmarcarlos.
—Buenos días, Brooke —saludó amablemente Mercy, que ya estaba sentada frente a mí. Ella era la directora de la división de tendencias; llevaba puesto un conjunto verde...
《Irónico pensar que ella sea la cara de nuestra empresa solo porque es quien compite directamente con los demás en las pasarelas, pero siendo sinceros, entre los tres ella es la menos talentosa, es como un bello objeto de decoración en las salas de juntas...》
—Muero por ver tu entrevista, eres una chica muy brillante, mereces todo el éxito del mundo, amiga.
—Gracias, Mercy —le respondí con mi típica sonrisa de catálogo—, por cierto, hoy te ves muy... cómoda, luces maravillosa, ¡me encanta ese vestido!
Me acerqué para sentir la textura de su tela con las yemas de mis dedos.
—Ojalá pudiera comprar algo similar, pero si lo hago estoy segura de que terminaría siendo elegida para algún reality show de sobreviviendo con 300 euros a la semana.
Mercy comenzó a sonreír.
—No exageres, amiga.
《Era obvio que ese conjunto costaba menos que el alimento de Archie, el cachorro de mi primo, y eso que mi primo es muy, muy miserable... ¡yo lo vi en remate! Sí, lo admito, a veces suelo infiltrarme en tiendas de bajo, emm... presupuesto donde, si compras tres piezas, tus nietos seguirán pagando las cuotas.》
—¿Qué tal si te invito a desayunar al rato?
—No, Brooke, ¿cómo crees?
—Insisto, ya que yo no puedo pagar un conjunto así, al menos déjame sentir que mi billetera puede adquirir algo. —Sonreí dulcemente. En ese momento la puerta se abrió de par en par.
Apareció Jesse, traía el cabello ligeramente revuelto, como si acabara de salir de una exhausta sesión de fotos de esas donde pretende ser un genio incomprendido. Tomó asiento al extremo del escritorio.
—¿Interrumpo el club de santurronas?... Perdón... ¿interrumpo el club de costura? —preguntó Jesse sin mirar a nadie, dejando caer su celular sobre la mesa.
—Llegaste 3 minutos tarde, Jesse —le dije mientras me reacomodaba para observar los gráficos de mi tablet.
—La impuntualidad es el privilegio de los prodigios, linda. —Me guiñó un ojo—. Además, estaba terminando de diseñar un liguero que va a hacer que el mundo olvide que existen los pantalones. Deberías agradecérmelo.
《Qué cretino, un día de estos olvidaré que somos mejores amigos y voy a usar uno de sus hilos de seda para coserle la boca.》
—¿Cómo está mi chica manipuladora con complejos de santa favorita?... Ah sí, hola Mercy.
Hice cara de asco al oír su típico saludo hacia mí.
《Es obvio que yo no soy ni una manipuladora, ni mucho menos tengo complejo de santa... que a veces simplemente controle ciertas situaciones para conseguir la firma de mis clientes es muy diferente, y que haga labores altruistas no me hace tener esos complejos que él dice, simplemente solo me gusta ayudar, soy de corazón noble.》
Al ver mi cara solo sonrió disfrutando mis gestos, se reclinó en la silla de cuero. Mercy solo observó como típica persona de relleno.
El director general, el señor Harold, entró en la sala. No perdió tiempo en formalidades.
—Bien, ya estamos todos —dijo mientras se acomodaba en la cabecera—. Iré directo al grano, el grupo inversor Valmont ha decidido inyectar una suma multimillonaria en una —recalcó la palabra— única sección de esta empresa. No habrá repartición. No habrá migajas para todos. El capital irá íntegramente a la división que demuestre mayor potencial de expansión internacional estos últimos meses.
Jesse arqueó una ceja. Eso no era una simple inversión; era el trono de la empresa.
—Para tomar la decisión —añadió el jefe—, la junta directiva ha enviado a un representante. Un auditor de estilo y rentabilidad que vivirá prácticamente en sus oficinas durante los próximos meses. Observará sus procesos, sus equipos y, sobre todo, su capacidad para aplastar a la competencia.
Sentí un escalofrío de anticipación. Una inversión millonaria. Con eso, mi sección de uniformes de alta costura podría vestir a las aerolíneas más lujosas del mundo, desde Dubái hasta Tokio.
Harold se levantó, dándonos la señal de que la guerra había comenzado oficialmente.
—Tienen hasta el viernes para preparar la primera impresión. Brooke, Jesse... Mercy. Que gane el mejor.
Jesse y yo nos quedamos observándonos, generando cierta tensión, un duelo silencioso de ego a ego.
Me levanté, él se levantó, quedamos frente a frente.
—Esta competencia no arruinará nuestra amistad. —Sonreí dulcemente.
—Por supuesto que no, prometo que cuando gane, te llevaré a comer helado del que tanto te gusta, santurrona —me dijo en tono burlón.
Mercy solo era espectadora de uno de los momentos más hipócritas de la empresa.
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Y horas después de aquella junta me encontraba en una gran plaza estilo parisina bajo un sol radiante. Estaba sentada con dos amigos a las afueras de una famosa cafetería; una gran sombrilla color rojo nos cubría. Tenia en mi mano una malteada helada.
—Sé que te parecerá tonto lo que te diré, pero deberías relajarte aunque sea un poquito, Brooke, debes disfrutar tu mañana 🥺, yo estoy segura de que ganaremos, ¡somos un gran equipo! —me dijo Julie, ella siempre tan optimista; por eso me encantaba ser su amiga.
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Editado: 22.05.2026