Los prejuicios de alta costura.

Cap 8: Los peligros de una sana competencia.

"Comedia no apta para personas de buenos principios... ni para personas con relaciones laborales saludables."

Cuando era niña me gustaba mucho observar el cielo; las aves cruzándolo, las nubes y el reflejo del sol sobre ellas.

Sabía que mi padre estaba ahí arriba observándome, cuidándome.

Levantaba los brazos y corría alrededor del jardín imaginando que podía volar, tocar las nubes con mis dedos.

Y por las noches las estrellas iluminaban mi vida. Moría por alcanzarlas...

Y hoy estoy aquí, en este bello jardín, las tengo en mis manos.

Desde arriba debe estar orgulloso de mí.

Después de todo...

no cualquiera tiene una hija tan perfecta.

Sonreí mientras tomaba mi jugo de naranja.

Pronto estaré en la cima.

Solo quedan dos obstáculos.

Bajé lentamente el vaso sobre la mesa.

Mical no dejaba de observarme; ya sabía que estaba planeando mi siguiente movimiento.

—¿Le regresarás la tela georgette a Jesse?... Necesitamos que nos devuelva los bocetos.

—¿Qué demonios acabas de decir?

–Las vi en la bodega.

—¿Yo? ¿Sería capaz de hacer algo así? -dije fingiendo sorpresa.

《Simplemente la paquetería pudo haberse equivocado. No es mi culpa que Gerry se haya dejado seducir por un bono libre de impuestos, cambiara las direcciones y fuera un completo idiota para no encontrar otro lugar donde guardarlas.》

—Disculpa que te lo diga, pero tu cinismo es increíble... te admiro. No sé cómo le hiciste para robar ese cargamento tan fácil.

Seguí bebiendo mi jugo.

—Y yo no sé cómo le haces para pensar eso de mí... aunque, supongamos —volteé a verlo—que yo fuera así, cosa que obviamente no soy, podría hacer eso y más.

Mical sostuvo mi mirada.

—Te entiendo. De hecho pensé eso porque tú no eres cualquier chica; tú eres increíble.

–Gracias por el cumplido, lamento decepcionarte.

《Era asombroso tener un amigo capaz de ver a través de mis impecables actos de inocencia y aun así permanecer a mi lado... fascinado.》

—Me gustó ver tu cara cuando te dije "discúlpame"; sabes perfectamente que digo la verdad —rió alegremente

—Maldito cinismo, Brooke... ¡nunca cambies! Así eres perfecta.

Me sonrojé ligeramente.

《Debía admitir que disfrutaba cómo observaba fascinado aquello que me hacía diferente.

—Cuando Jesse se dé cuenta, entenderá que las cosas habrían sido mucho más sencillas si no hubiera decidido jugar sucio. Entonces será él quien deba proponerlo... devolveré sus telas, que por alguna misteriosa tragedia logística terminaron aquí, y él me regresará mis bocetos.》

—Jesse estará aqui pronto.

—¿Y cuándo crees que venga?

Me recosté más sobre el camastro.

—Cuestión de tiempo. Hay personas incapaces de resistirse a una invitación... y Jesse es incapaz de resistirse a mí.

Sonreí.

—Y no lo culpo. Muchos morirían por estar conmigo.

—Si no los conociera, creería que son enemigos acérrimos.

Dejé mi copa a un lado.

—Somos mejores amigos, pero eso no quita que tengamos una sana competencia profesional.

—Por supuesto.

Continuó bebiendo su jugo.

Fruncí el ceño.

—¿Qué? Somos personas maduras. Ese tipo de interacciones se vive en todas las industrias.

Mical me miró unos segundos.

—Por supuesto.

Luego tomó asiento frente a mí.

—Aunque tengo una intriga... bueno, realmente estoy seguro de que todos la tenemos, Brooke.

Empecé a observar mis uñas y luego volví a mirarlo.

—¿Cuál es?

—Jesse y tú afirman ser mejores amigos desde la infancia, pero lo curioso es que nunca los hemos visto salir a algún lado juntos.

Bajé la mirada hacia mis uñas. Me detuve un momento y luego volví a mirarlo.

—¿Salir?

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Para qué haríamos algo tan extraño?

—Tal vez porque son amigos, ¿no? Eso hacen los amigos.

—No lo sé...

Recorrí lentamente el esmalte de mis uñas.

—Nunca lo habíamos pensado.

Levanté la mirada lentamente.

—Además, Jesse y yo trabajamos juntos, competimos juntos, discutimos juntos y arruinamos mutuamente nuestros días con bastante frecuencia.

Hice una pausa.

—¿Cuántas actividades más necesita nuestra amistad? Creo que son suficientes.

Volví a bajar la mirada hacia mis uñas.

—No veo por qué Jesse debería recibir beneficios adicionales.

Mical frunció ligeramente el ceño.

—Espera... ¿y cuando Jesse te llevó por helado después de aquella vez que los socios validaron sus ideas?

Lo miré unos segundos.

—Eso no cuenta.

—¿Por qué no?

—Porque me estaba presumiendo su victoria después de que eligieran su idea y no la mía. Siempre me invita a salir luego de vencerme.

Mical volvió a recostarse en el camastro.

—Eso es raro. Normalmente uno invita a una amiga o...

Me miró.

—Novia, a disfrutar de sus cosas favoritas porque es un acto bonito.

Mi rostro cambió inmediatamente.

—Que Jesse me invite a restaurantes, cafeterías o días de campo es solo una forma de humillarme, ¿entiendes?

Ardí en molestia.

—Él disfruta demasiado sus pequeñas victorias. Y encima utiliza mis cosas favoritas.

Hice una pausa.

—Es manipulación emocional premium.

Fruncí el ceño.

—Es un maldito narcisista.

Mical permaneció en silencio unos segundos.

—Espera... entonces Jesse gana, te presume que ganó llevándote a lugares que te gustan y pasa el resto del día contigo.

Lo observé fijamente.

—Sí.

Mical parpadeó lentamente.

–Voy a fingir que eso tuvo sentido.

—Pero sí lo tiene. Si yo no salgo con él estaría prácticamente renunciando a la competencia; sería como darle la razón.

Hice una pausa.

—Eso jamás pasaría. Yo siempre la tengo.

–Qué enfermos.

De pronto algo llamó mi atención a lo lejos.

Sonreí.

Ahí estaba.

De pie al otro lado del jardín. Inmóvil.




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