"Comedia no apta para personas de buenos principios... ni para personas emocionalmente disponibles."
Las luces cálidas, el humo ligero y la música electrónica de La Chambre Rouge seguían envolviendo el enorme club mientras Ji-eun observaba en completo silencio a un grupo de eruditos discutiendo apasionadamente frente a un hombre que simplemente miraba una televisión apagada.
—La obra representa la fragmentación emocional provocada por el hiperconsumo digital —afirmó uno de ellos mientras sostenía una copa de Martini.
—No —corrigió otro mientras fumaba cigarrillos de importación—. Representa la muerte de la identidad moderna frente al algoritmo.
—Sigo pensando que aquí entran únicamente los que han tenido traumas en la infancia —murmuró Ji-eun.
Jesse caminaba con total naturalidad mientras un fotógrafo capturaba cada detalle de una montaña de zapatos viejos.
—No seas prejuiciosa. Es que no entiendes lo que es el arte.
Ji-eun observó en silencio nuevamente al hombre que veía la televisión apagada mientras tres personas lo fotografiaban.
—Y él claramente tampoco entiende cómo funcionan las televisiones.
Jesse soltó una pequeña risa arrogante mientras continuaba caminando entre una pequeña multitud reunida alrededor de un hombre elegantemente vestido que daba una oratoria apasionada sobre "la decadencia espiritual de las élites modernas" mientras sostenía una botella de coñac absurdamente cara.
—Ese es precisamente el punto, Ji-eun. El arte no existe para ser entendido literalmente.
—Claro. Y supongo que su reloj Rolex representa el sufrimiento de la clase obrera.
Jesse apenas sonrió mientras seguía avanzando entre el humo ligero y las luces cálidas del club.
—Ahora empiezas a entender el ambiente —murmuró Jesse mientras observaba con total tranquilidad a un cineasta grabando una escultura hecha con cubiertos oxidados.
—Eso me alegra y es precisamente por lo que este club solo permite un máximo de dos acompañantes... es por fines educativos —dijo con un tono casi orgulloso.
Ji-eun notó que incluso había un inodoro colgando del techo. Guardó silencio unos segundos.
—La Chambre Rouge... porque "el cuarto rojo" no sonaba lo suficientemente pretencioso.
Jesse finalmente se detuvo frente a unas pequeñas escaleras metálicas ubicadas al fondo del club.
En uno de los barandales negros estaba amarrado un lazo rojo.
Sus ojos permanecieron ahí apenas un segundo más de lo normal.
Ji-eun lo notó.
—¿Y eso?
Jesse apartó la mirada inmediatamente.
—Nada importante.
Y continuó caminando.
Varias luces cálidas atravesaban las cortinas negras translúcidas que cubrían parcialmente aquella zona elevada.
—Llegamos.
Ji-eun levantó ligeramente la mirada.
Y entonces vio la nueva oficina temporal de Jesse.
O mejor dicho...
Una enorme caja de cristal suspendida sobre parte del salón principal.
Ji-eun guardó silencio unos segundos.
—¿Rentaste una vitrina humana?
Jesse abrió la puerta de cristal con total tranquilidad.
—La administración la describió como "una experiencia corporativa inmersiva".
Ji-eun observó de reojo a varias personas que ya comenzaban a mirar discretamente hacia ellos.
—Claro que sí... por eso ahora mismo hay personas observándonos como si fuéramos una instalación artística más.
Ji-eun tomó asiento lentamente mientras Jesse comenzaba a revisar contratos con absoluta normalidad, acomodando varios documentos sobre la mesa negra. Firmó algunos papeles y dio un pequeño bostezo cansado mientras bebía café.
Afuera de la oficina de cristal, varias personas ya observaban discretamente hacia dentro.
Un fotógrafo comenzó a tomar imágenes.
Un estudiante de arte escribía frenéticamente en una libreta.
Dos mujeres jóvenes admiraban de forma romántica la escena.
Y un hombre vestido completamente de negro observaba a Jesse como si estuviera presenciando una experiencia espiritual.
Ji-eun notó cómo dos cineastas discutían cerca del cristal.
—La manera en que firma documentos refleja el agotamiento emocional del capitalismo creativo —susurró uno de ellos.
—No —corrigió el otro—. Representa la fragilidad psicológica del artista moderno frente a la productividad corporativa.
Ji-eun observó a Jesse bostezar nuevamente mientras revisaba otro contrato.
—Literalmente solo tiene sueño.
Un fotógrafo capturó el momento exacto en que Jesse acomodaba distraídamente unas muestras de encaje negro.
—La agresividad con la que manipula las telas representa la violencia estética de la alta costura contemporánea —comentó una mujer con voz impresionada.
Ji-eun guardó silencio unos segundos.
—Voy a empezar a golpear personas y fingir que es arte experimental.
Jesse ni siquiera levantó la mirada de los documentos.
—Descuida, ya te acostumbrarás.
La chica abrió ligeramente la boca, probablemente intentando darle la razón por primera vez en toda la noche.
Pero en ese momento una mujer empezó a llorar desconsoladamente desde el interior de una caja de cristal tirada sobre el suelo.
Varios fotógrafos corrieron inmediatamente hacia ella, personas fascinadas y un chico aplaudiendo emocionadamente.
—Está sufriendo por la superficialidad de este mundo capitalista y consumista —decía un tipo disfrazado de un conejo.
Ji-eun contempló la escena en completo silencio. Luego volvió lentamente la mirada hacia Jesse.
—La otra vez lo hizo durante tres horas —respondió mientras seguía revisando documentos.
Ji-eun guardó silencio unos segundos más.
Afuera, los fotógrafos continuaban capturando el llanto de la mujer desde todos los ángulos posibles.
La chica inhaló lentamente.
—Definitivamente necesito un trago.
Muchísimas horas después y muy lejos del club de genios incomprendidos, el salón de pruebas de la división de Tendencias de Lumine & CO permanecía completamente vacío.
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Editado: 11.06.2026