—Ya dos meses han pasado desde que inició todo. Aunque perdí muchas cosas, también entendí que si no te adaptás rápido y dejás el dolor de lado, te matarán antes de que te des cuenta—
Escribe Emilio en su cuaderno, el mismo que antes usaba para anotar sus apuntes en clases.
—Emilio, ¡vení, mirá! ¡Mi papá te quiere mostrar algo!
Proclama Sofy con entusiasmo.
—Ahí bajo, solo dejame terminar algo.
—Okey, ¡pero no tardes!
Mientras Sofy baja las escaleras, Emilio continúa escribiendo en su cuaderno.
—Pero también aprendí que, con las personas correctas, no tenés por qué hacer todo solo, y que no hace falta que sean demasiadas para formar una familia, ya que incluso si solo fueran tres personas que no se conocen y que por circunstancias de la vida cruzan caminos, también pueden formar una familia—
Emilio guarda su cuaderno y baja para ver qué es lo que José quería mostrarle. Al llegar al patio, nota que ambos están sonriendo de oreja a oreja junto al auto de José.
—¿Y qué me querías mostrar?
Pregunta Emilio con curiosidad.
—Vení y escuchá cómo suena esta máquina.
Dice José mientras se sube emocionado al auto.
—Vrooom… tskkssk… vroooooomm—
Emilio se sorprende al ver que José logró reparar el motor con casi ninguna herramienta.
—¡Wow! ¿Cómo hiciste para arreglarlo si casi no teníamos herramientas?
—Un buen mecánico no revela sus trucos.
Dice José guiñándole un ojo.
—Entonces… ¿nos vamos ahora?
Pregunta Emilio.
—¡Por supuesto! ¿O querés que esas cosas te maten?
—No, no… claro que no… solo tengo que guardar mis cosas. Ahora vuelvo.
—Bueno, pero no tardes, que esos bichos podrían escuchar el ruido del motor.
Dice José mientras apaga el auto.
En su habitación, Emilio guarda sus cosas en una mochila, priorizando lo más importante. Mientras acomoda todo, encuentra un álbum de fotos familiares dentro de un mueble.
—Dios… ya no me acordaba de este álbum. No lo abro desde ese día… bueno, solo le voy a echar un vistazo rápido.
Al abrirlo, ve fotos de sus padres recién casados, otra de él y su hermana comiendo helado, una más de un picnic en la plaza y, por último, una de su hermana graduándose de primaria.
—Esta foto fue tres días antes del accidente…
Dice Emilio, intentando no llorar.
7 de noviembre del 2050
Emilio estudia en su habitación mientras sus padres se preparan para salir a llevar a su hermana a la casa de una amiga. Su mamá sube para avisarle que ya se iban.
—Hijo, ahora en un momento nos vamos. Cuidá bien la casa.
—Bueno, mamá. ¿Cuándo vuelven?
—En media hora, cuando dejemos a tu hermana. Por favor, cuidate, cariño.
Dice su madre antes de irse.
Al rato, Emilio baja las escaleras, prende la televisión y ve en las noticias que ocurrió un choque cerca de la casa de la amiga de Emily. Aunque no quiere aceptarlo, se da cuenta de la cruda realidad: el auto chocado es el de sus padres.
—¿Por qué no me despedí mejor? ¿Por qué no fui con ellos? ¿Por qué soy el único que no tuvo que morir?
Dice Emilio mientras las lágrimas se le escapan.
—Porque tuviste suerte.
Dice Sofy al entrar en la habitación.
—Pero si la vida te dio esta oportunidad, deberías aprovecharla y no lamentarte por lo que no hiciste, sino aprender para seguir sobreviviendo, porque así funciona la vida.
—Sofy… gracias… te lo agradezco mucho.
Dice Emilio mientras se limpia las lágrimas.
—De nada. Ahora vamos, guardá tus cosas rápido, que nos tenemos que ir.
Lo apura Sofy.
—¿Todo listo?
Pregunta José mientras enciende el motor.
—Sí, creo que no nos falta nada.
—¡Entonces vamos de una vez!
Exclama Sofy mientras el auto arranca y los tres se van de ese pueblo donde Emilio creció y donde, en los últimos meses, la vida se volvió una pesadilla.
Durante el viaje nocturno, notan una casa de dos pisos de la que sale una luz por las ventanas. Deciden parar para investigar si hay combustible y recursos. Al entrar, descubren que no hay nadie, pero sí una puerta al sótano con un candado y cadenas.
—¿Qué habrá adentro para que lo guarden así?
Pregunta Emilio.
—Tal vez tengamos que ver arriba. Puede que haya algo.
Dice Sofy señalando una escalera al segundo piso.
Al subir, encuentran tres puertas, cada una con un cartel distinto y un letrero central que dice:
El que ose pasar por estas puertas al rey en persona verá y con su poder le ayudará, y al aceptar su trato de forma permanente será.
Deciden dividirse.
José va hacia la puerta de la izquierda, cuyo cartel dice:
Venera al Rey, y curara tu incomodidad de manera momental acepta su trato y te ayudara de forma eterna
—Voy a ir por esta puerta… ¿pero a qué se referirán estos mensajes?
—Papá, por favor, ve con cuidado.
—Descuida, cariño. Volveré sano y salvo.
Dice mientras la abraza y se despide de Emilio.
—Adiós, chico. Cuidate.
Menciona José mientras entra y cierra la puerta.
Sofy va hacia la de la derecha, que dice:
Venera al Rey, y te lo devolverá de manera momental eso que aprecias acepta su trato y te lo devolverá de forma eterna
—Adiós, Emilio. Yo iré por esta puerta. Vos andá por la del medio. Nos veremos pronto.
—Okey, Sofy. Cuidate.
Emilio se dirige a la última puerta. El cartel dice:
Venera al Rey, y lo corregirá de forma momental acepta su trato y lo cambiara de forma eterna
—Bueno… no queda otra que entrar, así que aquí voy.
Dice mientras abre la puerta.
Dentro no hay nada. Cree que es una broma e intenta salir, pero no encuentra el picaporte. Comienza a sentir una presencia, algo no humano. De repente, escucha una voz en su cabeza y una figura gigantesca aparece ante él. Reconoce la voz: es igual a la de los aliens.
Editado: 21.12.2025