Los prejuicios de alta costura.

Cap 11: La cordialidad del desastre.

"Comedia no apta para personas de buenos principios... ni para personas que eviten los excesos."

La noche aún era joven y Jesse conducía a gran velocidad por las avenidas iluminadas de la ciudad.

Su destino era un megayate de lujo de cuatro pisos propiedad de Jet.

Anclado frente a la bahía, el monstruo flotante brillaba como una pequeña ciudad privada sobre el agua. La música resonaba sobre las olas, los reflectores barrían el cielo nocturno y decenas de embarcaciones menores rodeaban aquella mole flotante, digna de un magnate dueño de un emporio petrolero.

Alrededor se extendía un amplio perímetro de seguridad.

Hombres vestidos de negro vigilaban cada acceso con auriculares y gafas oscuras.

Jesse bajó del automóvil. Apenas cerró la puerta, dos hombres se acercaron rápidamente.

—¿Cuál es su nombre? —preguntó uno.

—¿Qué está haciendo aquí? —añadió el otro.

—Jet me invitó. Me llamo Jesse...

La actitud de ambos cambió de inmediato.

—Por supuesto, señor. Síganos.

Ni siquiera le permitieron terminar de decir su apellido.

Mientras caminaban hacia la entrada del megayate, uno de ellos sonrió.

—El jefe muere por verlo.

—Dice que usted es su hermano.

Jesse no supo cómo responder a eso.

Al subir a bordo, fue recibido por alcohol, humo, música ensordecedora y una multitud en la que parecía haber más mujeres que hombres.

La fiesta ocupaba cada rincón del yate.

Era un caos.

Había personas bailando sobre las mesas, otras vaciando botellas de dudoso origen y algunas tomando decisiones que seguramente lamentarían al amanecer.

Sin embargo, conforme avanzaban, algo llamó la atención de Jesse.

La música comenzaba a quedar atrás.

Seguía habiendo alcohol, apuestas y un desorden casi absurdo, pero el ambiente cambiaba poco a poco.

Tubos de baile, mesas de juego improvisadas y grupos apostando cantidades obscenas de dinero reemplazaban la pista principal. Camareros recorrían el lugar repartiendo bebidas sin descanso mientras varias mujeres bailaban bajo luces de colores.

Aquello ya no parecía una fiesta.

Parecía un enorme casino flotante con una preocupante falta de supervisión.

—Carajo...

Jesse estuvo a punto de ser embestido por un grupo de chicas en paños menores que corrían en medio de una acalorada discusión.

—¡Vamos, linda! ¡Haz la cuenta de tres! ¡Túmbala! -gritó un invitado desde una mesa cercana.

—¡Cincuenta mil a la rubia!

—¡Cien mil a la morena! -gritó un anciano, levantando la copa.

Jesse observó la escena apenas un segundo.

—No ha cambiado nada... Jet sigue siendo el mismo idiota.

—¡Hermano!

Una voz familiar resonó por encima del alboroto.

—¡Al fin nos volvemos a encontrar!

Jesse giró la cabeza.

Jet avanzaba hacia él con una enorme sonrisa, apartando invitados a su paso como si fuera dueño del mundo.

—Oye, te he mandado miles de mensajes. Jamás respondías.

Jet le pasó un brazo por los hombros.

—He regresado a la ciudad. Acompáñame, tenemos mucho de qué hablar.

Jesse observó alrededor.

—Veo que sigues amando las grandes fiestas.

Jet hizo una mueca de desaprobación.

—Esto no es una fiesta... es un convivio.

Luego levantó la voz.

—¡Pregunta importante!

Varias personas se giraron para verlo.

—¿Esto es una fiesta?

Durante un segundo hubo silencio.

Entonces buena parte de los invitados respondió al unísono:

—¡Convivio! ¡Convivio! ¡Convivio!

Jet sonrió con satisfacción.

—Las fiestas son vulgares. Aquí solo estamos fomentando sanamente la camaradería. Fortaleciendo lazos, construyendo amistades y promoviendo el bienestar social.

Jesse señaló discretamente al anciano que seguía repartiendo nalgadas entre consejo y consejo financiero.

—Claro. Eso explica perfectamente lo que está haciendo ese señor.

—Está socializando.

Jesse soltó una exhalación.

—He estado aquí menos de diez minutos y ya recuerdo por qué dejé de contestarte. No has madurado nada.

—Madurar nada tiene que ver con cambiar algunas costumbres Jesse.

—Nick insistía que habías porfin sentado cabeza.

Jet se llevó una mano al pecho como si acabara de recibir una ofensa imperdonable.

—No me juzgues tan rapido, si hubieras venido cuando estaba aqui Nick notarías que mis metodos para divertirnos... si han madurado.

Una sonrisa nostálgica apareció en su rostro.

—¿Recuerdas, Jesse? Todo lo que hacíamos, eramos el grupo de tres perfecto, teníamos en nuestras manos todo lo que jovenes universitarios desearían.

Jesse soltó una risa seca.

—No sabes cuánto me arrepiento de esa etapa de mi vida.

—Entiendo, Nick me advirtió que ahora pretendías ser un hombre serio e incomprendido. Vamos amigo, soy el único que no te juzga por ya sabes que.

—No se a que te refieres.

—Tu voyerismo.

—No otra vez con eso.

—Eso es normal Jesse, yo tambien suelo en mis tiempos libres observar a las mujeres, es por eso que congeniamos tambien.

—Voy ahorrarme la explicación de las razones, las cuales nada tienen que ver con las tuyas.

—Bueno, aun así sigo pensando que exageras al decir que odias esa etapa de nuestras vidas.

—Por seguir tu consejo, fui desheredaro, ahora tengo que competir por cosas que antes iban a ser mías.

Jet guardó silencio durante unos segundos.

—Son daños colaterales que al final valieron la pena... tienes a la chica, ahora estas casado con Laura.

Jesse lo miro.

—No estoy con ella, y se que no me obligaste a seguir tu consejo pero eso fue lo peor que le sucedio a mi vida.

—Lo siento, estabas muy enamorado, tenias que hacerlo Jesse, no me culpes por creer en que el amor triunfa.

—Supongo que gracias por tus disculpas, pero...

Jet le dio una palmada en el hombro.




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