Episodio Número 4: El Taller Mecánico
Tres días después, Emilio, Sofy y su padre José decidieron empezar a prepararse para ir al taller en busca del motor y de gasolina para arreglar el auto y poder llegar a la base militar que está al sur.
—¿Ya tienen todo listo? —pregunta Emilio.
—Sí, creo que no nos falta nada —dice Sofy.
—Por cierto, papá, ¿cómo estás de la pierna?
—Nada de qué preocuparse. Mientras pueda mover mi pierna, estará todo bien —contesta José para calmarla.
—Entonces no perdamos más tiempo y vayamos de una vez.
Así, sin perder más tiempo, salieron directos al taller en busca de las piezas de reparación. Mientras avanzan, se detienen en ciertos puntos para que José descanse la pierna. En una de esas, logran ver cómo los aliens patrullan muy cerca del taller, haciendo ese ruido característico y aterrador de ellos: Glrrrkk…
—Esos bichos sí que dan miedo —le susurra Sofy a Emilio.
—Sí. Debemos tener cuidado con el que tiene luces, ya que si nos señala con ellas, todos los aliens vendrán a por nosotros. Además, desde acá veo cómo la puerta está con candado —explica Emilio.
—Entonces entremos por la ventana de allá —exclama José, señalando una ventana en un costado del taller.
—Muy buena idea, pero primero, para más comodidad, deberíamos deshacernos de esos aliens —dice Emilio mientras piensa cómo hacer que los aliens se vayan.
—Tengo una idea, podemos usar esto —Sofy saca su espejo de maquillaje—. Total, no creo usarlo por más tiempo —proclama mientras se prepara para tirarlo.
—Okey… a la cuenta de tres tirás el espejo y salimos corriendo hacia la ventana. Una… dos… y… ¡tres, ahora!
Sofy tira su espejo, el cual hace mucho ruido, atrayendo a los aliens hacia otro sitio más alejado, mientras los tres corren al mismo tiempo para poder entrar por la ventana. Ya dentro del taller, se ponen a buscar entre partes viejas de autos y también bidones de gasolina. Mientras tanto, Emilio entra por curiosidad al despacho del mecánico, encontrando documentos que, al leer más de cerca, se da cuenta de que hablan sobre los aliens.
—Oigan, vean esto.
—Son imágenes de esas cosas, pero algunos de estos papeles están rotos. ¿Por qué? ¿Será que querían que no salieran a la luz?
—Puede ser, pero… ¿cómo escondés todo ese montón de naves sin que nadie se entere? —se cuestiona Sofy.
—En realidad, un día antes de la invasión, un amigo me mostró durante clases un video de algo en el cielo. Al principio pensé que era IA… o que era falso, pero al día siguiente empezó todo esto y supe que lo que mi amigo me mostró no era falso…
—Mmm… pero ¿por qué en estos papeles ponen fechas de hace diez años?
—¿Qué?
—Sí, mirá: aquí pone una fecha muy atrasada —dice Sofy mientras señala la fecha. Emilio y José no lo pueden creer.
—Es verdad… —dice José sin poder creerlo.
—Ahora que lo pienso… el dueño de este taller, un año antes de que todo esto empezara, se puso como loco diciendo que veía cosas en el cielo y que hasta las filmó. Pero cuando quiso mostrar el video, su cámara se descompuso y no mostraba nada, así que todos pensaban que se había vuelto loco y ya nadie le creía.
—¿Y qué le pasó después?
—Sus hijos, Aron y Tomás, lo inscribieron en un loquero, pensando que su padre se había enloquecido por culpa de la edad. Así que, al parecer, no estaba tan loco como parecía.
—Pobre… lo que tuvo que pasar por eso —Sofy se siente mal por el señor.
—Era una idea muy loca antes, pensar que podría pasar todo esto. No había forma de que le creyeran que esto pasa…
—Glrrrkk… Glrrrkk… Reksss.
José es interrumpido por el ruido de un alien.
—¿De dónde vino eso? —exclama Sofy, asustada.
Cuando ven las escaleras al segundo piso, una sombra parecida a la de un alien se asoma.
—¡Agarren todo rápido! —los apura Emilio.
José y Sofy se apresuran a poner el motor y la gasolina en una carretilla con ruedas que había por ahí. Pero cuando intentan irse, se dan cuenta de que la llave para el candado de la puerta no está y que la carretilla y el motor no pasan por la ventana.
—¿¡Ahora qué hacemos!? —dice Sofy, preocupada.
—¡Ya sé! La llave del taller está en el piso de arriba, pero... ese alien nos matará si subimos.
—Pues entonces lo mataremos primero —dice José mientras agarra una llave inglesa y le da otra a Emilio.
—Okey. Sofy, quédate aquí. Si pasa algo, métete al despacho, debajo de la oficina.
—Por favor, papá… tené cuidado.
—Claro que lo tendré, corazón.
Y así, José y Emilio suben armados con llaves inglesas al segundo piso para encontrar la llave de la puerta del taller.
Editado: 21.12.2025