Los prejuicios de alta costura.

Cap 12: Sofisticación del exceso.

"Comedia no apta para personas de buenos principios... ni para personas que eviten excesos."

—Maldito, ¿cómo se le ocurre arruinar mi noche? Estoy segura de que esta es su venganza por la sentencia del picnic. Es un mal perdedor... Tenía que ser Jesse.

Observé la avenida de un lado a otro.

Nada.

Solo una calle vacía y el eco de mis tacones.

El viento hacía volar mi cabello y la gabardina que había tomado a la primera.

《Lo asesinaré yo si alguien se atreve a tomarme una foto así. Lo asesinaré si termino siendo tendencia en malas modas por salir en estas fachas.》

Corrí hacia el primer callejón.

Eran las tres de la madrugada.

Ni un alma.

Odiaba admitirlo, pero, por primera vez en mucho tiempo, habría preferido encontrar a alguien... aunque ese alguien fuera Jesse.

—No entiendo qué pasa por la cabeza de este idiota. Él no toma decisiones estúpidas... Bueno, a veces sí, pero no de este tipo. Me está exponiendo y me está preocupando.

Miré a todos lados.

Esta avenida me estaba dando mala espina. Empezaba a tener un poco de miedo, pero no iba a irme. Sé que él haría lo mismo por mí. Ese estúpido jamás me dejaría tirada.

Además, encontrar hoy en día un rival como Jesse es difícil.

Es complicado encontrar a alguien que disfrute tanto competir como yo.

Nadie es como él. Nadie entiende lo sano de las competencias ni da lo mejor de sí... incluso sabiendo que perderá contra mí.

No entiendo cómo alguien que apenas puede caminar haya desaparecido así. ¿Dónde se metió?

Tampoco entiendo por qué terminó así. Nunca pierde la cordura de esta manera. ¿Qué habrá pasado por la mente de ese idiota?

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Unas horas antes...

Jet destapó la botella de absenta.

—Por los viejos tiempos.

Jesse observó el líquido verdoso con evidente desconfianza.

—Yo que tú no bebería eso —advirtió Genevi con tranquilidad.

Jet soltó una risa.

—No seas aguafiestas. Jesse y yo hicimos muchas locuras... y hoy no será la excepción. ¿Verdad, amigo? Además, Nick nos necesita.

Jesse cerró los ojos.

—Maldita sea la hora en que acepté la idea de la plaga roja. Dame esa copa.

Jet sonrió de inmediato.

—Esto tiene toda una preparación... pero eso es para la gente aburrida. Nosotros la beberemos en las rocas. Ya sabes, esto no pasa todos los días.

Jesse arqueó una ceja.

—Nunca he probado esa cosa.

—Entonces hoy es una excelente noche para empezar.

Genevi los observó en silencio.

—No quisiera ser el hígado de ustedes dos.

Jesse tomó valor, agarró la copa, bebió e hizo una mueca.

—Carajo... esto sabe horrible.

—Eso significa que es de buena calidad. Y todavía no llegas a la parte divertida —insistió Jet.

—¿Cuál es esa parte? —preguntó Jesse.

—La parte en que nos alcoholizamos. —Luego se levantó—. Chicas, vengan. La fiesta para nuestro invitado está a punto de empezar.

Varias mujeres se acercaron apenas oyeron a Jet. Todo parecía una invasión; el espacio personal desapareció.

Jesse desvió la mirada hacia Genevi, claramente incómodo.

—Oye... estás a punto de casarte. ¿No te parece un poco extraño todo esto?

Genevi lo observó con la misma tranquilidad de siempre.

—Nuestra relación no es nada tradicional.

Jet soltó una carcajada mientras varias mujeres prácticamente se le colgaban encima.

—Es abierta. Cada quien vive su vida como quiere.

Jet dio una palmada y levantó la voz.

—¡Oigan! ¡Traigan a los gladiadores!

Varios invitados soltaron gritos de emoción mientras comenzaban a formar un amplio círculo alrededor de la cubierta.

Jesse observó la escena, confundido. Una de las chicas que lo rodeaban aprovechó para acercarle otra copa de absenta.

—¿Vendrán a pelear mujeres o qué, Jet?

—Tranquilo. Eso será al final. Antes viene algo mucho mejor.

Dos personas de muy baja estatura aparecieron en el centro del círculo. Llevaban guantes de boxeo y trajes de chimpancé.

—¡Trescientos mil al de los guantes rojos! —gritó un invitado.

Jet levantó una mano.

—Hagámoslo más interesante.

En cuestión de segundos aparecieron otros quince pequeños boxeadores, todos vestidos de chimpancé y con guantes de distintos colores.

Jet sonrió.

—Gana el último chimpancé en pie.

El círculo estalló en gritos y apuestas.

Jesse parpadeó, completamente desconcertado.

—¿Qué demonios...?

Sin darse cuenta, aceptó otra copa que una de las mujeres puso en su mano.

Para cuando el primer puñetazo fue lanzado...

Jesse ya iba por la cuarta.

Los dieciocho gladiadores comenzaron a golpearse en un todos contra todos.

Los invitados estallaron en gritos y apuestas.

Jesse observó la escena unos segundos. Luego levantó la copa.

—Odio admitirlo... esto es increíble.

Genevi observó a Jesse en silencio.

Acababa de conocerlo...

Pero estaba bastante segura de que el hombre que tenía delante ya no era exactamente el mismo que había llegado hacía unos minutos.

Los gladiadores comenzaron a dispersarse.

El círculo de invitados se rompió y, en cuestión de segundos, toda la cubierta se convirtió en un enorme ring improvisado.

Algunos rodaban sobre las mesas.

Otros seguían peleando entre las sillas.

Los invitados gritaban, reían y apostaban cantidades cada vez más absurdas.

Jesse y Jet ya no sabían hacia dónde mirar.

Había acción por todas partes.

Y las copas seguían apareciendo.

Entre el espectáculo y las carcajadas, ninguno de los dos llevaba la cuenta de cuánto habían bebido.

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Las calles seguían vacías. Lo único que tenía de Jesse era el celular que aquel desconocido me había entregado después de encontrarlo. Era la única prueba de que realmente había estado allí... antes de desaparecer.




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