Los prejuicios de alta costura.

Cap 2: De flores frágiles y buitres de diseño.

"Comedia no apta para personas de buenos principios... ni para personas que juzgan un libro por su portada."

—Mi vida es increíble. Realmente me siento orgullosa de todo lo que he logrado —me dije a mí misma, deteniéndome un segundo más frente al espejo para admirar mis piernas.

Siempre me aseguraba de que mi atuendo fuera el adecuado; si la alta costura era mi religión, mis piernas eran el altar. Por eso, mi falda era lo suficientemente corta para ser audaz, pero lo suficientemente cara para ser elegante. Eran mi mejor accesorio, y yo lo sabía.

Hoy comienza el camino hacia mi gran destino. Con esta inversión multimillonaria, por fin dejaré de ser una promesa para convertirme en una realidad en las esferas de la alta costura.

Entorné los ojos, permitiéndome un último segundo de vanidad antes de mirar el reloj.

—¡Maldición!

El encanto se rompió. Manoteé mi bolso y salí disparada hacia la puerta. No puedo llegar tarde; mi récord de puntualidad es lo único que mantengo tan impecable como el corte de mis vestidos. Atravesé los pasillos y me lancé al elevador como una bala de seda.

Al salir a la calle, el aire y ruido de la ciudad me golpeó el rostro. El señor Edger, como cada mañana, ya me esperaba con su entusiasmo habitual.

—¡Señorita Brooke! —exclamó, extendiéndome el periódico del día.

Tomé rápidamente el periódico con las puntas de mis dedos.

—Muchas gracias, Sr. Edger —le devolví mi sonrisa más radiante—. Es usted un sol.

—Tenga un bonito día, hermosa flor —respondió él, con tono paternal.

—Me recuerda tanto a mi abuelo —le dije, suavizando la mirada con un toque pispireto—. Él también es un alma pura, un santo.

《Sí, claro, el abuelo solo disfruta bullearme, según él, es el único que me conoce de verdad, que porque soy igual que la abuela de joven, siempre con su tono burlón: "Hija, puedes engañar a todos, pero sé la clase de bruja que es mi nieta". Luego las fundas ridículas de su celular que tienen forma de calzón femenino, sabe que odio verlas. Pero qué sabrá él.

Mi corazón es noble; al final del día, soy la única de esta cuadra que se detiene con el Sr. Edger. Le compro ese papel viejo solo para que no se muera de hambre, porque ya nadie lee esas hojas rancias en la era digital. Pero bueno, la caridad también es un accesorio que me sienta de maravilla.》

—¿En serio, hija? Me alegra mucho saber eso —dijo el anciano alegremente.

Me alejé a paso veloz, haciendo que mis tacones resonaran contra el pavimento mientras esquivaba personas.

Saqué rápidamente las llaves de mi bolso, agobiada por el caos de la mañana, pero mi mano quedó congelada en el aire. ¡Mi auto no estaba!

—¿Dónde está? —pregunté al vacío, mientras un niño de unos ocho años y complexión ancha sacaba una paleta de helado de su boca con un ruido húmedo.

—Acaso no ves que no hay nada, señora.

Mis ojos se afilaron al oír esa palabra.

《¿Señora? Tengo solo 27 años; soy una señorita. Este niño malcriado.》

—Sí, ya vi, ¡maldición!

—Hace como quince minutos lo remolcaron —me interrumpió con tono burlón antes de volver a su paleta.

No tenía opción... tenía que hacer lo impensable: ¡tomar el transporte público!

Corrí de nuevo, pasé al lado del infante y, "sin querer", golpeé su mano haciendo que la paleta aterrizara en el sucio pavimento.

—Ups, lo siento... fue un accidente —susurré en tono dulce con una sonrisa que no llegó a mis ojos antes de salir disparada hacia la parada.

Hacía muchos años que no subía a un autobús, sé que me esperaría un infierno, pero no pienso manchar mi propio récord de puntualidad.

Un claxon de un auto sonó mientras la ventana bajó.

—¿Necesitas ayuda, Brooke? Sube.

—Mercy, has salvado mi vida. —Sin pensarlo dos veces, subí al auto, cuidando que mi falda no se enganchara en la puerta.

—Se nota que has tenido un inicio de mañana difícil —comentó con esa serenidad.

—Créeme que sí. Mi auto fue remolcado; ayer llegué muy tarde y preferí estacionarlo frente al edificio.

—No entiendo por qué prefieres seguir viviendo ahí, teniendo un mejor departamento y una casa tan linda.

​—Porque tiene un valor sentimental. Fue lo primero que compré con mi propio esfuerzo.

—Ya veo. ¿Y cómo te sientes con la competencia por la inversión? —me miró sonriente. Mercy era un amor, una chica noble y dulce... casi empalagosa—. ¿Estás nerviosa? Yo sí. Eres una rival muy dura, Brooke. Te seré sincera: siento que ganarás, pero —me codeó con complicidad— no te dejaré el camino fácil, ¿eh?

El auto avanzó con una suavidad insultante, filtrando el estruendo de los cláxones y el calor del asfalto que yo acababa de sufrir. Me hundí un poco más en el asiento de cuero, observando cómo las calles de la ciudad desfilaban tras el cristal tintado mientras Mercy esperaba mi respuesta.

—No te menosprecies, querida. Eres el rostro público de la empresa, compites de tú a tú en las pasarelas más agobiantes. Obviamente estoy nerviosa, no eres cualquier persona.

《Obviamente no era cualquier chica; era una frágil flor. Lamentaré mucho pasar por encima de ella, pero así es la industria. Prometo no lastimarla demasiado, no le jugaré sucio... Jesse es el verdadero problema.》

Mercy tamborileó los dedos sobre el volante, atrapada en un semáforo en rojo que parecía eterno. El silencio en la cabina se llenó con el suave ronroneo del motor antes de que ella volviera a observarme con ternura.

—Eres tan linda, Brooke. Sabes, eres la única que me preocupa. Jesse no podrá vencernos; su mayor debilidad es su soberbia. No puede ver más allá de su propio reflejo. Estoy segura de que solo me mira como un objeto de decoración y eso... me conviene. Quiero que siga subestimándome.

—Es lo que siempre he dicho. Él piensa que el mundo gira a su alrededor y no nos toma en cuenta. Yo, en cambio, te valoro mucho. —Sonreí dulcemente.




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