Los Que Nos Miran

Episodio Número 7: El Trato

—Como tuviste el valor de entrar, pequeño ser viviente, tendrás que mostrarme benevolencia ante mí y corregiré eso que te atormenta desde hace mucho, pero solo de forma momentánea… o aceptando uno de mis tratos…

—¿Tratos? —pregunta Emilio—. Y además… ¿cómo puedes cambiar algo? ¿Acaso tienes poderes mágicos?

—Soy un ser que rompe las leyes universales. La forma que presencias ahora es solo tu mente intentando comprenderme, ya que tu cerebro no puede percibir algo que no entiende. Y no… no son poderes mágicos, sino habilidades sobrenaturales y extraordinarias que me permiten alterar la realidad.

—¿Será que lo que estoy viendo es una alucinación? ¿O será que es real? —se pregunta a sí mismo.

—Soy tan real como un diluvio o un desastre. Real como la vida que existe en este planeta. Soy una entidad cósmica que existe desde hace milenios, incluso antes de la creación de este universo.

—¿¡Puedes leer mi mente!?

—Estamos en mi reino espiritual, claro que puedo escuchar tus pensamientos. Pero basta ya de charla… dime, pequeño humano, ¿quieres que cambie algo de tu pasado?

—Pero… ¿cómo sé que no me harás nada después de hacer el trato?

—No me serviría de nada. ¿De qué me serviría alterar la realidad para luego matarte? Sería completamente innecesario. Así que, para que confíes en mí, te mostraré algo.

—¿Qué me vas a mos—?

Sin dejarlo terminar, el Rey usa sus poderes para llevarlo a él y a Emilio hacia el pasado, a la fecha de la muerte de sus padres:
7 de noviembre del 2050.

—¿Dónde estoy?

—Hijo, ahora en un momento nos vamos. Cuida bien la casa.

—¿Mamá… eres tú? —dice con la voz quebrada—. Mamá… ¿de verdad… eres tú?

—Sí, hijo, soy yo. ¿Por qué pensaste que era otra persona? Bueno, ya nos vamos con tu padre a llevar a tu hermana y ahora volvemo—

—¡NO!

—¿Qué?

—¡Por favor, por lo que más quieras, no vayan ahora! ¡Te lo ruego!

—Pero, hijo… ¿por qué? ¡Por favor, cálmate!

—¡Solo me calmaré si me prometes que no irán, que se quedarán!

—Okey… okey, no nos vamos a ningún lado, cariño. Pero por favor, cálma—

—Gracias… pero por favor no salgan ni a la calle. Por favor… solo no quiero que se vayan… Mamá… ¿estás bien?

—No te escucha. En este momento estamos en el lugar preciso, antes de que tus padres y tu hermana murieran por ese accidente de auto. Ahora mismo traje mi mundo espiritual al mundo real, deteniendo el tiempo. Por ende, nadie nos escucha, nadie nos puede ver ni tampoco moverse.

Dice el Rey mientras le explica a Emilio.

—Si quieres poder quedarte aquí, debes cumplir con mi trato…

—¿¡Qué es lo que debo hacer!?

—El precio será caro… Debe ser algo que aprecies demasiado, porque cambiar este evento en tu vida es algo enorme. Debes darme algo a cambio de la misma importancia. ¿Se te ocurre algo así de importante?

—No se me ocurre nada… ¿qué podría ser?

—Aunque pienses que no tienes nada que perder, todavía hay muchas cosas que te importan. Pero te advierto que, una vez hecho el trato, no se podrá deshacer y no te devolveré lo que me hayas dado.

—¿Y qué podrías quitar que sea de esa magnitud?

—Hay varias cosas, pero solo tres que me interesan.

—¿C-cuáles…? —pregunta con un poco de miedo ante lo que pueda responder el Rey.

—Solo me gustaría una de tres cosas: tu conciencia. Al morir, no viajará por este planeta, sino que vendrá directamente a mi mundo, donde podré devorarla y hacerla parte de mí. Ya que, sí, no soy un solo ser, sino la combinación de montones de seres que me han visitado, formando una sola mente. Dentro de ella, cada conciencia opina y debate con las demás para llegar a una sola opinión… pero el que tiene la última palabra soy yo.

—La segunda cosa que puedes darme es parte de tu persona. Esto abarca lo que conoces como tu sensibilidad, tu amabilidad, tus recuerdos… todo lo que te forma. Me encanta destrozar a la gente, más aún si son ellos mismos quienes aceptan hacerlo.

—Y por último, algo que también me interesa: lo que te termina de hacer humano. Aquello que no te permite hacer ciertas cosas por moral. Sería como arrancarte tu parte humana y dejar una carcasa vacía que solo se mueve por instinto.

—Así que… dime, humano… ¿estás dispuesto a perder algo que forma parte de ti para cambiar tu trágico pasado?

—Yo… yo…

Dice con dudas, sin saber qué responder, por miedo a elegir mal.



#1545 en Fantasía
#677 en Thriller
#313 en Misterio

En el texto hay: misterio, drama, ficcion

Editado: 21.12.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.