"Comedia no apta para personas de buenos principios... ni para personas que respetan los protocolos de emergencia."
—Brooke, tengo una buena y una mala noticia —me decía Mical, luego se recargó en uno de los tantos escritorios de la oficina.
Y yo, que soy una chica que no aguanta la incertidumbre, pregunté insistente:
—Dime primero la buena.
—El auditor se encuentra en la sección de tendencias con Mercy.
Obvio que la mala noticia era que el auditor ya se encontraba en el edificio.
—¡¿Cómo es posible?!... Se supone que dijo el jefe que tendríamos una semana para prepararnos —empecé a entrar en pánico—. ¡Dios mío!
《Piensa, Brooke, piensa, tienes que hacer algo... urgentemente》.
Mical solo observaba mi rostro de desesperación e intentaba calmarme. Los demás empezaron a hacer como que estaban ocupados, tecleando a la nada en sus computadoras.
Mis ojos brillaron, señal de que una idea había surgido. Tomé mi bolso...
—Te dejo a cargo, Mical.
Empecé a correr hacia la oficina de la sección de tendencias mientras sacaba mi celular.
—¡Julie! —exclamé en cuanto contestó. Mi voz era un susurro frenético mientras mis tacones golpeaban el mármol del pasillo—. Escúchame bien: el auditor ya está aquí. Está con Mercy en tendencias.
Escuché un jadeo al otro lado de la línea, pero no le di tiempo de entrar en pánico.
—No te congeles, necesito que reacciones ahora mismo. Quiero el taller impecable. Todos los costureros deben estar en sus puestos, trabajando con precisión.
Doblé la esquina, esquivando a un pasante que estuvo a punto de chocar conmigo. Mi bolso golpeaba mi costado con cada zancada.
—La oficina central es un caos, Julie. Si ese hombre pone un pie aquí, estoy acabada, perderé la competencia por la inversión.
Me detuve frente al ascensor, presionando el botón con insistencia, mientras colgaba sin esperar confirmación.
Al entrar a la sección de tendencias, los vi. Mercy paseaba al auditor con una sonrisa ensayada, como si estuviera en un tour por un museo.
Me agaché rápido, escondiéndome tras uno de los escritorios de roble para observar sin ser vista. Estaba trazando mi siguiente movimiento cuando sentí algo estorbándome bajo la mesa.
—Oye, consigue tu propio escondite.
Volteé a ver. Se trataba de Nick, quien también estaba escondido observando.
Me sobresalté al ver a Nick, también acurrucado en el suelo.
—¿Qué hace aquí el asistente personal de Jesse? —pensé en voz alta, frunciendo el ceño.
Nick hizo una mueca de asco, como si hubiera olido una tela de poliéster barata.
—¿Asistente? Soy el jefe de Operaciones y Maniobras de Alta Costura, no un ayudante de oficina.
—Como digas, Nick —siseé, apretando mi bolso contra el pecho mientras me asomaba por encima del borde del escritorio-. Tenemos que hacer algo. Estoy segura de que a Jesse tampoco le conviene esta visita sorpresa.
El rubio entornó los ojos hacia el auditor con aire calculador.
—Tienes razón, Brooke.
—Hay que sacarlo de aquí, Nick. Mi plan es alejarlo del edificio, pero aún no sé cómo —lo miré con mis mejores ojos de súplica, esperando que su mente retorcida funcionara a mi favor.
Él empezó a escanear la habitación, sus ojos moviéndose con la rapidez de una aguja de coser.
—Vamos, Nick —le di un codazo—. Demuestra por qué eres el asistente per...
Él me lanzó una mirada asesina.
—Perdón, quise decir... demuestra por qué eres el encargado de operaciones y maniobras.
《Nick era un tipo inteligente... bueno, cuando hablamos de inteligente no me refiero al tipo de inteligencia que ustedes se imaginan. No hablamos de un nerd, hablamos de un genio del caos》.
Lo vi gatear por el suelo con la agilidad de una sombra hasta llegar a la pared del fondo. Su objetivo era el botón rojo, ese que las normas de la empresa prohíben tocar a menos que el edificio se esté derrumbando.
Nick llegó a él e hizo una sonrisa maliciosa. Tras presionar el interruptor, soltó un grito que desgarró el silencio de la oficina:
—¡Fuego!, ¡oh, Dios mío!
El estruendo de la alarma de incendios perforó mis oídos, pero fue el clic metálico de los aspersores lo que realmente me puso en marcha.
Una fina y gélida lluvia empezó a empapar los rollos de seda y los bocetos de Mercy, transformando la elegante oficina en un escenario de naufragio.
Entre la neblina de agua, mi mirada se cruzó con la de Nick. Ambos sabíamos lo que sucedería: él aprovecharía para posicionar mejor a Jesse y ganar la inversión, así que salí rápidamente de mi escondite y corrí hacia el inspector. Nick hizo lo mismo.
Era una carrera de obstáculos entre escritorios de diseño, maniquíes y personas huyendo. Nick llevaba la ventaja; sus zancadas eran largas y seguras, y ya estiraba la mano para sujetar el brazo del auditor, quien parecía petrificado en medio del salón.
《No dejaré que un rubio machista y materialista se interponga y le deje todo en bandeja de plata a Jesse, este es mi momento》.
Justo cuando él iba a rebasarme con esa suficiencia suya, aproveché el suelo jabonoso por el agua. Con la precisión de una costurera dando la puntada final, deslicé mi pie derecho en su trayectoria. Fue sutil, casi elegante.
Nick no tuvo tiempo ni de maldecir: tropezó con su propia inercia y rodó por la alfombra empapada como un fardo de tela barata.
—Ups... lo siento —le dije en medio del caos con tono dulce, mustio y burlón.
Ignoré el ruido sordo de su caída y no miré atrás.
Llegué frente al inspector, quien intentaba proteger su tablet bajo su saco gris. Mi cabello ya goteaba sobre mis hombros.
—¡Por aquí! —exclamé, tomándolo del brazo-.
El auditor me miró, ajustándose las gafas.
—¿Y usted es...?
—Brooke, directora de la división de Uniformes de Alta Costura. No hay tiempo para presentaciones, el humo se propaga rápido.
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Editado: 22.05.2026