Los secretos de Fos

Hades LXXII

Como dije antes, los seres mágicos raramente se desmayan ni cuando su compañera humana lo hace, solo quedan flotando en el limbo, si poder hacer mucho pero el hecho de que yo también me haya quedado en blanco ahora significa que, sea lo que sea que nos haya dejado fuera de combate, tiene el poder para dejar inconsciente a un ser mágico ¡Imposible, si me lo preguntan! ¡Y más si soy yo!

Aunque ya había pasado antes en el palacio.

Me desperté antes que Ceres, y nos encontrábamos, como esperaba, en la biblioteca.

Ella estaba sentada en el suelo, amarrada a uno de los pilares que sostenía el techo.

El lugar estaba sin mesas, todas hechas a un lado y las computadoras ni estaban. Por otro lado había una especie de altar con imágenes de mujeres hermosas pero lo mejor era el mural que estaba pintado sobre una hoja de papel enorme.

No tenía una forma clara, era algo así como un ser tentacular con muchas patas de lo que parecían caballos o quizá de cabra con un rostro de cabra pero de cuernos pequeños, lo que significaba que era una hembra. Recuerdo haber visto una imagen similar sobre un demonio pero no lo recordaba.

No estábamos solos. No solo pude a Dafne y a su hermano, sí que había otra figura más.

Entonces note que Ceres también despertó.

Que yo me hubiera despertado significaba que ella no tardaba en hacerlo.

— ¿E-estás bien?— Preguntó Dafne acercándose a ella, lista para tocar su rostro a lo que Ceres solo trato de retroceder sin éxito, mirando a todos lados y notando así a los hermanos— L-lo siento, lo siento, todo terminara pronto.

— ¡¿Lo siento?! ¡¿Qué diablos está pasando?! ¡¿Qué… hacen?! ¿D-dónde estamos?— Pregunto removiéndose, tratando de soltarse y entonces abrió mucho los ojos, mirando a todos lados— ¡¿Hades?!

—Tranquila, estoy aquí— Dije, apareciendo y mirando a los susodichos con una mueca molesta.

—Voy a soltarme…— Dijo Ceres, lista para activar mi poder.

—No deberías hacerlo— La voz no era de los hermanos, si no del otro tipo quien entonces salió de entre las sombras. Yo lo podía ver claramente pero para Ceres sería la primera vez.

Es un hombre musculado alto, sin cabello, de tez olivácea con unos labios delgados, nariz respingada y unos ojos de color rojo sangre. Tenía la marca de una mano en la mejilla que parecía haberse marcado a fuego. Su oreja derecha tenía un pendiente rojo.

— ¿Y tú quién eres?— Preguntó Ceres, llamándome mentalmente mientras fruncía el ceño.

—Mi nombre es Nick Vanheim pero puedes llamarme Anular— Dijo el hombre encogiéndose de hombros y acercándose a nosotros— La realidad es que mi último deseo era venir aquí pero ella me llamo, me dijo que encontró algo interesante y por lo que dicen mis hermanos, debes ser tú.

Cuando dijo hermanos, señalo a los Rinaldi.

Por otro lado ¿Ella? Claro, la cabra hembra de la pared.

— ¿Hermanos? No te pareces en nada a ellos— Ceres les apunto y yo solo pude mirarlo con una mueca incrédula.

Anular también se mostró incrédulo por alguna razón— Cuando digo hermano, me refiero a miembros de este grupo, nos llamamos hermanos, eso es todo, como sea, la verdad es que una parte de mi duda que tú seas a quien buscamos…

Su mirada se dirigió a los hermanos quienes retrocedieron aterrados.

—Sí, exacto, no soy yo así que suéltame y olvidare esto— Dijo Ceres convencida.

—Estoy casi seguro que es ella, desde que entro ha destacado mucho, ha enfrentado a uno de los cuatro desastres naturales y se topó con un monstruo que hablaba… Es de menos especial, además, estoy seguro de que fue la presencia que nuestra señora sintió aquella vez— Explico Eneas, manteniendo la vista baja.

— ¿Hablan de…?— Entonces finalmente lo capto, esa es mi señora, solo un pelín lenta.

Anular volvió la vista a Ceres y acerco la mano para tocarla pero esta se desato con mi ayuda y giro en el suelo para apartarse y luego mirar a los hermanos con una mueca consternada, traicionada.

— ¿Qué está pasando? ¿Ustedes me trajeron aquí? ¿Por qué?— Ceres miraba a los tres, aunque principalmente a Dafne quien mantuvo la vista abajo, aunque de vez en cuando sus ojos se levantaban para volver a bajarlos.

—Nosotros…— Eneas tampoco parecía del todo listo para mirarla a los ojos.

—Ah, ya veo, son amigos ¿No?— Anular se puso de pie y miro a Ceres— Pues tus amigos estaban dispuestos a entregarte a nuestra señora con tal de que esta cumpla sus sueños egoístas.

— ¿Entregarme? ¿Sus sueños? Eso…— Entonces se quedó callada, esperando que haya recordado lo que paso antes de que termináramos inconscientes— ¿Es… en serio, Dafne? ¡Deben estar bromeando! ¿Entregarme a quién? Es una especie de secuestro ¿Quieren dinero? ¡Es una locura lo que me están diciendo! ¡Con esto ella no te amara!

—No tienes idea de lo que hemos visto… Te aseguro que ella podría— Aseguro Eneas, apretando los labios— Ella puede hacer lo que quiera con nosotros.

— ¿Ella? ¿Y quién es ella?— Ceres miro hacia el mural— ¿Esa cosa? ¿Fue la voz que escuche esa vez? No parece una “ella”, parece que lo hicieron niños de preescolar, no tiene forma y…



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En el texto hay: escolar, magia, animalesfantasticos

Editado: 07.06.2026

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